¿Es inevitable el alivio de la deuda griega?

¿Es inevitable el alivio de la deuda griega?
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A primera vista, los últimos acontecimientos del rescate griego parecen un tanto desconcertantes, sobre todo los relacionados con el alivio de la deuda.

La actual propuesta de los acreedores de Grecia en la eurozona no ofrece alivio de la deuda. Por el contrario, subraya que el alivio de la deuda no está incluido: «las quitas nominales de la deuda no pueden aplicarse».

Sin embargo, al día siguiente de que Grecia aceptara la propuesta, el Fondo Monetario Internacional publicó un informe que muestra que Grecia no puede en absoluto devolver su deuda actual. Esta postura no sorprende en sí misma –el FMI lo viene diciendo desde hace meses–. Pero el momento resultaba desconcertante, porque el FMI había respaldado inicialmente la propuesta. De hecho, los países de la eurozona no habrían aceptado la propuesta en caso contrario.

Para ser sinceros, nadie parece creer que el último rescate (por sí solo) vaya a funcionar, pese a lo que se afirme oficialmente. Ya sea el ministro de Finanzas alemán, el primer ministro griego que aceptó el acuerdo, el director del FMI o los analistas, hay un coro “griego” de fondo que se lamenta de que este rescate solo traerá otra crisis.

En otras palabras, es un enigma desde cualquier punto de vista. Si el alivio de la deuda acabará siendo indispensable, ¿por qué no ofrecerlo ahora? ¿Por qué insistir en reformas fiscales y estructurales que aumentarán el sufrimiento económico de Grecia?

¿Podría ser que los líderes de la eurozona simplemente estén preparando el terreno, aunque con discreción, para una condonación significativa de la deuda en un futuro no muy lejano?

Aquí se explica por qué esa idea podría no ser tan descabellada, y por qué probablemente no haya mejor momento que el actual, con los bancos griegos en crisis, para impulsar reformas como paso previo al alivio de la deuda. Solo hace falta leer entre líneas.

Por qué el alivio de la deuda debe esperar

En primer lugar, proponer hoy un alivio de la deuda sería políticamente peligroso para los líderes de los países acreedores de la eurozona. Sus votantes no confían en Grecia, dadas las numerosas promesas de reforma incumplidas por el país, y muchos consideran injusta la condonación de la deuda.

Para los jubilados de Letonia, que se jubilan en promedio a los 63 años, resulta difícil entender por qué es justo que ellos se sacrifiquen para ayudar a los jubilados de Grecia, que se jubilan en promedio a los 60 años, y a veces a los 50 años. Para los votantes de Finlandia, que pagan un impuesto sobre el valor añadido (IVA) del 24 %, resulta difícil entender por qué es justo que se les grave para respaldar a los votantes de las islas griegas, muchos de los cuales pagan un IVA de solo el 13 %.

Por tanto, los líderes europeos se enfrentan a un dilema sin salida. Grecia no puede recuperarse sin un alivio de la deuda, pero los votantes europeos no aprobarán tal condonación. Para complicar aún más las cosas, los griegos consideran que merecen dicho alivio, ya que han aplicado algunas reformas y su economía sufre.

La actividad económica se ha reducido casi un 30 % desde 2008. Los precios caen un 2 % anual. Los bancos siguen cerrados, lo que limita a los griegos a retiradas de solo 60 € al día. El desempleo general es del 26 %, y el desempleo juvenil, del 50 %. Los refugios para personas sin hogar están desbordados. Muchas personas no pueden acceder a una atención médica adecuada.

Naturalmente, los griegos creen que ya han sufrido bastante.

Por qué insistir en las reformas en medio de las ruinas

Dada la terrible carga económica que soporta Grecia, ¿por qué sus acreedores de la eurozona insisten en reformas fiscales y estructurales que empeorarán aún más las cosas? Las reformas son fundamentales desde el punto de vista financiero, económico y político.

