Escuchar las ideas de los empleados podría resolver la desaceleración de la productividad del Reino Unido

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Researchers have found that UK productivity levels were lower than fellow G7 countries Germany, France, Italy and the US.Image: REUTERS/Catherine Benson
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Trabajemos o no, la productividad del país –es decir, la cantidad total de producción obtenida por unidad de insumo– nos afecta a todos. Es el principal factor determinante del nivel de vida. Una mayor productividad hace que los empleadores sean más competitivos, sienta las bases para los aumentos salariales e incrementa los ingresos fiscales del Gobierno, por lo que todos salen beneficiados. Sin embargo, lo contrario también es cierto: una productividad baja, que Frances O’Grady, secretaria general del Congreso de Sindicatos, compara con una «herida autoinfligida».

Para conocer la situación actual de la productividad del Reino Unido, hemos completado recientemente una encuesta nacional sobre competencias y empleo. Este estudio (que se realiza cada cinco años) recopila datos sobre lo que hace la gente, cómo trabaja y las competencias que utiliza. Hablamos con 3.300 empleados de todo el Reino Unido, de entre 20 y 65 años, que trabajan en diversos sectores, para conocer su opinión sobre sus condiciones de trabajo.

Los enigmas de la productividad

El Reino Unido presenta una brecha de productividad laboral de larga data con respecto a sus competidores internacionales, incluidos los de las siete economías avanzadas más grandes (G7). Antes de 2008, el Reino Unido había alcanzado a Alemania en producción por trabajador y se había adelantado a Francia. Sin embargo, esto se debía a que los empleados británicos pasaban más tiempo en el trabajo. Medido en producción por hora, los niveles de productividad del Reino Unido eran inferiores a los de sus homólogos del G7 Alemania, Francia, Italia y Estados Unidos.

Desde la recesión de 2008-2009, la situación ha empeorado: los trabajadores de Francia, Alemania y Estados Unidos producen de media en cuatro días lo mismo que los trabajadores del Reino Unido en cinco. La Confederación de la Industria Británica calcula ahora que, si el Reino Unido tuviera la misma distribución de productividad que Alemania, esto añadiría más de 100.000 millones de libras a lo que produce el Reino Unido al año; esto equivale a 1.500 libras adicionales por persona.

Para empeorar las cosas, desde la recesión la productividad se ha estancado y no ha logrado recuperar su tasa de crecimiento previa a la recesión. Este declive sin precedentes e inexplicado, conocido como «enigma de la productividad», es propio del Reino Unido.

Los economistas no pueden explicar del todo lo ocurrido. No se debe a que los trabajadores británicos sean perezosos. Al contrario, Gran Bretaña se sitúa entre los primeros puestos de la clasificación europea según varias medidas de intensidad laboral. De hecho, si el esfuerzo fuera lo único que importara, cabría esperar que la productividad estuviera en auge, y no estancada.

Existen otros factores más plausibles que explican la desaceleración. La decisión de los responsables políticos de mantener los tipos de interés excepcionalmente bajos durante tanto tiempo ha dado lugar a la hipótesis de que el efecto depurador de la recesión pudo haberse atenuado, manteniendo en activo a muchos empleadores que, de otro modo, serían improductivos.

Las decisiones en el lugar de trabajo también han sido citadas como explicación de las bajas tasas de productividad. Los empleadores han sido más reacios a despedir personal, acaparando mano de obra durante más tiempo, aunque la producción cayó bruscamente durante la recesión. La ratio capital-trabajo ha disminuido, en un proceso conocido como «escasa profundización del capital», lo que deja a los trabajadores con herramientas y equipos de peor calidad, lo que presiona a la baja la productividad.

Aun así, incluso con estas hipótesis, nadie tiene certeza de por qué la productividad no se ha recuperado ni de qué podría mejorar las cosas. Sin embargo, nuestra investigación ha demostrado que aprovechar el conocimiento de los empleados sobre lo que mejor funciona puede ser una forma de revertir la situación.

Trabajar de forma más inteligente

Las empresas del 25 % con mayor productividad del Reino Unido son hasta cinco veces más productivas que las del 25 % inferior. Una explicación plausible de ello es que algunas empresas adoptan con mayor rapidez tecnologías ya disponibles y mejores prácticas de gestión, como una mayor participación de los empleados.

Image: Datos de la ONS

La participación de los empleados en las decisiones laborales, incluida la forma de mejorar la productividad, está bien asentada en la Europa continental. Al analizar nuestra encuesta, comprobamos que casi una quinta parte de los empleados del Reino Unido era capaz de identificar cambios que, si se implementaran, los harían mucho más productivos. Mientras tanto, uno de cada ocho ha hecho sugerencias en el trabajo que contribuyeron enormemente a que la empresa fuera más eficiente.

Proporciones similares de los encuestados también afirmaron que los empleados de sus empresas tuvieron una gran influencia en la mejora de los procesos, productos o servicios de trabajo a través de grupos de resolución de problemas (16 %) y en reuniones de consulta con la dirección (13 %). Siete de cada diez también afirmaron haber tomado la iniciativa de realizar dichas mejoras en más de una ocasión. Esto sugiere no una escasez de competencias, sino más bien una reserva de potencial sin aprovechar.

A pesar de los beneficios de una mayor participación de los empleados para mejorar la productividad, esta se ha vuelto menos frecuente en los centros de trabajo británicos durante la última década. El Gobierno se ha comprometido actualmente a impulsar la productividad a través de su Estrategia Industrial, presentada en noviembre de 2017. Este plan incluye inversiones en grandes proyectos de infraestructura, como HS2 y mejoras en la red viaria, así como en reducir las disparidades regionales en el rendimiento de la productividad. Pero nuestra investigación muestra que los impulsos a la productividad pueden venir de más cerca, simplemente escuchando y actuando sobre las ideas de los trabajadores para trabajar de forma más inteligente.

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