En el año posterior a la crisis financiera de 2008, la actividad económica disminuyó en la mitad de los países del mundo. Nuestro análisis en Capítulo 2 de las Perspectivas de la economía mundial de octubre muestra que en muchos países la producción aún se sitúa muy por debajo de los niveles que habría alcanzado si hubiera seguido su tendencia anterior a la crisis.
Además, también hay indicios de que la crisis pudo haber tenido efectos duraderos en el crecimiento potencial a través de su impacto en las tasas de fecundidad y en la migración, así como en la desigualdad de ingresos.
Pese a estos efectos, las políticas específicas sí influyeron en la forma en que cada país salió de la crisis. Los países con mejor situación fiscal, con bancos mejor regulados y supervisados, y con tipos de cambio flexibles generalmente sufrieron menos daños.
Hay indicios de que la crisis pudo haber tenido efectos duraderos en el crecimiento potencial.
Costes de la crisis
Nuestro estudio analizó una muestra de 180 países —que abarca economías avanzadas, emergentes y de bajos ingresos en desarrollo— para medir la caída de la actividad económica en la década posterior al colapso de Lehman Brothers.
Si bien muchas economías registraron pérdidas de producción con respecto a las tendencias anteriores a la crisis, la experiencia posterior a la crisis varió según el país. Las economías avanzadas y los países de bajos ingresos en desarrollo exportadores de materias primas se vieron más afectados que los demás.
Esta variación reflejó en parte diferencias en el tipo de shock que golpeó a cada país. Algunos sufrieron graves crisis bancarias como parte del pánico financiero mundial, mientras que en otros, la menor actividad de las economías avanzadas se propagó a escala mundial a través de canales comerciales y financieros.
Entre las economías que sufrieron una crisis bancaria en 2007–08, alrededor del 85 por ciento sigue operando con niveles de producción por debajo de las tendencias anteriores a la crisis. La cifra es menor (alrededor del 60 por ciento) en el grupo que no sufrió una crisis bancaria en 2007–08
En algunos países, la pérdida de producción representa una corrección de trayectorias anteriores a la crisis insostenibles. Pero el patrón generalizado, que abarca economías avanzadas, emergentes y de bajos ingresos en desarrollo, sugiere que las pérdidas van más allá de esas correcciones.
Posibles consecuencias a largo plazo
Nuestro análisis muestra que la crisis pudo haber dejado cicatrices duraderas más allá de estos efectos bien documentados sobre las tendencias de crecimiento. Por ejemplo, las tasas de fecundidad han experimentado una caída más pronunciada en muchas economías, un fenómeno que lastrará el tamaño de la fuerza laboral en el futuro en esos países. Otro efecto es que las tasas de migración neta (inmigración menos emigración) en las economías avanzadas disminuyeron tras la crisis.
Además, la desigualdad de ingresos parece haber aumentado, especialmente allí donde las pérdidas de producción y empleo tras la crisis fueron importantes. En algunos casos, el aumento de la desigualdad posterior a la crisis reforzó tendencias que ya existían antes de ella y probablemente ha contribuido a la frustración con los partidos políticos tradicionales, así como a sentimientos proteccionistas.
Políticas que funcionaron
Las políticas nacionales anteriores a la crisis y en su inmediata secuela ayudaron a configurar las diferencias en el desempeño de la producción. Estas medidas influyeron en la vulnerabilidad de los países ante las fuerzas disruptivas desatadas por el colapso financiero, en los daños que sufrieron y en su capacidad de recuperación.
Pueden agruparse en tres categorías.
Contención de las vulnerabilidades financieras: Los países con un crecimiento del crédito más rápido y mayores déficits excesivos de cuenta corriente en los años previos a la crisis vieron cómo estas restricciones les afectaban más intensamente cuando las condiciones financieras se endurecieron tras la crisis. Además, las restricciones más estrictas sobre determinados aspectos de la actividad bancaria en los años previos a la crisis (por ejemplo, las limitaciones a la capacidad de los bancos para suscribir y negociar valores) redujeron la probabilidad de una crisis bancaria en 2007–08.
Colchones y marcos institucionales: Los datos sugieren que los países con posiciones fiscales más sólidas antes de la crisis experimentaron menores pérdidas de producción posteriormente. Nuestro análisis también concluye que una mayor flexibilidad del tipo de cambio contribuyó a atenuar los daños en la producción.
Políticas tras la crisis: Varios países adoptaron medidas de política sin precedentes y excepcionales para apoyar sus economías tras el colapso financiero de 2008. Estas medidas —en concreto, medidas cuasifiscales para respaldar el sector financiero, incluidas garantías bancarias e inyecciones de capital— contribuyeron a moderar las pérdidas de producción posteriores a la crisis.
Efectos secundarios
Los esfuerzos de política de la última década impulsaron la demanda e impidieron un resultado aún peor, con mayores pérdidas de producción y empleo. La reforma de la regulación financiera también hizo que el sector bancario fuera más seguro.
No obstante, algunas de estas políticas tuvieron efectos secundarios significativos. El prolongado periodo de tipos de interés ultrabajos en las economías avanzadas ha contribuido a la acumulación de vulnerabilidades financieras, en particular fuera del sector bancario regulado. Y la gran acumulación de deuda pública y el deterioro de los colchones fiscales en muchas economías ponen de manifiesto la urgencia de reconstruir esas defensas para prepararse para la próxima recesión.
La capacidad de respuesta ante la próxima crisis depende en gran medida de abordar estos efectos secundarios de las medidas excepcionales adoptadas en los últimos diez años.


