En los últimos años, ha surgido un consenso mundial sobre la necesidad de un modelo de crecimiento y desarrollo más inclusivo. Sin embargo, este consenso es principalmente orientativo; el crecimiento inclusivo sigue siendo más un tema de debate que una agenda de acción.
El tema de la Reunión Anual del Foro en Davos esta semana es Liderazgo receptivo y responsable, y hemos publicado un informe que busca ayudar a los países y a la comunidad internacional en general a poner en práctica el crecimiento y el desarrollo inclusivos mediante la propuesta de un nuevo marco de políticas o «modelo de crecimiento» y del correspondiente conjunto de indicadores de políticas y desempeño.
El Informe plantea que muchos países tienen un potencial significativo sin explotar para aumentar simultáneamente el crecimiento económico y la equidad social. Sin embargo, esto exigirá cambiar su enfoque de la reforma estructural y concebirla de nuevo como un proceso continuo de mejora dentro de un ecosistema más amplio de políticas e instituciones tanto del lado de la demanda como de la oferta, cuyo efecto combinado sea difundir las oportunidades, los ingresos, la seguridad y la calidad de vida, es decir, el nivel de vida, como parte del proceso de crecimiento.
Definimos un marco de 15 ámbitos de políticas estructurales y solidez institucional que son importantes motores tanto del crecimiento como de la inclusión. Este ecosistema de políticas constituye el «sistema de distribución del ingreso» implícito —o, más precisamente, el mecanismo de difusión del nivel de vida— que sustenta las economías de mercado modernas. Merece la misma importancia que el enfoque tradicional de los principales responsables de la política económica: las políticas macroeconómicas, comerciales y de supervisión financiera.
Reequilibrar de este modo las prioridades de las políticas supondría un cambio profundo en la manera de conducir la política económica en muchos países y, de hecho, en el «modelo de crecimiento» que gran parte del establishment de la política económica ha defendido durante una generación. En algunas economías, un proceso replanteado de reforma estructural dirigido a ampliar la base y los beneficios del crecimiento puede ser la mejor esperanza para acelerar su ritmo en el contexto actual de rendimientos decrecientes de las medidas monetarias extraordinarias y de limitado margen fiscal.
En bastantes economías avanzadas, este ecosistema de políticas e instituciones se ha deteriorado o ha permanecido inactivo durante las últimas dos décadas, a medida que se intensificaban las fuerzas que impulsan el aumento de la desigualdad: el cambio tecnológico, la integración mundial, la desregulación nacional y el incremento de la inmigración. Mientras tanto, muchos países en desarrollo se han quedado rezagados en la creación de sus elementos básicos a medida que se industrializaban y se integraban en la economía mundial, perdiendo la oportunidad de incluir a una mayor parte de su población en el proceso de desarrollo y haciendo que sus economías fueran más vulnerables a las fluctuaciones de las exportaciones y de los precios de las materias primas.
Hemos creado dos bases de datos de referencia para apoyar a los gobiernos que desean diseñar y supervisar el avance de una estrategia práctica de crecimiento y desarrollo inclusivos. Abarcan 109 países para los que hay datos disponibles. Una de ellas es un nuevo Índice de Desarrollo Inclusivoen el que los países se clasifican según 12 indicadores nacionales clave de desempeño que incluyen, pero van más allá del crecimiento del PIB, al incorporar medidas clave de oportunidad económica, inclusión y sostenibilidad ambiental e intergeneracional. Desde hace mucho tiempo, muchos reclaman una medida alternativa al PIB del desempeño económico nacional, y este es un ejemplo concreto. Comparamos las clasificaciones de ambos.
Basándose en este marco y en estos datos, el Informe recomienda cambios específicos en las prioridades de las políticas nacionales y de la cooperación económica internacional; en efecto, propone una nueva agenda de crecimiento y desarrollo que contribuiría considerablemente al avance hacia los Objetivos de Desarrollo Sostenible y las metas del Acuerdo de París sobre el clima. Sostenemos que se necesita una iniciativa mundial coordinada en esta línea para contrarrestar el estancamiento secular y la dispersión, aumentar el crecimiento y reducir la desigualdad al mismo tiempo, situando el nivel de vida mediano —es decir, a las personas— en el centro de las estrategias nacionales de desarrollo y de la integración económica internacional.
Las frustraciones sociales relacionadas que se expresan en las urnas y en las calles tienen una validez esencial. El sistema implícito de distribución del ingreso en muchas economías claramente no está dando resultados suficientes o está relativamente poco desarrollado, pero esto se debe principalmente a una concepción excesivamente limitada de la política económica estructural y a una falta sostenida de atención a esta, más que a una ley de hierro del capitalismo.
Replantear los supuestos y las prioridades sobre cómo se organizan las economías de mercado modernas para generar progreso socioeconómico solo puede lograrse con la participación de todas las partes interesadas. El Informe se elaboró como parte de la iniciativa multisectorial del Foro Iniciativa del Sistema sobre Crecimiento Económico e Inclusión Sociale incluye contribuciones de cinco organizaciones internacionales, tres empresas y un gobierno del G20. La Iniciativa busca servir a la comunidad internacional como plataforma de cooperación público-privada para ayudar a gobiernos y empresas a convertir la aspiración compartida de crecimiento inclusivo en acción colectiva.



