Tres años después del inicio de la pandemia, la política fiscal ha avanzado considerablemente hacia la normalización, afirma el Fondo Monetario Internacional.
Tras la publicación de su último Fiscal Monitor los autores analizan cómo las condiciones económicas excepcionales desde la pandemia han dado forma a los resultados fiscales.
Piden políticas coherentes para devolver la inflación a su objetivo, abordar los riesgos para las finanzas públicas protegiendo al mismo tiempo a los más vulnerables, y salvaguardar la estabilidad financiera.
Tres años después del inicio de la pandemia, la política fiscal ha avanzado considerablemente hacia la normalización. Los gobiernos han retirado el apoyo fiscal excepcional, y la deuda pública y los déficits están bajando desde niveles récord. Esto ocurre en un contexto de inflación elevada, aumento de los costos de endeudamiento, una perspectiva de crecimiento más débil y riesgos financieros elevados. La sostenibilidad de la deuda es motivo de preocupación en muchos países.
Nuestro último Fiscal Monitor analiza cómo las condiciones económicas excepcionales desde la pandemia han dado forma a los resultados fiscales. Pide políticas coherentes para devolver la inflación a su objetivo, abordar los riesgos para las finanzas públicas protegiendo al mismo tiempo a los más vulnerables, y salvaguardar la estabilidad financiera.
Navegar tiempos volátiles
Tras el aumento histórico de 2020 de la deuda pública hasta casi el 100 por ciento del producto interno bruto, debido a la contracción económica y al enorme apoyo gubernamental, los déficits fiscales han disminuido desde entonces, a medida que han terminado las medidas fiscales excepcionales relacionadas con la pandemia.
Casi tres cuartas partes de los países endurecieron tanto la política fiscal como la monetaria el año pasado. Como resultado, en los últimos dos años la deuda mundial registró la mayor caída en 70 años y se situó en el 92 por ciento del PIB a finales del año pasado, todavía unos 8 puntos porcentuales por encima de las proyecciones previas a la pandemia. Los déficits primarios también están disminuyendo rápidamente y se acercan a los niveles previos a la pandemia.
Tras caer abruptamente en 2020, el PIB nominal se disparó en los últimos dos años en muchos países, lo que favoreció las finanzas públicas. Esto refleja tanto una fuerte recuperación económica como el inesperado repunte de la inflación, que impulsó un crecimiento del PIB nominal y de los ingresos fiscales superior al esperado.
En promedio, las economías avanzadas y de mercados emergentes (excluida China) redujeron su deuda en alrededor del 2 al 3 por ciento del PIB el año pasado, gracias en gran parte a las sorpresas inflacionarias. El ritmo de la reducción de los déficits y de la deuda varió según la rapidez con que los países salieron de la pandemia y según cómo les afectaron las crisis posteriores. Los países que afrontaron una crisis energética o alimentaria más grave endurecieron sus políticas de forma más gradual, ya que los gobiernos compartieron la carga para proteger a los hogares y las empresas mediante medidas tanto focalizadas como no focalizadas.
El papel de las sorpresas inflacionarias en la reducción de la deuda estuvo determinado por el tamaño y la composición de la deuda de cada país. Los países con niveles iniciales de deuda elevados, combinados con sorpresas inflacionarias importantes y un crecimiento sólido, experimentaron reducciones significativas de su deuda. La depreciación del tipo de cambio, los déficits primarios y el aumento de los costos de endeudamiento desempeñaron un papel mayor en la configuración de la dinámica de la deuda en algunas economías de mercados emergentes y países de bajos ingresos, lo que limitó los efectos de la mayor inflación sobre los coeficientes de deuda.
Las restricciones presupuestarias más estrictas han agravado un ejercicio de equilibrio ya difícil para los países de bajos ingresos, dificultando aún más el avance hacia los Objetivos de Desarrollo Sostenible de la ONU. Los países también se han visto muy afectados por la crisis del costo de la vida y la inseguridad alimentaria, lo que ha frenado la reducción de la pobreza a nivel mundial.
Apoyo a la estabilidad
Las perspectivas a corto plazo son complejas. Ante la inflación elevada, el endurecimiento de las condiciones de financiamiento y el elevado nivel de deuda, los responsables de políticas deberían priorizar que la política fiscal sea coherente con las políticas de los bancos centrales para promover la estabilidad de precios y financiera.
Muchos países necesitarán una postura fiscal restrictiva para respaldar el proceso de desinflación en curso, especialmente si la inflación elevada resulta más persistente. Una política fiscal más restrictiva permitiría a los bancos centrales subir las tasas de interés en menor medida de lo que lo harían de otro modo, lo que ayudaría a contener los costos de endeudamiento de los gobiernos y a mantener bajo control las vulnerabilidades financieras.
Las políticas fiscales más restrictivas exigen redes de protección social mejor focalizadas para proteger a los hogares más vulnerables, incluido el abordaje de la inseguridad alimentaria, al tiempo que se contiene el crecimiento del gasto general, ya que es probable que los gobiernos enfrenten presiones sociales para compensar los aumentos pasados del costo de la vida.
Sin embargo, los riesgos son elevados, y los responsables de políticas deberán estar preparados para responder con rapidez. Si las turbulencias financieras se convierten en una crisis sistémica, la política fiscal podría necesitar intervenir con rapidez para facilitar la resolución. Si la actividad económica se debilita sustancialmente y el desempleo aumenta, los gobiernos deberían permitir que los estabilizadores automáticos funcionen (por ejemplo, permitiendo que los déficits aumenten a medida que suben las prestaciones por desempleo o caen los ingresos fiscales), especialmente si las presiones inflacionarias están bajo control y existe espacio fiscal disponible.
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Reducir las vulnerabilidades de la deuda y reconstruir los colchones fiscales con el tiempo es una prioridad primordial. Pese al endurecimiento fiscal gradual previsto en los próximos años, proyectamos que la deuda pública mundial aumentará, impulsada por algunas grandes economías avanzadas y de mercados emergentes. En términos más generales, las preocupaciones por las vulnerabilidades de la deuda se han intensificado en muchos países. En las economías en desarrollo de bajos ingresos, el aumento de los costos de endeudamiento también pesa sobre las finanzas públicas, y 39 países ya se encuentran en situación de dificultades de deuda o cerca de ella.
Los países deberían intensificar los esfuerzos para desarrollar marcos fiscales creíbles basados en el riesgo que reduzcan las vulnerabilidades de la deuda con el tiempo y generen el margen necesario para afrontar futuras perturbaciones. Los marcos fiscales reforzados pueden combinar instituciones fortalecidas con normas fiscales renovadas. Los planes fiscales a mediano plazo deberían incluir un compromiso de política creíble para lograr la sostenibilidad de la deuda, es decir, anunciar medidas o reformas específicas de gasto e ingresos, al tiempo que se permite flexibilidad para ajustarse a las perturbaciones.
Los países de bajos ingresos enfrentan desafíos especialmente graves. Los esfuerzos renovados para aumentar los ingresos son fundamentales para restablecer la sostenibilidad fiscal, afrontar la crisis del costo de la vida y alcanzar los Objetivos de Desarrollo Sostenible. Pese a múltiples oleadas de reformas tributarias, los ingresos siguen siendo insuficientes de forma persistente, por debajo de los niveles que permitan al Estado desempeñar su papel en el desarrollo sostenible e inclusivo. La cooperación internacional es crucial para ayudar a estos países a resolver cargas de deuda insostenibles de manera ordenada y oportuna.
— Este blog se basa en el Capítulo 1 del Fiscal Monitor de abril de 2023: “On the Path to Policy Normalization.”





