Este artículo se publicó originalmente en el blog Governance for Development del Banco Mundial.

En el mundo actual, la ayuda internacional es volátil, los flujos financieros son inestables y muchos países donantes se enfrentan a sus propias crisis económicas internas, lo que les lleva a dirigir sus recursos hacia dentro. En este contexto, los países en desarrollo necesitan fortaleza interna. Necesitan estabilidad interna. Y tienen derecho a trazar su propio futuro.
Esto está a su alcance, y la semana pasada el lanzamiento de una herramienta discreta pero poderosa marcó un paso importante en este silencioso movimiento por la independencia. Se llama TADAT, o Tax Administration Diagnostic Assessment Tool. A primera vista, esta herramienta puede parecer opaca, técnica y desconectada del desarrollo. Pero escuche.
Las investigaciones demuestran que, si los países en desarrollo pudieran aumentar simplemente su recaudación fiscal entre el 2 y el 4 por ciento del PIB, el monto recaudado eclipsaría la ayuda exterior que reciben. Este pequeño aumento relativo representaría tres veces el monto de la asistencia oficial para el desarrollo distribuida en el mundo. Es algo importante. Y sabemos que contar con más contribuyentes registrados, y que más personas contribuyan directamente al sistema fiscal, da lugar a un Estado más eficaz.
Y la idea se está extendiendo a nivel mundial. En la Conferencia de las Naciones Unidas sobre la Financiación para el Desarrollo, celebrada en Addis Abeba en julio, el Grupo del Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional se comprometieron a una iniciativa conjunta para ayudar a los países clientes a fortalecer sus sistemas tributarios. Además:
Treinta países firmaron la Addis Tax Declaration, en la que se reclama más apoyo y coordinación internacionales en este ámbito.
En septiembre, la ONU incluyó en sus Objetivos de Desarrollo Sostenible esta meta: “Fortalecer la movilización de recursos internos, también mediante el apoyo internacional a los países en desarrollo, para mejorar la capacidad interna de recaudación fiscal y de otros ingresos públicos.”
La semana pasada, los líderes del G20 respaldaron el denominado paquete sobre Erosión de la Base Imponible y Traslado de Beneficios (BEPS) destinado a frenar la evasión fiscal y otras conductas ilícitas relacionadas con los impuestos.
Entra en escena TADAT, una herramienta de diagnóstico que puede ayudar a las naciones a determinar por dónde empezar. Lanzada públicamente el miércoles por el FMI, el Banco Mundial y diversos socios más, el TADAT es un marco diseñado para evaluar de forma sistemática el desempeño de la administración tributaria de un país. Analiza los ámbitos en los que se obtienen buenos resultados, utilizando factores como la transparencia, el porcentaje de contribuyentes que pagan a tiempo y si existe un sistema independiente y accesible de resolución de controversias. Puede ayudar a los países a identificar reformas concretas y a medir los avances. Es un primer paso fundamental y pragmático que pasa de las promesas a la acción.
Como dije en el acto de presentación de TADAT, esta herramienta llega en el momento exacto. La comunidad internacional está prestando atención, y nuestros clientes necesitan con urgencia asistencia técnica. Esta herramienta cambiará para bien la forma en que prestamos dicha asistencia. Supone un avance hacia la transparencia, la apertura y la claridad en la manera en que realizamos los análisis. En el pasado, esa asistencia ha sido en gran medida bilateral y no coordinada; si bien esto no es necesariamente malo, implicaba que los distintos países recibían tipos de asesoramiento diferentes. TADAT aporta uniformidad al enfoque y al alcance de la evaluación. Con TADAT, aunque un ciudadano común de Canadá o Burundi no pudiera usar la herramienta, al menos sabría en qué categorías se evalúa a su gobierno.
Sí, Canadá. Esto se debe a que la herramienta también es aplicable a los países desarrollados. Evalúa a todos los países, independientemente de su nivel de desarrollo, en función de su desempeño. En el acto de presentación escuchamos a dos países que habían probado TADAT en fase piloto: Noruega y Zambia. Hans Christian Holte, director general de la Administración Tributaria de Noruega, dijo que valoraba que la evaluación se basara en evidencia y que había sido útil para señalar áreas de mejora. Señaló que el proceso era exigente y que debía ser llevado a cabo por personas con un conocimiento sólido de la herramienta.
Berlin Msiska, comisionado general de la Autoridad de Ingresos de Zambia, dijo que TADAT demostró que su administración contaba con una sólida estructura de gobernanza. Validó reformas anteriores e identificó prácticas exitosas. La herramienta también mostró algunas debilidades, incluidas en áreas que no habían recibido mucha atención, como los cuellos de botella causados por el uso de información de terceros. Afirmó que debería “adoptarse como un chequeo médico” y planea inscribirse para una reevaluación a principios del próximo año.
También escuchamos algunos debates sobre cómo debería implementarse. Un miembro del público propuso abrir la formación en TADAT a personas sin amplia experiencia en administración tributaria, incluida la sociedad civil. Otro sugirió ampliar la herramienta a otros organismos que recaudan ingresos, como los vinculados a los recursos naturales o a los impuestos aplicados en frontera. Y creo que, con el tiempo, deberíamos considerar TADAT a nivel subnacional, donde los tipos de impuestos son distintos, pero la búsqueda de un buen desempeño es muy similar.
Una de nuestras tareas ahora, como socios para el desarrollo, es orientar el uso de TADAT en una amplia variedad de contextos —incluidos aquellos con brechas de datos, corrupción y limitaciones de capacidad— y garantizar que podamos adaptarla a las necesidades de nuestros clientes. La política tributaria y la administración tributaria son complejas. Pero creemos que también son elementos esenciales de un Estado que funciona bien. Los impuestos pueden fortalecer una relación legítima entre los ciudadanos y el Estado. Cuando están bien diseñados, pueden ayudar a reducir la desigualdad y permitir que los países tracen su propio futuro. Una tributación inteligente favorece el crecimiento y el desarrollo.
TADAT puede parecer parte de un mundo especializado, pero impulsa un movimiento global fundamental: aumentar la independencia financiera de los países en desarrollo. Aunque aún queda un largo camino, desde el análisis hasta las reformas de políticas y los cambios sustanciales que reduzcan la pobreza y mejoren la vida de las personas, el movimiento no puede avanzar sin herramientas como esta.
La publicación no implica que el Foro Económico Mundial respalde las opiniones expresadas.
Para mantenerse al día con la Agenda, suscríbase a nuestro boletín semanal.
Autor: Jim Brumby es director de Servicio Público y Desempeño de la Práctica Global de Gobernanza del Banco Mundial.
Imagen: Una mujer instala su puesto en el mercado Konyo Konyo de Juba, Sudán del Sur. REUTERS/Adriane Ohanesian.



