• La «brecha digital» afecta de forma desproporcionada a grupos como las personas LGBTI, las personas con discapacidad y los migrantes forzosos.
• La exclusión de datos puede frenar los esfuerzos de incidencia en favor de estos grupos.
• Su marginación e invisibilidad perjudican a las sociedades y las economías.
En cualquier día, estamos saturados de tecnología que también recopila información crítica sobre nuestras ubicaciones, acciones e intenciones – el big data está omnipresente. Tradicionalmente, nos hemos visto rodeados de diagnósticos, encuestas de opinión y censos, todos ellos destinados a evaluar nuestras necesidades, deseos y resultados colectivos, de modo que los actores estatales y no estatales nos conozcan mejor. En una época sin precedentes, somos conscientes de las innumerables formas en que recopilamos datos unos de otros, y esperamos que estos sirvan para mejorar los sistemas. La era de los datos, una era de la analítica, ha llegado.
Y está dejando atrás a las personas.
Como reafirma el Informe sobre el desarrollo mundial de 2016 del Banco Mundial, las tecnologías en línea siguen siendo inaccesibles o inasequibles para muchas poblaciones de todo el mundo, a menudo con una clara «brecha digital» según el género, la edad, la zona y los ingresos. Me gustaría centrarme en tres grupos concretos: las personas lesbianas, gais, bisexuales, transgénero e intersexuales (LGBTI); las personas con discapacidad, y los migrantes forzosos. Se trata de grupos que, paradójicamente, sufren un estigma considerable a través de la mirada de la corriente dominante (hipervisibles), y que también quedan excluidos de esta era de los datos (invisibles).
Analizo estos grupos para llamar la atención sobre importantes lagunas cuantitativas en los datos y sobre cómo todas las partes interesadas pueden plantearse un enfoque más reflexivo respecto al conocimiento y las intervenciones. Esta publicación no puede ofrecer soluciones definitivas, pero espero que llame la atención sobre por qué debemos avanzar.
La paradoja de la invisibilidad/hipervisibilidad
Un marco de inclusión social nos muestra cómo estos grupos pueden ser simultáneamente una cosa y su opuesto exacto. En todo el mundo, algunos grupos se enfrentan a la discriminación jurídica y al estigma, lo que contribuye a excluirlos de los mercados, los servicios, los espacios y la recopilación de datos. En cuanto a esto último, puede deberse a la exclusión activa de grupos de las iniciativas de investigación, o a no preguntar por las mismas características que la corriente dominante estigmatiza (p. ej., la condición de discapacidad, la identidad de género, etc.). Por ejemplo, a menudo no existen estimaciones básicas de población para las personas LGBTI ni para algunos migrantes forzosos, lo que permite a algunos gobiernos negar su propia existencia; es decir, convertirlos en invisibles. Al mismo tiempo, estos grupos siguen existiendo en un contexto que con frecuencia los convierte en chivos expiatorios o los vilipendia, lo que alimenta su hipervisibilidad a ojos de sus sociedades, de ahí la paradoja. Los retos de la hipervisibilidad impulsada por el estigma para los tres grupos pueden ser considerables: prisión, cirugías obligatorias, esterilización forzosa, privación de autonomía, expulsión de un país de acogida por capricho, violencia, discriminación en el mercado laboral o ciclos de pobreza, por citar algunos.
Los datos son conocimiento; el conocimiento es poder
Cuando las representaciones de fenómenos reales («cosas») se reúnen y se representan de forma simbólica para comprenderlos, disponemos de «datos» listos para su análisis. Los datos analizados no son una panacea para resolver todos los problemas, sino una forma de conocer la profundidad de un fenómeno (cualitativa) así como su amplitud (cuantitativa). Cuando se recopilan y analizan con calidad e integridad, orientan nuestra forma de conocer y de actuar, y constituyen la base del conocimiento.
