La tasa de inflación tiene un gran impacto en su situación financiera, ya que afecta a los pagos de la hipoteca, a los ahorros y al coste de la compra semanal.
La evolución del precio de los bienes y servicios en los que gastamos dinero con regularidad es utilizada por los gobiernos y las empresas para tomar la temperatura de la economía de un país. Generalmente se acepta que un crecimiento bajo y previsible es lo mejor para todos. La tasa de inflación mundial se sitúa actualmente en torno al 3,6 %, según el Fondo Monetario Internacional.
Pero si la inflación es demasiado alta o fluctúa mucho, a las empresas les resulta difícil fijar los precios adecuados y a los consumidores planificar su gasto, afirma el Banco de Inglaterra. Si los precios suben drásticamente en poco tiempo, no se puede comprar tanto con la misma cantidad de dinero y puede resultar difícil calcular cuánto vale su dinero.
Y algunos países lastrados por la inestabilidad política y económica —Venezuela, Zimbabue y Sudán del Sur, principalmente— registran tasas de inflación alarmantemente altas, según datos recopilados por Trading Economics.

Venezuela, azotada por la crisis, encabeza una lista de países con los niveles de inflación más altos, con una tasa estimada en casi 300.000 % en abril. Con la turbulencia política y económica sin señales de remitir, el FMI prevé que la tasa se dispare hasta 10 millones por ciento a finales de año.
Alrededor de 4 millones de personas han huido de Venezuela en medio de la incertidumbre política y económica, según la Agencia de la ONU para los Refugiados. La economía tiene ahora menos de la mitad del tamaño que tenía en 2013, ya que la caída de la producción de petróleo, la hiperinflación y la incertidumbre política se han combinado para crear un círculo vicioso que resulta difícil de romper.
En el segundo puesto de la lista, Zimbabue registra actualmente una tasa de inflación de poco menos del 176 %, lo que suscita la preocupación de que el país esté volviendo a la hiperinflación que sufrió hace una década.
Los precios aumentan en medio de la escasez de productos básicos, como el pan, el combustible y los medicamentos. El presidente zimbabuense, Emmerson Mnangagwa, prometió estabilidad tras suceder a Robert Mugabe en 2017, pero parece que la recuperación económica aún no se ha materializado.
Como Zahid Hussain, economista jefe del Banco Mundial, afirma: «El crecimiento económico y la estabilidad política están profundamente interrelacionados. Pero no todas las formas de estabilidad política favorecen por igual el desarrollo; mucho depende de la medida en que la estabilidad se traduzca en una buena gobernanza.»



