Lecciones de Noruega sobre las ventajas de pertenecer a la UE

Lecciones de Noruega sobre las ventajas de pertenecer a la UE
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A menudo se presenta a Noruega como ejemplo que el Reino Unido podría seguir en los debates sobre una posible salida británica de la UE (el llamado Brexit). La experiencia noruega con la UE es única. Demuestra que es posible que un país esté asociado económicamente y, al mismo tiempo, separado políticamente de la UE.

Una cuestión importante, aunque difícil, es, por supuesto, si el tipo de pertenencia «solo económica» es superior a la «económica y política». Nuestra investigación reciente muestra que ser miembro político de la UE, además de formar parte de una unión económica, genera muchos más beneficios económicos.

La integración europea siempre ha sido explícitamente un proceso tanto político como económico. La elección de un modelo de unión aduanera en lugar de una zona de libre comercio, tal como quedó consagrada en el Tratado de Roma, subraya la dirección acordada: avanzar hacia una integración profunda.

Los importantes beneficios de la integración impulsados políticamente cuestionan firmemente la idea de que las ventajas de la UE se relacionan sobre todo con la integración económica. Nuestra investigación muestra que los costes no están relacionados con la política de pertenencia. Al contrario, esta aporta beneficios económicos reales.

La experiencia de Noruega

Desentrañar los costes y beneficios de la integración «solo económica» y de la integración «económica y política» entraña muchas dificultades y, hasta donde sabemos, no se había intentado antes. Proponemos una estrategia basada en el experimento natural único que ha supuesto el hecho de que Noruega solo mantenga una relación económica con la UE.

Noruega cumplió todos los requisitos de ingreso en la UE, concluyó las negociaciones de adhesión y aceptó ser miembro fundador del Espacio Económico Europeo, lo que le dio acceso irrestricto al mercado único. Sin embargo, en un referéndum nacional celebrado en 1994, Noruega decidió rechazar la adhesión plena a la UE. Según la Comisión Europea, Noruega estaba entonces tan preparada para ingresar en la UE como otros países candidatos (como el Reino Unido, Dinamarca e Irlanda en 1973, y Suecia, Finlandia y Austria en 1995).

El descubrimiento de reservas de petróleo precedió al primer referéndum sobre la UE, en 1972, y el descubrimiento de gas natural precedió al segundo, en 1994. Noruega es el único país que ha votado dos veces en contra de la adhesión a la UE. Es comprensible que la abundancia de sus recursos energéticos (y pesqueros) sea fundamental para entender por qué. Al rechazar la adhesión plena en 1994, Noruega disfruta de los beneficios de la integración económica con la UE, pero no de los políticos.

Más que una correlación

Nuestro nuevo estudio emplea dos métodos estadísticos y utiliza datos regionales anuales de Austria, Finlandia y Suecia entre 1985 y 2000 para estimar la productividad de las regiones noruegas antes y después de la ampliación de la UE de 1995. A partir de las ganancias relativas que obtuvieron estos países al ingresar en la UE y teniendo en cuenta las diferencias específicas de cada país, construimos regiones noruegas hipotéticas, como si hubieran pertenecido a la UE desde 1995 en adelante.

Nuestro principal hallazgo es que pertenecer políticamente a la UE reporta importantes beneficios económicos. Si Noruega hubiera ingresado en la UE en 1995, los niveles de productividad habrían sido un 6% más altos en una región noruega promedio entre 1995 y 2000.

De las siete regiones oficiales de Noruega, solo una (Oslo) muestra una productividad menor en el supuesto de formar parte de la UE; sin embargo, esta excepción refuerza nuestra interpretación de que la integración política aporta beneficios económicos. Incluso sin una adhesión plena, la integración exclusivamente económica impulsa la productividad de la región de la capital gracias a su elevado nivel de capital humano, su creciente sector financiero y su eficiente sector público.

En cambio, las demás regiones siguieron protegidas de la competencia mediante generosas subvenciones y la protección de actividades tradicionales noruegas (como la pesca), algo que la adhesión plena no habría permitido.

Otro indicio que corrobora esta conclusión es la simple correlación entre los beneficios estimados de la economía política y la proporción del empleo correspondiente a cada sector. Mostramos que las regiones con industrias energéticas y pesqueras relativamente grandes pierden (en términos de productividad) por no pertenecer a la UE. Mientras tanto, las regiones con sectores financiero y público relativamente grandes se benefician de esa no pertenencia.

Beneficios significativos

Al aplicar estas pruebas al caso británico, se sugiere que el Brexit no solo supondría grandes pérdidas para el Reino Unido por la reducción del comercio internacional, la inversión extranjera, la globalización financiera y la migración, sino que esas pérdidas probablemente se verían agravadas por la pérdida de los beneficios impulsados políticamente.

La experiencia de los sectores de la economía noruega que se beneficiaron de una relación no política con la UE —los sectores financiero y público— tampoco es una buena noticia para quienes creen que el Reino Unido debería mantener únicamente una relación económica con la UE. En el Reino Unido, el sector público es muy distinto del noruego y el sector financiero se concentra sobre todo en Londres. Esto sugiere que el aumento de las disparidades regionales en el Reino Unido debería contabilizarse como un coste adicional del Brexit.

Por último, comprender debidamente la historia de Noruega y la UE demuestra que esta relación es idiosincrásica y difícilmente podrá reproducirse con éxito en otros lugares. La mera idea de replicar la relación de Noruega con la UE está llena de incertidumbre. Esto se debe a que la pertenencia al EEE no es automática y, lo que es más importante, es poco probable que se ofrezca en las mismas generosas condiciones de las que disfruta Noruega, como miembro fundador del EEE.

Este artículo se publica en colaboración con The Conversation. La publicación no implica que el Foro Económico Mundial respalde las opiniones expresadas.

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Autores: Nauro Campos es profesor de Economía y Finanzas en Brunel University London. Fabrizio Coricelli es profesor de Economía en la Paris School of Economics de la Universidad Panthéon-Sorbonne. Luigi Moretti es investigador sénior en Economía en la Universidad de Padua.

Imagen: Una mujer lleva a su hijo sobre el tejado de la Ópera de Oslo, Noruega, el 20 de junio de 2012. REUTERS/Cathal McNaughton.

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