Grecia ya debe más de lo que puede pagar, y su Gobierno sigue pidiendo préstamos porque todavía registra un déficit presupuestario considerable cada año.

El plan de rescate exige reformas fiscales que reducirán drásticamente la necesidad de endeudamiento: Grecia debe garantizar la sostenibilidad financiera de su sistema de pensiones mediante una «reforma integral», racionalizar el IVA y ampliar la base impositiva, e introducir «recortes de gasto casi automáticos» que se activen si el Gobierno no alcanza sus objetivos.

El crecimiento económico sostenible también requiere reformas estructurales. Las leyes y normativas vigentes en Grecia obstaculizan gravemente la actividad empresarial y frenan la creación de empleo, lo que reduce los ingresos fiscales y dificulta que Grecia equilibre su presupuesto. El acuerdo pretende fomentar la competencia, introducir una mayor flexibilidad del mercado laboral y privatizar determinados sectores.

La historia demuestra que estas reformas marcarán una gran diferencia para la economía griega. Reformas similares llevaron a Alemania a la hegemonía económica en Europa y permitieron a China irrumpir con fuerza en la escena económica mundial. Además, es probable que las reformas se aprueben: la mayoría de los griegos respalda con firmeza la pertenencia de su país a la eurozona y está dispuesta a pagar un alto precio para mantenerla.

Pero los beneficios políticos de las reformas son igual de decisivos que sus beneficios financieros y económicos. Al implementar las reformas, Grecia podría aliviar la desconfianza de los países acreedores y reducir la percepción de injusticia del alivio de la deuda. Así, el acuerdo podría hacer políticamente viable que los líderes de estos países propongan una condonación significativa.

Los ajustes asociados a las reformas serán muy dolorosos, y la economía griega ya se encuentra en mal estado. De hecho, fue precisamente para evitar ese dolor, o al menos para repartirlo en el tiempo, por lo que los votantes griegos optaron con tanta frecuencia por frenar o detener las reformas en el pasado. Por desgracia, ralentizar las reformas durante el último año llevó al país a un mayor endeudamiento, lo que precipitó la crisis actual, así que el resto de Europa ya no apoyará esa opción.

Y la única opción que aún tiene Grecia –rechazar por completo a sus acreedores– sería aún peor que las reformas, porque intensificaría la crisis bancaria.

La crisis bancaria aumenta la influencia de Europa

La crisis bancaria –que comenzó después de que el primer ministro Alexis Tsipras sorprendiera a todos a finales de junio con su convocatoria a un referéndum, lo que llevó al Banco Central Europeo a fijar un límite a la cantidad que los bancos griegos podían tomar prestada– es lo que otorga a los acreedores la mayor influencia sobre Grecia.

Para recapitular: el cierre de los bancos en Grecia ha sumido a la economía en una grave crisis, las empresas cierran a un ritmo acelerado y los bancos griegos corren riesgo de insolvencia. Los bancos acaban de reabrir, pero siguen necesitando liquidez con urgencia.

Si los bancos no se recapitalizan pronto, reducirán bruscamente la concesión de crédito y la actividad económica caerá en picado. Grecia se vería obligada a salir de la eurozona y tendría que adoptar una nueva moneda devaluada. A los griegos les resultaría más difícil devolver las deudas denominadas en euros a acreedores extranjeros, y muchos incumplirían. Los impagos retrasarían la vuelta al crecimiento, porque los prestamistas extranjeros serían aún más reacios a conceder crédito en el futuro.

El factor clave del nuevo cálculo político es la incapacidad de Grecia para recapitalizar sus propios bancos. Dado que está tan endeudada, el Gobierno griego no dispone de recursos financieros que pueda destinar a ello. Ya se retrasa en el pago de los gastos habituales. Además, el Banco Central de Grecia renunció a la facultad de recapitalizar los bancos mediante la emisión de nuevo dinero cuando el país adoptó el euro.

