La sencilla razón por la que tantas empresas apoyan los derechos LGBT

St Georges Hall is illuminated with a rainbow flag following a vigil in memory of the victims of the gay nightclub mass shooting in Orlando, in Liverpool, northern England , June 13, 2016.
Companies openly championing LGBT rights are reaping the benefitsImage: REUTERS/Phil Noble
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Cuando Mail on Sunday sacó del armario a Lord Browne hace 10 años, este se vio obligado a dejar su cargo en BP en cuestión de días. Sin embargo, cuando Tim Cook decidió salir del armario por iniciativa propia en una entrevista con Businessweek en 2014, la comunidad empresarial mundial lo aplaudió.

Las palabras empleadas en ambas ocasiones no pudieron ser más distintas: Lord Browne habló de “vergüenza y conmoción” por haber sido sacado del armario. Tim Cook, por su parte, dijo que estaba “orgulloso de ser gay” y añadió: “Considero que ser gay es uno de los mayores regalos que Dios me ha dado”.

En lo que respecta a los derechos LGBT, esta década ha traído un cambio positivo, y las empresas se han adelantado constantemente a los legisladores. Piénselo: hoy, la legislación federal de EE. UU. no protege a los empleados LGBT en el lugar de trabajo, pero el 91 % de las empresas de Fortune 500 ha introducido políticas contra la discriminación por orientación sexual. El 67 % de ellas ha ido más allá y ha ampliado voluntariamente las prestaciones de salud y los beneficios de seguros a todas las familias LGBT.

Europa también ha registrado avances notables. MI5, la agencia nacional de contrainteligencia del Reino Unido, ocupa actualmente el primer puesto en la clasificación de mejores empleadores del año de Stonewall: un logro extraordinario si se piensa que, hasta principios de los años noventa, las personas LGBT tenían totalmente prohibido trabajar en los servicios de inteligencia británicos.

Image: Instituto Williams de la Facultad de Derecho de UCLA, BuzzFeed News/Ipsos

Pese a estos alentadores avances, queda mucho por hacer. En más de la mitad de los países del mundo, las personas LGBT no están protegidas contra la discriminación laboral. Las relaciones entre personas del mismo sexo siguen estando penalizadas en más de 70 países y, quizá lo más desalentador, el 50 % de los estudiantes LGBT de EE. UU. y del Reino Unido sigue sufriendo acoso grave en la escuela. Como resultado, hasta un tercio decide abandonar los estudios. Quizá no sea casualidad que el 40 % de los jóvenes sin hogar en las calles de las principales ciudades de EE. UU. sean personas LGBT.

El desperdicio de potencial humano y económico es inmenso. Un informe de Out Now calcula que la economía estadounidense podría sumar 9.000 millones de dólares al año si las empresas mejoraran su capacidad para retener el talento LGBT mediante la aplicación de políticas inclusivas. Los países donde no existen tales políticas están perdiendo oportunidades: el Banco Mundial calcula que India deja de generar 32.000 millones de dólares al año en producción económica precisamente debido a la discriminación generalizada contra las personas LGBT.

Por otro lado, las empresas que defienden abiertamente los derechos LGBT están cosechando los beneficios. Los clientes LGBT se encuentran entre los más fieles: recompensan a las empresas que les apoyan, aunque eso implique gastar más en sus compras. Una cesta grande, si se tiene en cuenta que solo en EE. UU. el poder adquisitivo de la comunidad LGBT se calcula en torno a 800.000 millones de dólares al año.

El director ejecutivo de Starbucks, Howard Schultz, respaldó célebremente sus palabras con hechos cuando le dijo a un accionista contrario a los derechos de los homosexuales que era libre de vender sus acciones e invertir en otra parte. La empresa demostró con éxito que estaba al corriente de la cultura LGBT actual cuando lanzó un anuncio protagonizado por las icónicas drag queens Bianca del Rio y Adore Delano. El anuncio se ha convertido en un éxito internacional en YouTube.

Uber también ha asumido un papel destacado al prohibir a sus conductores de todo el mundo discriminar a los pasajeros LGBT, aunque las leyes estatales puedan permitirlo en los países donde opera. Tras los tiroteos de Orlando, la empresa ofreció viajes gratuitos a varios lugares emblemáticos LGBT seleccionados de todo el mundo y transporte gratuito a las familias de las víctimas.

Las empresas deportivas y de ropa también están adoptando esta tendencia. Durante el mes del Orgullo, Adidas lanzó una versión de sus icónicas zapatillas Stan Smith con los colores de la bandera arcoíris y destinó parte de las ventas a una organización benéfica de Oregón que ayuda a adolescentes LGBT sin hogar. Y, por supuesto, el año pasado la NBA acaparó titulares cuando retiró de Charlotte el Partido de las Estrellas de 2017 debido a la controvertida ley HB2, aprobada en marzo.

Image: J. Latvala vía Flickr

Las cifras son claras: existe un sólido argumento económico a favor de la inclusión LGBT. Las empresas con políticas sólidas en materia LGBT tienden a innovar más, a tener empleados leales y a afrontar muchos menos casos de demandas por discriminación. Además, sus clientes las perciben de forma positiva. Todos salen ganando.

El camino hacia la inclusión no se recorre de la noche a la mañana, y las empresas buscan orientación. ¿Por dónde empezar, sobre todo al operar en países donde las relaciones entre personas del mismo sexo son ilegales? La respuesta es pensar y actuar de forma «glocal»: destacar localmente los beneficios empresariales de la diversidad y adoptar políticas globales que hagan del lugar de trabajo un espacio seguro, justo y acogedor para todos.

El primer paso en esta dirección es evaluar abiertamente si los empleados LGBT se sienten cómodos revelando su orientación sexual en el trabajo y denunciando el acoso homófobo en el lugar de trabajo. También es importante que haya referentes LGBT visibles en toda la organización. El siguiente paso es contar con aliados: ¿hay altos directivos que defiendan y apoyen abiertamente las políticas y a los empleados que promueven la inclusión LGBT? El papel de los aliados es especialmente poderoso, porque hace que la conversación pase de un «discurso minoritario» a uno centrado en el talento, el rendimiento y la innovación.

En palabras de la ONU, la lucha contra la homofobia es ahora, más que nunca, un “imperativo del desarrollo”. Al forjar una cultura interna de inclusión que trascienda las políticas nacionales, sin dejar de tenerlas en cuenta, las empresas tienen una gran oportunidad de aprovechar su influencia mundial para impulsar el progreso socioeconómico.

Los empleados de las empresas internacionales deberían tener la tranquilidad de saber que, independientemente del contexto nacional en el que vivan, no sufrirán discriminación en el trabajo por a quién elijan amar ni por quién elijan ser.

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