Cuando uno empieza a profundizar en la cuestión de qué es realmente el dinero, debe estar preparado para cierta dosis de metafísica. El dinero, las divisas y otros medios de intercambio similares difieren notablemente en sus orígenes y en su funcionamiento, y han evolucionado hace muy poco hacia formas apenas comprensibles.
Durante siglos, las monedas acuñadas no solo representaron el valor y la confianza de los bancos, de sus depositantes y, finalmente, de los Estados nacionales, sino que también se consideraban valiosas porque estaban hechas de metales preciosos como el oro y la plata. Estos metales son difíciles de trasladar en grandes cantidades, por lo que los billetes de banco se inventaron ya en el siglo VII en China y llegaron a Europa en el siglo XIII. A diferencia de las monedas, los billetes no se consideraban valiosos en sí mismos, pues se imprimían simplemente sobre papel sin valor. Más bien, funcionaban como una forma de pagaré o reconocimiento de deuda que podía presentarse a los bancos emisores a cambio de su valor nominal en metal precioso, monedas o lingotes.
En el siglo XX, la mayoría de los bancos centrales y gobiernos dejaron de respaldar sus monedas con metales preciosos, aunque los billetes mantienen valores fluctuantes, y algunos son muy demandados como medios de intercambio tanto en el ámbito nacional como internacional. El dólar y el euro son divisas muy apreciadas y preferidas para el comercio internacional, así como para mantener cuentas bancarias privadas.
Ahora existen bitcoins y otras monedas digitales que se componen íntegramente de bloques de ceros y unos, e incluso son «minadas» por máquinas que ejecutan algoritmos. Y a principios de este mes, los bitcoins y otros de su misma clase fueron oficialmente calificados como materias primas por la Commodity Futures Trading Commission, que ahora los regulará.
Así, a medida que los billetes verdes y las monedas de veinticinco centavos de nuestros bolsillos desaparecen poco a poco, sustituidos por cadenas de dígitos almacenadas en nuestros teléfonos inteligentes, y el dinero da un paso más alejándose de estar vinculado a cualquier valor, surge una cuestión filosófica: ¿sigue existiendo el dinero? Y, de ser así, ¿qué le confiere su valor?
¿Qué es el valor sin valor?
El dinero es un bien «fungible», lo que significa que el intercambio de cualquier porción por otra de igual valor no constituye una «apropiación» de bienes. Es decir, no se es propietario de un billete concreto de 100 US$. Se es propietario del valor que representa.
Así han funcionado los bancos desde hace mucho tiempo, pues al depositar dinero no se tiene derecho a recibir de vuelta las mismas monedas o billetes que se depositaron. Así también surgió la banca de «reserva fraccionaria» (en la que los bancos no conservan todo el dinero depositado «en» el banco, sino solo una fracción de él), y no se consideró de algún modo un robo. La gente llevaba su dinero a un banco, recibía un comprobante de depósito que le daba derecho a retirar la misma cantidad más algunos intereses, pero no tenía derecho a recibir las mismas monedas o billetes que había depositado.
El dinero depositado en un banco no se encuentra físicamente en el banco en su totalidad (salvo lo que está en las cajas de seguridad), y no lo ha estado realmente desde que se inventó la banca. Cuando se deposita una suma, legalmente ya no se es propietario del papel ni del otro medio de intercambio utilizado para el depósito. Lo que se posee es una deuda y una obligación del banco de devolver la cantidad equivalente de dinero más intereses.
John Searle ha descrito cosas como el dinero como «una clase especial» de objetos sociales. Es decir, X (monedas, billetes, cadenas de dígitos) funciona como Y (dinero) en el contexto C (una economía, una cafetería, un banco, etc.). En el caso del dinero, cualquier cosa podría, en teoría, asumir el papel de Y incluso sin un X (piénsese en una economía de trueque). Cuando los metales, después los billetes y ahora los bits en la memoria de un ordenador asumen el papel de X, el dinero bien podría ser una Y «independiente», lo que significa que podría existir sin nada que lo represente, salvo la red de estados intencionales (las deudas y obligaciones) que hacen funcionar las formas más familiares de dinero. Su única manifestación física podría ser un apunte en un libro mayor.