Para recapitalizar sus bancos y evitar un colapso económico, Grecia necesita una inyección inmediata de fondos extranjeros. Esto otorga a Europa una influencia sin precedentes para ayudar a Grecia a ayudarse a sí misma. Al condicionar la ayuda actual a reformas inmediatas, Europa modifica el cálculo de los legisladores griegos a la hora de votar propuestas de reforma: aumenta la recompensa de votar sí, porque ayuda a los votantes griegos a evitar una crisis bancaria más profunda, y reduce el coste político de votar sí, porque la propia eurozona asumirá parte del desgaste político.

¿Y qué gana la eurozona? Sus líderes preferirían evitar las incertidumbres y los precedentes de un Grexit. A largo plazo, una economía griega más fuerte importará más de sus productos, lo que impulsará el crecimiento económico en toda la región. Y, por supuesto, una economía griega más sólida necesitará menos alivio de la deuda; ¿quién podría quejarse de eso?

¿Qué pasa con el FMI?

Otro enigma: ¿por qué el FMI aceptaría el acuerdo actual si considera que el alivio de la deuda es fundamental? Hay que tener en cuenta que el FMI quiere maximizar sus posibilidades de recuperar lo prestado. Esas posibilidades aumentan cada vez que Grecia aplica reformas, porque fortalecen la economía.

El FMI también podría beneficiarse indirectamente de las reformas, porque podrían aliviar la oposición política al alivio de la deuda. La condonación por parte de otras instituciones libera recursos en Grecia que pueden destinarse a devolver lo prestado al FMI.

En síntesis, otro incentivo para no exigir un alivio inmediato de la deuda podría ser que esperar es necesario para que se produzcan las reformas, y que estas son políticamente necesarias para que un alivio real de la deuda llegue más adelante.

Indicios de que el alivio de la deuda está en el horizonte

Si los Gobiernos acreedores de la eurozona tienen en mente un plan a largo plazo que incluya un alivio significativo de la deuda, claramente no pueden hablar abiertamente de ello hoy.

No obstante, sus parientes cercanos de la Comisión Europea pidieron esta semana precisamente eso: un eventual “reperfilado” de la deuda de Grecia, condicionado a “un programa de reformas amplio y creíble”. El reperfilado equivale a una condonación implícita de la deuda mediante la ampliación de los plazos de vencimiento, el aplazamiento de los intereses y ajustes similares.

El plan de la eurozona en sí mismo insinúa esta posibilidad. La primera frase destaca la importancia de reconstruir la confianza. Las propuestas de reforma concretas atacan la percepción de injusticia y subrayan que Grecia debe alinearse con las normas políticas vigentes en el resto de Europa. Por ejemplo, «las políticas del mercado laboral deben ajustarse a las mejores prácticas internacionales y europeas».

Y, al final, se esconde una insinuación breve pero explícita de una posible condonación futura:

En este contexto, en el marco de un posible futuro programa [European Stability Mechanisms] … el Eurogrupo está dispuesto a considerar, si fuera necesario, posibles medidas adicionales (posibles períodos de gracia y de pago más largos) destinadas a garantizar que las necesidades brutas de financiación se mantengan en un nivel sostenible.

Por supuesto, este vago gesto hacia la condonación está vinculado de inmediato a la necesidad de reformas: «Estas medidas estarán condicionadas a la aplicación plena de las medidas que se acuerden en un posible nuevo programa».

Así que los griegos y otros que creen que los alemanes están siendo un poco duros con sus exigencias de austeridad sin alivio de la deuda deberían animarse. Las cosas buenas pueden llegar, al final, a quienes esperan y aguantan.

Este artículo se publicó originalmente en The Conversation. Lea el artículo original. La publicación no implica que el Foro Económico Mundial respalde las opiniones expresadas.

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Autora: Carol Osler es profesora de Administración de Empresas en Brandeis University.

Imagen: Se ven monedas de euro frente a una bandera de Grecia expuesta. REUTERS/Dado Ruvic.

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