BMW ha anunciado que su club de coches de pago por uso, DriveNow, se pondrá en marcha en Londres, tras hacerlo en Berlín, Viena y San Francisco. DriveNow funciona dando a los usuarios acceso a una flota de BMW y Mini a cambio de una cuota de registro. Mientras que alternativas como Zipcar, consolidada desde hace tiempo, exigen recoger y devolver los vehículos en el mismo lugar, DriveNow tiene la ventaja de permitir aparcar los coches en distintas zonas locales.
Que los consumidores alquilen cosas no es nuevo. La mayoría de los alojamientos domésticos de la UE son de alquiler y, en menor medida, también lo son los vehículos, los bienes de capital, los artículos de lujo, como los relojes, e incluso la ropa. Pero el alquiler está a punto de experimentar un fuerte crecimiento, impulsado por plataformas en línea que permiten una asignación, monetización y gestión eficientes.
Medio ambiente, productores y consumidores
Conocido como «economía colaborativa», este tipo de consumo colaborativo también está ganando respaldo político por la manera en que compartir bienes fomenta la reutilización y la sostenibilidad. El documento de la eurodiputada neerlandesa Judith Merkies, La sociedad del arrendamiento: el fin de la propiedad, defiende los beneficios de compartir recursos para reducir los residuos en beneficio de los consumidores y el medio ambiente. Ha superado los comités de la UE, así que también podemos esperar un impulso a la «economía colaborativa» por parte de los reguladores de la UE.
La economía colaborativa es importante tanto para los productores como para los consumidores y tiene el potencial de cambiar el consumo en beneficio de todos. Tomemos el ejemplo de los coches. Los fabricantes ya no pueden confiar en crecer mediante las ventas a particulares, ya que los coches se fabrican mejor y duran más, y la propiedad de automóviles ha disminuido junto con una población mundial cada vez más urbana. Por tanto, los fabricantes necesitan un nuevo modelo de negocio para crecer.
Los consumidores salen ganando gracias a la flexibilidad que les brinda compartir. Es muy distinto del alquiler tradicional, que inevitablemente exigía que el consumidor se comprometiera por un periodo de tiempo. Al compartir, puedes combinar distintas opciones de consumo cuando quieras y como quieras. No estás atado; se trata de que esté disponible y sea fácil de usar. Programas como DriveNow ofrecen a la gente la oportunidad de conducir coches de lujo que quizá no podría comprar, así como una variedad de opciones, desde los Mini hasta los modelos BMW más grandes.
Un negocio en crecimiento
Desde la llegada y enorme popularidad de los sistemas de alquiler de bicicletas en ciudades de todo el mundo—de Chicago a Londres—, siguen surgiendo nuevas iniciativas para que los habitantes de las ciudades participen más en el negocio de compartir. En 2015, el empresario francés Vincent Bolloré pondrá en marcha en Londres un programa de coches eléctricos compartidos, basado en su prototipo parisino Autolib’. Permitirá a los conductores reservar un coche con sus teléfonos móviles y tarjetas inteligentes por periodos cortos, desde £5 por media hora.
El coche compartido es un negocio en crecimiento: el número de participantes aumentó un 50% en todo el mundo en 2013, y Estados Unidos y Alemania encabezaron la lista por número de miembros de clubes de coche compartido. Sin embargo, se están creando empresas similares en todo el mundo, incluso en China y Malasia, lo que sugiere un enorme potencial de crecimiento.
Es probable que las empresas capaces de adaptar su oferta a las necesidades de los habitantes de las ciudades sean las ganadoras en este nuevo mercado. La comodidad del acceso, la facilidad de uso y la ubicación serán primordiales. El transporte no es lo único que encaja en la economía colaborativa. La moda es otra categoría de productos que cada vez se comparte más: sitios web como Girl Meets Dress y Fashion Hire dan a la gente acceso a vestidos y bolsos de diseñador que no pueden permitirse comprar en propiedad.
Un elemento importante de este mercado es que está abierto tanto a los consumidores como a las empresas. Así, si alguien tiene algo que compartir, quizá pueda ganar dinero con ello simplemente conectándose a estas plataformas ya preparadas. Airbnb, donde los viajeros alquilan alojamientos privados, es un ejemplo de cómo se benefician las empresas y los propietarios de alojamientos. Airbnb se queda con una parte del alquiler que los clientes pagan a los propietarios de habitaciones y viviendas de todo el mundo a precios razonables.
De manera similar, justpark.com permite a los propietarios de plazas de aparcamiento de todo el Reino Unido alquilarlas a viajeros que necesitan un lugar seguro donde aparcar en ciudades congestionadas y, por supuesto, Uber ha ofrecido a los propietarios de coches la oportunidad de convertirse en taxistas. El espacio sigue estando muy abierto tanto para las empresas como para los consumidores, y con la promesa de un mayor acceso, a menor coste para el consumidor y con menos presión sobre los recursos naturales del planeta, parece una triple victoria. Así que, si tienes algo, ¿por qué no compartirlo?
Este artículo se publica en colaboración con The Conversation. La publicación no implica que el Foro Económico Mundial respalde estos puntos de vista.
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Autora: Isabelle Szmigin es profesora de Marketing en la Universidad de Birmingham.
Imagen: Jean Martin, de Montreal, observa el alquiler de una bicicleta BIXI (combinación de bicicleta y taxi) en el Viejo Montreal, el 12 de mayo de 2009. REUTERS/Christinne Muschi.