Sin estándares de metales preciosos que respalden las monedas nacionales, y en la era de las transacciones digitales, el dinero está cada vez menos ligado a los billetes, del mismo modo que sus vínculos con los metales se han desvanecido. Los libros contables digitales registran los intercambios y las cuentas, y las cadenas de dígitos en la memoria de los ordenadores representan la confianza y el valor que antes atribuíamos a cosas más sólidas, como las monedas, los billetes y los pagarés, ahora en formas digitales más efímeras, de acceso instantáneo, asociadas a teléfonos móviles, ordenadores y tarjetas con chip.
Un mundo nuevo y valiente
Nuevos tipos de criptomonedas (cuya integridad protege la criptografía), como bitcoin y otras, llevan el concepto un paso más allá, al distribuir la función bancaria entre todos sus usuarios, vinculando las transacciones y los libros contables no a una parte concreta, sino a todos los usuarios a la vez. Es similar a los servidores bancarios espejo, pero el bitcoin se replica entre todos los propietarios de bitcoins.
Un bitcoin es tan susceptible de ser poseído como los dólares cuando se depositan en un banco. Sin pasar por la fase de las divisas físicas y fungibles, los bitcoins existen en virtud de sus representaciones en un libro de registro en el ciberespacio. La información codificada en una blockchain masivamente distribuida y actualizada constantemente no permite la exclusividad necesaria para poseer objetos en el sentido tradicional. Pero lo mismo ocurre con la información que registra la mayor parte del dinero del mundo. El dinero en casi todas sus denominaciones existe y fluye en un estado similar, representado por bits digitales.
No obstante, los bitcoins carecen de algunas de las garantías institucionales que otros tipos de dinero tienen gracias a los Estados y sus leyes.
Comerciar con la confianza
Los depositantes de los bancos están protegidos en sus créditos por los Estados, en general, y mediante contratos con sus bancos. El seguro estatal y la garantía contractual de que un banco devolverá lo depositado en él hacen que haya cierta fuerza detrás de nuestra confianza en la continuidad de la riqueza de una persona mientras esté almacenada digitalmente en los servidores de un banco. La blockchain existe en muchos servidores a la vez, distribuidos por todo el universo de propietarios de bitcoins.
Sin seguro gubernamental ni garantías contractuales, solo la confianza mutua mantiene el valor y la integridad del sistema. Lo que poseen los propietarios de bitcoins es la deuda, del mismo modo que quienes tienen dinero en los bancos poseen deudas registradas en bits. No poseen los bits que componen la información que representa esa deuda, ni la información en sí; poseen el objeto social (el dinero) que esos bits representan.
Los libros contables bancarios existen. Son tangibles, aunque digitales, y registran las deudas que se deben las partes entre sí. Aunque el ciberespacio es efímero, sigue siendo real y de base física. Los libros contables digitales de los bancos registran ahora el dinero sin necesidad de transferencias físicas de divisas.
Los bitcoins también existen como registros digitales de obligaciones, codificados físicamente en los servidores de quienes los poseen, propagados y distribuidos para garantizar la transparencia y la seguridad, y cifrados para proteger la privacidad. Los bitcoins son tan reales como el dinero en los bancos. Lo más fascinante de estas nuevas criptomonedas digitales es cuánto revelan sobre la naturaleza surrealista de las divisas y la riqueza en nuestra economía digitalizada.
Si los bitcoins son tan reales como cualquier otro dinero, ¿qué tan real puede ser el dinero?
Este artículo se publica en colaboración con The Conversation. La publicación no implica que el Foro Económico Mundial respalde las opiniones expresadas.
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Autor: David Koepsell es profesor en la Universidad de Búfalo.
Imagen: una cartera de papel de bitcoin con códigos QR y una moneda aparecen en una ilustración. REUTERS/Benoit Tessier.

