Argumentos emotivos y una retórica cuestionable suelen caracterizar los debates sobre el matrimonio entre personas del mismo sexo. Sin embargo, se ha intentado pocas veces analizar la cuestión con desapasionamiento desde una perspectiva académica y basada en la ciencia.
Independientemente del lado en que uno se sitúe, cuanto más sólida, rigurosa y fiable sea la información disponible para el público, mejor.
Quienes tienen la fortuna de poder casarse legalmente disfrutan de considerables beneficios para la salud mental y el bienestar. Y negarles esta oportunidad conlleva efectos perjudiciales asociados.
Aunque sería irresponsable afirmar que las investigaciones son unánimes, la mayoría no se pronuncia (sus conclusiones no son claras) o demuestra los beneficios del matrimonio entre personas del mismo sexo.
¿Qué dicen las investigaciones?
Las investigaciones a gran escala indican que, en general, las personas de la comunidad LGBTQ tienen peores resultados de salud mental que sus homólogas heterosexuales. Esto puede deberse al estigma que sufren.
Los beneficios del matrimonio para la salud mental en general están bien documentados. En 2009, la Asociación Médica Estadounidense reconoció oficialmente que excluir a las minorías sexuales del matrimonio contribuía significativamente a que la salud general de los hogares formados por parejas del mismo sexo fuera peor que la de los hogares heterosexuales.
Distintas líneas de evidencia también sugieren que el estigma y la discriminación por orientación sexual están asociados, como mínimo, con un mayor malestar psicológico y, en general, con una menor calidad de vida entre lesbianas y hombres gais.
Un estudio estadounidense que encuestó a más de 36.000 personas de entre 18 y 70 años concluyó que las personas lesbianas, gais y bisexuales sufrían mucho menos malestar psicológico si estaban en un matrimonio entre personas del mismo sexo reconocido legalmente que si no lo estaban. Las personas heterosexuales casadas sufrían menos malestar que cualquiera de estos dos grupos.
Así pues, parece que estar en un matrimonio entre personas del mismo sexo reconocido legalmente puede reducir, al menos en parte, la considerable desigualdad en materia de salud entre las personas heterosexuales y las lesbianas, los gais y las personas bisexuales.
Los autores concluyeron instando a otros investigadores a considerar el matrimonio entre personas del mismo sexo como una cuestión de salud pública.
Una revisión de las investigaciones sobre el impacto de negar el matrimonio en la salud y el bienestar de los hombres gais y las lesbianas reconoció que la igualdad matrimonial es una cuestión sumamente compleja y llena de matices. Sin embargo, sostuvo que privar a lesbianas y hombres gais de los beneficios tangibles (e intangibles) del matrimonio no solo es un acto de discriminación, sino que también:
- los perjudica al restringir su ciudadanía;
- dificulta su salud mental, su bienestar y su movilidad social; y
- en general, los excluye de diversos aspectos culturales, jurídicos, económicos y políticos de sus vidas.
También preocupa una investigación que concluyó que, en comparación con las personas lesbianas, gais y bisexuales encuestadas que vivían en zonas donde se permitía el matrimonio entre personas del mismo sexo, vivir en zonas donde estaba prohibido se asociaba con tasas significativamente más altas de:
- trastornos del estado de ánimo (36 % más);
- comorbilidad psiquiátrica, es decir, múltiples trastornos de salud mental (36 % más); y
- trastornos de ansiedad (248 % más).
¿Y qué pasa con los niños?
Quienes se oponen al matrimonio entre personas del mismo sexo suelen argumentar que los niños criados en hogares formados por parejas del mismo sexo obtienen peores resultados en diversos indicadores de vida que los criados en hogares heterosexuales. Este argumento tiene algo de fundamento.
En cuanto a la educación y a los indicadores generales de éxito, la literatura no es del todo unánime. Sin embargo, la mayoría de los estudios ha concluido que, según estos indicadores, no hay diferencias entre los niños criados por progenitores del mismo sexo o de sexos distintos.
En 2005, la Asociación Estadounidense de Psicología publicó un informe breve que examinaba las investigaciones sobre la crianza por parejas del mismo sexo. Resumió sin ambigüedades su postura sobre si esta perjudica a los niños:
Ningún estudio ha concluido que los niños de progenitores lesbianas o gais estén en desventaja significativa alguna respecto a los niños de progenitores heterosexuales.
Conclusiones
El matrimonio entre personas del mismo sexo ya se ha legalizado en 23 países de todo el mundo, cuya población supera los 760 millones de personas.
A pesar de que los estudios citados vinculan positivamente el matrimonio con el bienestar, puede ser prematuro afirmar de manera definitiva que existe una relación de causalidad.
En general, sin embargo, las pruebas son bastante claras. El matrimonio entre personas del mismo sexo genera numerosos beneficios sociales e incluso para la salud pública, entre ellos una serie de ventajas para la salud mental y el bienestar. Estos beneficios favorecen a la sociedad en su conjunto, tanto si se está en una relación con una persona del mismo sexo como si no.
A medida que crece el conjunto de investigaciones que respaldan el matrimonio entre personas del mismo sexo, se fortalece el argumento a su favor.




