Liberar el valor atrapado es clave para triunfar en el mundo digital

Men speak from balconies at Barceloneta neighborhood in Barcelona, Spain, August 18, 2015. Barcelona's new mayor is picking a fight with home rental websites as she tries to crack down on uncontrolled tourism that she fears could drive out poor residents and spoil the Catalan capital's charm. Picture taken on August 18, 2015. REUTERS/Albert Gea - GF10000182213
Between 2010 and 2016, Airbnb released $20 billion in revenue for its hosts.Image: REUTERS/Albert Gea
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Las oportunidades de negocio son cada vez más abundantes, a medida que siguen desplomándose los precios de las tecnologías avanzadas —desde las impresoras 3D hasta las baterías para vehículos eléctricos y los drones comerciales— y de servicios digitales esenciales, como la nube y el ancho de banda global.

Aunque muchas empresas están viendo estas oportunidades, la mayoría no logra aprovecharlas con la suficiente rapidez.

Hay dos razones principales. En primer lugar, algunas no consiguen convertir sus inversiones en tecnologías digitales en algo más que mejoras de eficiencia. No aprovechan las capacidades digitales para crear nuevos modelos de negocio y aumentar los ingresos.

En segundo lugar, algunas se ven obstaculizadas por infraestructuras heredadas que absorben inversiones de capital y tiempo, a costa de impedirles avanzar con la rapidez necesaria para aprovechar nuevas oportunidades.

Por ejemplo, las empresas tradicionales de comunicaciones poseen activos y redes heredados, además de grandes equipos que respaldan sus negocios tradicionales de telefonía. Es difícil prescindir de estas infraestructuras y capacidades heredadas, ya que todavía generan una gran parte de los ingresos actuales y sustituirlas por tecnologías y competencias más modernas resulta costoso. Lo mismo puede decirse del sector de los servicios públicos, que lleva mucho más tiempo afrontando un desafío similar.

Como resultado, queda atrapado un valor considerable:

En la empresa, existe valor atrapado cuando se vislumbra una oportunidad económica, pero la entidad está limitada por una dependencia excesiva de los modelos y capacidades empresariales tradicionales.

La idea de los «modelos empresariales tradicionales» también puede aplicarse a las instituciones públicas, donde quizá se necesite una transformación para reducir la rigidez que frena el progreso y, por consiguiente, la innovación.

El Ministerio de Educación de Singapur está llevando a cabo una importante transformación al replantearse cómo se mide el éxito: en su sistema educativo, se centra en las habilidades interpersonales en lugar de las calificaciones y elimina por completo los exámenes en los primeros años. La visión es desarrollar una cultura de aprendizaje personal continuo que libere el valor de una futura fuerza laboral más pertinente. Esta iniciativa en curso incluye otros programas, como la iniciativa Skills Future, dirigida a los adultos que trabajan.

En cualquier sector, existe valor atrapado cuando las empresas no logran unirse para hacer crecer el mercado, impulsar nuevas innovaciones o acelerar las mejoras de infraestructura de modo que más personas puedan beneficiarse.

También existe valor atrapado en los mercados de consumo, cuando el consumidor soporta una carga de costes (por ejemplo, el coste de las llamadas internacionales) o existe un excedente de consumo latente (por ejemplo, al monetizar activos de propiedad personal).

Image: Accenture

Liberar el valor para el consumidor

Pensemos en Airbnb: esta joven empresa logró liberar valor para el consumidor cuando tuvo la idea de que existía una demanda latente de alojamientos más económicos y cómodos, y que otros consumidores poseían una enorme oferta sin explotar de este tipo de alojamientos cuyos activos estarían dispuestos a monetizar.

Al ofrecer un mercado en línea para que las personas alquilen sus propiedades o habitaciones libres a huéspedes, se estima que la empresa captó 2.500 millones de dólares en ingresos entre 2010 y 2016. Más interesante aún, se calcula que liberó un valor ocho veces mayor —unos 20.000 millones de dólares— en ingresos para los anfitriones.

Ahí reside el nuevo paradigma de creación de valor en la economía digital. Para liberar el valor atrapado, puede que las empresas y otras entidades tengan que replantearse por completo la idea de creación de valor e innovar para crear más valor para los demás del que pueden captar para sí mismas.

En lugar de competir entre sí como empresas individuales, quizá las empresas deban plantearse participar en ecosistemas más amplios, borrando las fronteras rígidas entre empresas, sectores y consumidores, mientras todos aprenden a colaborar para liberar el valor atrapado.

Al redefinir las reglas de participación e innovar con la tecnología, también tenemos la oportunidad de liberar el valor atrapado para servir a un propósito mayor: resolver problemas que importan a la sociedad en su conjunto.

