La economía mundial está repuntando. Ahora debemos centrarnos en hacerla inclusiva, afirma el FMI

A man walks in front of the (L-R) Bank of China Tower, Cheung Kong Center, HSBC bank and Standard Chartered bank at the financial central district in Hong Kong, China June 24, 2016. REUTERS/Bobby Yip - RTX2HX4H
Among emerging economies, China remains a major driver of world economic developments.Image: REUTERS/Bobby Yip
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Hoy hemos publicado nuestra actualización de las Perspectivas de la economía mundial.

La acumulación de datos recientes sugiere que el panorama económico mundial empezó a cambiar en el segundo semestre de 2016. La evolución desde el verano pasado apunta a un impulso de crecimiento algo mayor al comenzar el nuevo año en varias economías importantes. Por ello, parece cada vez más probable que se cumpla nuestra proyección anterior de que el crecimiento mundial repuntaría en 2017 y 2018 desde el ritmo anémico del año pasado. Al mismo tiempo, observamos una mayor dispersión de los riesgos para este pronóstico a corto plazo, que siguen inclinándose a la baja. La incertidumbre ha aumentado.

Nuestra proyección central es que el crecimiento mundial aumentará hasta el 3,4 % en 2017 y el 3,6 % en 2018, frente al 3,1 % de 2016. Gran parte del mejor desempeño del crecimiento que esperamos este año y el próximo se debe a mejoras en algunas grandes economías emergentes y de bajo ingreso que atravesaron tensiones excepcionales en 2016. Dicho esto, en comparación con nuestra evaluación de octubre, ahora creemos que una mayor parte del impulso provendrá de mejores perspectivas en Estados Unidos, China, Europa y Japón.

Un ritmo de expansión más rápido sería especialmente bienvenido este año: el crecimiento mundial de 2016 fue el más débil desde 2008–09, debido a un primer semestre difícil, marcado inicialmente por la turbulencia en los mercados financieros mundiales. La mejora general comenzó hacia mediados de año. Por ejemplo, los indicadores amplios de la actividad manufacturera en las economías emergentes y avanzadas se han situado en terreno expansivo y han aumentado desde comienzos del verano. En muchos países, las presiones bajistas previas sobre la inflación general se moderaron, en parte debido al repunte de los precios de las materias primas.

Tras las elecciones presidenciales de Estados Unidos se produjo una importante reevaluación de los activos. Sus elementos más destacados fueron un fuerte aumento de las tasas de interés estadounidenses a largo plazo, la apreciación de los mercados de renta variable y el aumento de las expectativas de inflación a largo plazo en las economías avanzadas, así como movimientos bruscos en sentidos opuestos del dólar —al alza— y el yen —a la baja—. Al mismo tiempo, los mercados de renta variable de las economías emergentes retrocedieron en general, mientras sus monedas se debilitaban.

Por supuesto, los mercados de activos se ajustan no solo a acontecimientos actuales inesperados, sino también a cambios en las expectativas sobre acontecimientos futuros. La mayoría de los comentaristas interpretaron los movimientos posteriores a las elecciones como una señal de que la política fiscal estadounidense sería más expansiva y exigiría un ritmo más rápido de aumento de las tasas de interés por parte de la Reserva Federal. Los mercados han observado que, por primera vez en seis años, la Casa Blanca y el Congreso están en manos del mismo partido, y que ese cambio apunta a tasas impositivas más bajas y posiblemente a un mayor gasto en infraestructura y defensa.

A la luz del impulso de la economía estadounidense al comenzar 2017 y del probable cambio en la combinación de políticas, hemos elevado moderadamente nuestras proyecciones de crecimiento de Estados Unidos para los próximos dos años. Sin embargo, en esta etapa inicial, los detalles de la futura legislación fiscal siguen sin estar claros, al igual que el grado del aumento neto del gasto público y sus efectos resultantes sobre la demanda agregada, la producción potencial, el déficit federal y el dólar.

Por tanto, el abanico de riesgos al alza y a la baja para este pronóstico es más amplio de lo habitual. Un aumento sostenido del crecimiento sin inflación, caracterizado por una mayor participación laboral y una expansión significativa del capital y la infraestructura de Estados Unidos, permitiría un ritmo más moderado de aumento de las tasas de interés, acorde con el mandato de estabilidad de precios de la Reserva Federal.

