Aunque el mundo no está reduciendo las emisiones de gases de efecto invernadero en la medida necesaria para limitar el calentamiento global catastrófico, los grandes actores financieros por fin empiezan a alejarse de los combustibles fósiles. Con las recientes decisiones de desinversión que ahora se extienden por las economías, no se ha perdido la esperanza de lograr un futuro energético libre de carbono.
Algunos de los actores más influyentes de la economía mundial están liderando el cambio hacia un mundo limpio, ecológico y sin emisiones, incluso mientras los gobiernos clave permanecen inactivos. Los gigantes financieros de Europa, China, Japón, Estados Unidos, Australia y otros lugares pueden ver los riesgos y las recompensas que se avecinan, y no esperan a que los responsables políticos indiquen lo que hay que hacer. Mediante la prohibición inmediata de nuevas inversiones en combustibles fósiles, la clasificación de los productores de energía limpia y sucia, y la venta de acciones poco atractivas, el sector financiero está redirigiendo enormes flujos de dinero desde los combustibles fósiles hacia la tecnología baja en carbono.
Estas decisiones pueden extenderse por las economías. Consideremos, por ejemplo, la división entre la financiación energética estatal y privada en India. Según el Centro para la Rendición de Cuentas Financiera, con sede en Delhi, Centre for Financial Accountability, la financiación primaria para las centrales eléctricas de carbón cayó un 93 % entre 2017 y 2018, mientras que la financiación para energías renovables aumentó un 10 %. Entre los préstamos para proyectos de carbón en 2018, la mayoría procedió de instituciones financieras controladas por el gobierno, mientras que tres cuartas partes de la financiación de energías renovables procedió de bancos comerciales privados.
De manera similar, los bancos y comerciantes de Japón están abandonando los proyectos de carbón en favor de las renovables, aunque el gobierno se ha resistido a fijar una fecha para la eliminación progresiva de la energía de carbón. Tres proyectos japoneses de centrales de carbón se han cancelado o retrasado este año. Y a nivel mundial, la Agencia Internacional de la Energía (AIE) informa de que las inversiones en centrales eléctricas de carbón alcanzaron en 2018 su nivel más bajo en un siglo, mientras que se retiraron más generadores de carbón.
Esta tendencia se intensificará a medida que aumente el número de empresas financieras que se alejan de los combustibles fósiles. Consideremos los titulares desde marzo. El fondo soberano de Noruega ha obtenido la aprobación parlamentaria para desinvertir 13 000 millones de dólares en acciones de combustibles fósiles, como parte de la mayor venta masiva de activos de combustibles fósiles hasta la fecha. Mitsubishi UFJ Financial Group de Japón, uno de los bancos más grandes del mundo por volumen de activos, dejó de financiar nuevos proyectos de centrales eléctricas de carbón. Y Chubb se convirtió en la primera gran aseguradora estadounidense en anunciar la prohibición de la cobertura del carbón, mientras que Suncorp se convirtió en la última aseguradora australiana en poner fin a la cobertura de nuevos proyectos de minería de carbón y de centrales eléctricas de carbón.
Además, la Bolsa de Londres ha reclasificado las acciones de petróleo y gas como «energía no renovable» y ha clasificado las acciones de energía verde como «renovables» en lugar de «alternativas». Y el mayor inversor del mundo en proyectos de carbón en el extranjero, Oversea-Chinese Banking Corporation, anunció que pondrá fin a la financiación de centrales eléctricas de carbón (una vez que concluya dos últimos proyectos en Vietnam), mientras que China State Development & Investment Corporation anunció planes para dejar de invertir en nuevas centrales de carbón y centrarse en nuevas fuentes de energía.
En términos más generales, la Agenda del Inversor para un mundo bajo en carbono ha atraído a 477 signatarios, que representan unos 34 billones de dólares en activos bajo gestión. Estos inversores están instando a los gobiernos no solo a limitar el aumento de las temperaturas, sino también a alcanzar el objetivo más exigente del Acuerdo de París sobre el clima, que consiste en limitar el calentamiento global a 1,5 °C por encima de los niveles preindustriales.