Escasez e inestabilidad de los recursos

Algunos de los problemas acuciantes actuales, como la falta de acceso al agua potable, la electricidad o internet en algunas partes del mundo, pueden atribuirse a limitaciones en la asignación de recursos y la financiación de infraestructuras. Según el World Resources Institute, más de mil millones de personas en todo el mundo carecen de acceso a la electricidad, y millones más reciben un suministro deficiente e insuficiente.

Para los consumidores, los servicios eléctricos poco fiables pueden exigir inversiones en costosos sistemas de respaldo, como generadores diésel. Para las empresas, los frecuentes cortes de electricidad y las fluctuaciones de tensión pueden perjudicar la productividad, dañar los equipos y afectar a la calidad de los productos.

Empresas como Tesla están abordando esta situación. Trabaja con la empresa francesa de energías renovables Neoen y el gobierno local de Australia Meridional para construir e instalar la mayor planta de baterías de iones de litio del mundo, liberando valor para la sociedad en forma de acceso fiable a la electricidad.

La batería de 129 megavatios hora (MWh) está conectada a un parque eólico gestionado por Neoen, y la planta se utiliza para proporcionar energía fiable, tan necesaria en una zona habitada por 1,7 millones de personas donde los cortes y la escasez de electricidad eran habituales.

Presiones demográficas

Los cambios demográficos en todo el mundo están impulsando grandes problemas sociales, como el inminente desafío de la atención a las personas mayores.

Se prevé que el número de personas de 60 años o más en todo el mundo alcance los 1.400 millones en 2030. En Singapur, el 27 % de la población tendrá más de 65 años en 2030 (una proporción similar a la de Japón hoy), mientras que la proporción de jóvenes caerá al 10,8 %. Se calcula que el coste económico de tratar afecciones relacionadas con la edad, como la demencia, asciende a 1.400 millones de dólares cada año, y que tres cuartas partes de esa cifra corresponden a la atención social.

Para hacer frente a esta situación, algunas empresas están invirtiendo en innovaciones tecnológicas para el cuidado, como el uso de herramientas de alta tecnología —por ejemplo, robots humanoides y realidad virtual— para transformar la vida de la población envejecida.

Por ejemplo, en Japón, donde la visión es transformar la atención social del país para 2020, robots humanoides para el cuidado están asumiendo las funciones de animadores, asistentes médicos y auxiliares de enfermería en residencias para personas mayores. Entretener a los residentes y fomentar la interacción social mediante sesiones diarias de música, ejercicio y juegos ayuda a que salgan de su aislamiento y, en el proceso, libera el valor social atrapado.

Desequilibrios endémicos de recursos

El mundo también sufre un desequilibrio crónico entre la oferta, la demanda y el consumo de alimentos.

Se calcula que cada año se pierde o desperdicia en todo el mundo el 30 % de los alimentos producidos —1.300 millones de toneladas— y que cerca del 30 % de las tierras agrícolas del mundo se utiliza para producir alimentos que no se llegarán a consumir. Al mismo tiempo, 842 millones de personas en todo el mundo padecen desnutrición crónica, mientras que casi 2.000 millones sufren carencias de micronutrientes: una falta de vitaminas y minerales esenciales que el organismo necesita en pequeñas cantidades para crecer y desarrollarse adecuadamente.

Francia está cambiando las reglas para abordar este problema y se ha convertido en el primer país del mundo en prohibir que los supermercados tiren o destruyan alimentos no vendidos, obligándolos en cambio a donarlos a organizaciones benéficas y bancos de alimentos.

Desequilibrios económicos

Otro desequilibrio que ofrece una oportunidad para liberar valor atrapado es la discrepancia entre la disponibilidad y el uso de los activos. Además de Airbnb, el servicio de viajes compartidos Grab está aprovechando este desequilibrio al atender la demanda latente de los consumidores de formas más cómodas de desplazarse por la zona y utilizar el amplio conjunto de vehículos privados infrautilizados y taxis vacíos.

A finales de octubre de 2017, la empresa había completado mil millones de viajes en el sudeste asiático y acumulado más de 72 millones de descargas de su aplicación para consumidores. Se calcula que, en el proceso, Grab genera unos ingresos netos mensuales de alrededor de 2.200 dólares por conductor, para un conjunto de más de 2,1 millones de conductores.

Esto concuerda con el patrón económico que observamos en Airbnb. Los dos ejemplos muestran que, para triunfar en la economía digital, las empresas deben encontrar y liberar primero oportunidades de valor para los demás.

Mientras las empresas se apresuran a buscar la próxima gran novedad de la era digital, les convendría identificar el valor que permanece atrapado en forma de activos infrautilizados y los desequilibrios entre la oferta y la demanda, y utilizar la innovación como vía para liberar ese valor atrapado.

Para liberar este valor, las empresas, los consumidores y otras entidades tendrán que empezar a pensar en el valor de una manera nueva y mucho más amplia: innovando con un propósito mayor y reformulando las reglas convencionales para redefinir y ampliar el conjunto potencial de beneficiarios de cualquier actividad económica.

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