A la baja, si un aumento de la demanda impulsado por la política fiscal choca con restricciones de capacidad más rígidas, será necesaria una trayectoria más pronunciada de las tasas de interés para contener la inflación; el dólar se apreciará bruscamente, el crecimiento real será menor, aumentará la presión presupuestaria y se ampliará el déficit de la cuenta corriente de Estados Unidos.

Este último escenario, en el que se amplían los desequilibrios mundiales, intensifica el riesgo de medidas proteccionistas y respuestas de represalia. También implicaría un endurecimiento de las condiciones financieras mundiales más rápido de lo previsto, lo que podría generar tensiones en muchas economías emergentes y algunas de bajo ingreso. Algunos exportadores de materias primas de economías emergentes, sobre todo de bajo ingreso, podrían beneficiarse de precios de exportación más altos, pero los importadores saldrían perdiendo. Los detalles de la combinación de políticas de Estados Unidos son importantes; a medida que se aclaren, ajustaremos nuestro pronóstico y nuestra evaluación de los efectos de contagio.

Entre las economías emergentes, China sigue siendo un factor determinante de la evolución económica mundial. La revisión al alza de nuestra proyección de crecimiento de China para 2017 es un factor clave que sustenta la aceleración prevista de la recuperación mundial el próximo año. Este cambio refleja la expectativa de que se mantenga el apoyo de las políticas; sin embargo, sigue existiendo el riesgo de una desaceleración brusca o disruptiva en el futuro, dada la rápida expansión continua del crédito, el deterioro de la deuda empresarial y el persistente apoyo público a empresas estatales ineficientes.

A escala mundial, otras vulnerabilidades incluyen una mayor aversión popular al comercio, la inmigración y la cooperación multilateral en Estados Unidos y Europa; niveles elevados y generalizados de deuda pública y privada; el cambio climático en curso —que afecta especialmente a los países de bajo ingreso—; y el lento crecimiento persistente y las presiones deflacionarias en varios países avanzados. En Europa, las condiciones de la salida del Reino Unido de la Unión Europea siguen sin resolverse y el calendario de elecciones nacionales próximas está muy cargado, con posibles repercusiones económicas adversas a corto y largo plazo.

Seguimos recomendando un enfoque de política de tres frentes que combine políticas fiscales y estructurales con la política monetaria, adaptado a las circunstancias de cada país.

Algunas economías avanzadas operan ahora cerca de su plena capacidad, por ejemplo, Alemania y Estados Unidos. En ellas, la política fiscal debería centrarse no en apoyar la demanda a corto plazo, sino en aumentar la producción potencial mediante inversiones en la infraestructura y las competencias necesarias, así como en una reforma tributaria equitativa y favorable a la oferta. Los responsables de formular políticas en estas economías también deberían prestar atención a la sostenibilidad fiscal a largo plazo, mientras que la política monetaria puede seguir una trayectoria de normalización dependiente de los datos.

La reforma estructural sigue siendo una prioridad en todas partes, dada la persistente debilidad del crecimiento de la productividad, aunque en muchos casos un apoyo fiscal adecuado puede aumentar la eficacia de las reformas sin empeorar la posición fiscal de los gobiernos.

La resiliencia financiera es otra prioridad universal y requiere marcos regulatorios financieros más sólidos y mejor enfocados en las áreas problemáticas clave. Los países pueden hacer mucho por cuenta propia para mejorar la supervisión y las instituciones financieras, pero no todo; por ello, es vital mantener la cooperación multilateral en materia de regulación financiera.

El desarraigo social provocado por la globalización y, aún más, por el cambio tecnológico es un gran desafío que solo se intensificará en el futuro. Uno de sus resultados ha sido el aumento de la desigualdad y el estancamiento de los salarios en muchos países. Sin embargo, revertir la integración económica impondría costos económicos agregados sin reducir la necesidad de que los gobiernos inviertan en una fuerza laboral bien capacitada y adaptable, junto con políticas que permitan adecuar mejor las competencias a los empleos disponibles.

En este día de Martin Luther King Jr. en Estados Unidos, conviene reconocer una conclusión clave de 2016: el crecimiento sostenible también debe ser inclusivo.

Image: FMI
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