Mientras tanto, el Instituto de Economía Energética y Análisis Financiero ha constatado que quienes ignoraron las advertencias sobre el cambio climático ya han sufrido un golpe financiero. BlackRock, el mayor gestor de fondos del mundo, perdió unos 90 000 millones de dólares a lo largo de la última década, de los cuales tres cuartas partes se debieron a sus participaciones en ExxonMobil, Chevron, Shell y BP. Y los inversores en General Electric, entre ellos BlackRock, perdieron la friolera de 193 000 millones de dólares en los tres años previos a 2018, porque la compañía calculó mal el ritmo del cambio hacia la energía verde y el colapso de la demanda de turbinas de gas y centrales termoeléctricas.
Aunque el abandono de los combustibles fósiles ya es monumental, aguarda un posible tsunami. Quienes desinvierten en combustibles fósiles son los primeros adoptantes que han percibido un cambio de viento y han ajustado sus velas. Pero hay que hacer mucho más. Como los competidores de esas empresas aún no han dado ningún paso hacia la desinversión, billones de dólares en activos de carbono siguen en los balances de los inversores.
Además, según la AIE, aunque las inversiones en carbón han disminuido, el gasto de capital en petróleo, gas y carbón repuntó en 2018, y la inversión en eficiencia energética y en energías renovables se estancó. Peor aún, la consultora Wood Mackenzie constata que el auge de las renovables solo se ha traducido en el 2 % de la demanda energética mundial. Tal como están las cosas, el carbón, el petróleo y el gas podrían seguir aportando el 85 % de la energía primaria en 2040, frente al 90 % actual, una reducción apenas leve.
Para completar la transición lejos de los combustibles fósiles será necesario llegar al núcleo de la economía mundial. No ayuda que las instituciones financieras de China canalizaran al menos 1 000 millones de dólares en financiación «verde» a proyectos relacionados con el carbón en la primera mitad de este año. Las empresas no pueden seguir produciendo petróleo, gas y motores de combustión interna mientras avanzan gradualmente hacia tecnologías más limpias; necesitan una ruptura clara.
Además, los financieros deben mirar más allá del carbón y retirar su apoyo a todos los combustibles fósiles. De igual importancia, los gobiernos deben fijar una trayectoria ambiciosa para sus economías que impulse el cumplimiento del límite de calentamiento de 1,5 °C. Nuestra trayectoria actual conducirá a un calentamiento de 3 °C o más, lo que tendría consecuencias catastróficas.
La Cumbre de Acción Climática de las Naciones Unidas del 23 de septiembre ofrece a las instituciones financieras y a los gobiernos la oportunidad de hacer lo necesario. El secretario general António Guterres ha pedido un liderazgo de máximo nivel, en forma de compromisos de los gobiernos y del sector privado para reducir las emisiones a cero netas, con objetivos intermedios cada cinco años.
El llamamiento a la acción de Guterres es secundado por todos los que han estado manifestándose y convocando huelgas por el mismo objetivo. Los inversores deben estar a la altura de las circunstancias, estructurando sus carteras de manera que alcancen emisiones netas cero en 2050. Esto implica presionar también a las empresas de sus carteras para que cambien, o arriesgarse a quedar excluidos y rezagados. Pero fijar aspiraciones a largo plazo no bastará. Los pasos concretos para los próximos meses y años deben acompañar los compromisos asumidos hoy, para garantizar que el progreso se mantenga encarrilado.
Con ese fin, Mission 2020 está recopilando historias de progreso de toda la economía mundial. Nuestra Herramienta de seguimiento del progreso climático 2020, una base de datos de acceso abierto, se actualiza periódicamente con los compromisos climáticos de países, empresas, ciudades y otros actores. Cuanto más crezca el movimiento de desinversión, más difícil será esconderse en las sombras, aferrándose al pasado.



