Mientras el mundo afronta un auge de los movimientos nacionalistas y antiglobalización, los participantes en el Foro Económico Mundial de Davos consideraron esta semana un remedio «nuevo» y «antiguo»: la redistribución de la riqueza. Sin embargo, parecían divididos respecto al modelo —voluntario o mediante impuestos— y sobre si no sería mejor una receta más conocida: hacer que el pastel sea más grande, en lugar de dar a otros una porción mayor. ¿Han captado el mensaje los líderes de Davos?
El voto a favor del Brexit, la elección de Donald Trump y el auge de los sentimientos nacionalistas desde China hasta Rusia hicieron que la desigualdad de ingresos ocupara un lugar más destacado de lo habitual en la agenda de «Davos». Si alguien aún necesitaba que le recordaran las causas del descontento público, Winnie Byanyima, de Oxfam International, lanzó un llamamiento a favor de una mayor igualdad. «Ocho hombres poseen la misma riqueza que 3.600 millones de las personas más pobres del mundo», escribió en Agenda. «Debemos reequilibrar esta economía injusta».

Muchos participantes hicieron eco de su mensaje. En una cena celebrada el martes, el académico de Oxford y escritor Ian Goldin reiteró una conclusión a la que llegó en su libro, La era de los descubrimientos. Según la paráfrasis del FT, «las personas y las sociedades deben ser inteligentes y estar bien organizadas para convertirse en “ganadoras” de un nuevo renacimiento». «Deberían crear redes de protección social para quienes han quedado desposeídos». En otras palabras: los ricos deberían compartir más con el resto de la sociedad.
Si el martes el mensaje seguía siendo bastante velado, el miércoles se expresó abiertamente. En una sesión cuyo título era muy apropiado, «Acorralados y enfadados: cómo resolver la crisis de la clase media», Christine Lagarde, directora del Fondo Monetario Internacional, pidió explícitamente una redistribución. «Es un momento oportuno para aplicar las políticas que sabemos que ayudan», afirmó. «Cuando hay una crisis real, ¿qué tipo de medidas tomamos para reducir la desigualdad? Probablemente implique una mayor redistribución».
Richard Baldwin, profesor de economía internacional en el Instituto Universitario de Estudios Internacionales y de Desarrollo de Ginebra, coincidió con sus análisis. En una entrevista con Bloomberg en Davos, dijo que «quizá simplemente haya que armarse de valor. Tenemos que pagar por la cohesión social que necesitamos para que nuestras sociedades sigan avanzando y aceptar que esto podría suponer una carga fiscal mayor para la población».
En su último discurso como vicepresidente de Estados Unidos, Joe Biden dejó claro que también era un firme partidario de aumentar los impuestos para financiar la mejora del nivel de vida de la clase media. «Nuestro objetivo debería ser un mundo en el que el nivel de vida de todos pueda mejorar a la vez», dijo, y añadió que era urgente tomar medidas «de sentido común», como «implantar un sistema tributario progresivo y equitativo en el que todos paguen la parte que les corresponde».
Algunos participantes fueron aún más lejos y respaldaron el llamamiento de Scott Santens a que «todos deberíamos tener una renta básica». En particular, Marc Benioff, miembro del Consejo de Administración de la Fundación del Foro Económico Mundial, opinó en Fortune que «debemos considerar la renta básica universal, mediante la cual los gobiernos proporcionarían a los ciudadanos ingresos adicionales a lo que ya ganan en sus empleos». Guy Standing, profesor investigador de Estudios del Desarrollo, hizo un llamamiento parecido durante su sesión.
Pero no todos estaban de acuerdo en que esas soluciones «radicales» debieran estar impulsadas por los gobiernos. En una sesión sobre responsabilidad social corporativa celebrada el jueves, Hamdi Ulukaya, fundador de Chobani, instó a los empleadores a tomar más medidas voluntarias. Él predica con el ejemplo: hace cinco años puso en marcha un programa de reparto de beneficios en Chobani. «Dimos a todos los empleados a tiempo completo la oportunidad de participar en nuestro crecimiento», dijo esta semana. «Remunerar justamente a nuestros trabajadores no solo era lo correcto; nuestros resultados demuestran que también ha sido una decisión acertada desde el punto de vista económico».
Pero por cada partidario de la redistribución y de la acción empresarial, parecía haber otro que defendía el «laissez-faire» del gobierno y prefería una receta favorable al crecimiento para remediar los males de una clase media en dificultades. «Davos haría mejor en pensar en el crecimiento, en lugar de la redistribución», dijo Ken Moelis, fundador y director ejecutivo de Moelis & Co., a The Wall Street Journal y su periodista Matt Murray.
Ray Dalio, fundador de la firma de inversión estadounidense Bridgewater Associates, sugirió que la clave para revitalizar la clase media era «crear un entorno favorable para ganar dinero», según informó The New York Times reportó. En particular, elogió los «espíritus animales» que se liberan al eliminar las regulaciones.
Esto abrió la puerta a un «plan económico de dos vías», que, según el ministro de Finanzas de Ruanda, Claver Gatete, había dado mejores resultados en su país: una vía para promover el crecimiento y otra para erradicar la pobreza y fortalecer la clase media. Pero, ante el rápido aumento de la desigualdad, la recomendación del propio Foro Económico Mundial era clara: «Dejar de centrarse únicamente en la creación de riqueza y avanzar hacia una combinación de otros objetivos que genere un desarrollo más inclusivo».
Christine Lagarde hizo todo lo posible por subrayar ese mensaje. En el panel de cierre de Martin Wolf sobre las perspectivas económicas mundiales, recordó a los participantes que «el crecimiento no será sostenible si no es inclusivo». Así lo había anticipado al advertir: «Si los responsables de formular políticas no lo entienden ahora, no sé cuándo lo harán».