Las personas LGBTI, las personas con discapacidad y los migrantes forzosos son grupos que han demostrado una resiliencia considerable: la falta de datos cuantitativos no equivale a impotencia. No obstante, los datos tienen una autoridad innata que puede constituir la mejor base para las intervenciones basadas en pruebas. (Por ejemplo, véase cómo la desagregación por sexo en los diagnósticos ayuda a combatir la violencia de género, o cómo contar y trabajar con las «poblaciones clave» puede reducir las tasas de transmisión del VIH). Sin más datos cuantitativos, existe un riesgo real de que los esfuerzos de incidencia se consideren de nicho o intrascendentes, e incluso de que se llegue a una situación de estancamiento de la inclusión.
Este estancamiento perjudica el bienestar de estos grupos, así como el de la sociedad. Investigaciones pioneras demuestran que la exclusión de las personas LGBTI, de las personas con discapacidad y (en este caso) de los migrantes económicos puede alimentar los ciclos de pobreza y, además, limitar significativamente el crecimiento macroeconómico, los resultados en materia de desarrollo humano, los Objetivos de Desarrollo Sostenible y los beneficios del sector privado. Por el contrario, la inclusión de estos grupos genera avances significativos en el crecimiento social y económico (véase aquí para conocer las cuestiones relativas a LGBTI, discapacidad y migración), y mayores beneficios del sector privado. Pero alcanzar más de estos objetivos exigirá una comprensión más profunda y detallada de la magnitud de sus retos y contribuciones, a fin de impulsar intervenciones y políticas basadas en pruebas que funcionen.
Normas y salvaguardias
En respuesta a las necesidades generales en materia de datos, la ONU publicó en 2015 un informe sobre la movilización de la «revolución de los datos» para el desarrollo sostenible – en el que llamaba la atención sobre la calidad, la integridad, la transparencia, la desagregación, la protección, la privacidad, la gobernanza y otros principios de los datos. Cinco años después, las empresas solo se han vuelto más eficaces a la hora de captar y monetizar los datos, sin que existan normas o salvaguardias claras que promuevan los principios antes mencionados. Este llamamiento de la ONU a la acción parece desacertado al atribuir la mayor parte de la responsabilidad a los gobiernos (como garantes de derechos) para guiar la «revolución». Con la excepción de los reglamentos de la Unión Europea, muchos gobiernos del mundo no parecen tan rápidos en comprender o actuar. Por ejemplo, la actual Administración estadounidense excluyó las preguntas sobre LGBT de su censo al tiempo que intentaba añadir preguntas sobre la «ciudadanía», lo que demuestra una politización del censo y una capacidad desigual para proteger a los distintos grupos.
En lo que respecta a los grupos socialmente excluidos, las normas y las salvaguardias son fundamentales, y no deberíamos esperar únicamente que sean los gobiernos quienes lideren este proceso. Más bien, la sociedad civil, las organizaciones internacionales, la comunidad del desarrollo y los representantes gubernamentales y empresariales progresistas deberían reunirse para acordar normas y salvaguardias, formuladas con una comprensión de: los incentivos de quienes recopilan datos en la actualidad; los distintos métodos de recopilación (nuevos, tradicionales, híbridos); el uso de los datos; y cómo establecer alianzas mutuamente beneficiosas para subsanar de forma segura las lagunas de conocimiento. Aunque no es fácil, este esfuerzo puede guiarse por el axioma de que, cuando se cuenta a estos grupos y se les incluye de forma activa, aportan enormes beneficios a sus comunidades, sociedades, empresas y economías.
Movilizar la acción en favor de sociedades inclusivas
Esta publicación solo puede arañar la superficie. Mientras sigamos recurriendo a la recopilación de datos innovadora y tradicional, espero que tomemos conciencia del perjuicio colectivo que supone no contar lo suficiente a las personas, sus retos y sus contribuciones. Algunas iniciativas nuevas nos acercan a ese objetivo; véanse los enfoques de desarrollo para intervenciones basadas en pruebas destinadas a las personas afectadas por la fragilidad, los conflictos y la violencia. Pero aún quedan numerosas partes interesadas e iniciativas que pueden hacer más por los grupos invisibles pero hipervisibles. Generar este conocimiento será empoderador.




