Una mayor productividad es uno de los ingredientes clave para un mayor crecimiento económico y mayores ingresos, señalan cuatro expertos del FMI.
Existen dos canales principales a través de los cuales la pandemia podría influir en la productividad: la aceleración de la digitalización y la reasignación de trabajadores y capital.
Para que los beneficios de las inversiones intangibles en productividad se materialicen y se compartan ampliamente, las políticas deben desempeñar un papel fundamental.
Producir y consumir más bienes y servicios con la misma cantidad de trabajo suena demasiado bueno para ser verdad. De hecho, es perfectamente posible. Una mayor productividad es uno de los ingredientes clave para un mayor crecimiento económico y mayores ingresos. Se trata de cómo los trabajadores se vuelven más productivos.
Para muchos de nosotros, la pandemia de COVID-19 ha cambiado la forma en que trabajamos y gastamos. La cuestión es cómo estos cambios afectarán a nuestra productividad, tanto ahora como en el futuro.
La pandemia aceleró el cambio hacia la digitalización y la automatización.
Si bien es difícil prever la productividad a largo plazo, especialmente en el entorno actual, existen dos canales principales a través de los cuales la pandemia podría influir en la productividad: la aceleración de la digitalización y una reasignación de trabajadores y capital (p. ej., máquinas y tecnologías digitales) entre distintas empresas e industrias. Nuestra nota reciente analiza cómo funciona todo esto.
Impulso a la productividad
La pandemia aceleró el cambio hacia la digitalización y la automatización, incluido el comercio electrónico y el trabajo a distancia, y es poco probable que estas tendencias se reviertan.
Es probable que estos cambios afecten a la productividad. Las inversiones recientes en herramientas digitales, desde las videoconferencias y las aplicaciones para compartir archivos hasta los drones y las tecnologías de minería de datos, pueden hacernos más eficientes en nuestro trabajo. Como muestra el gráfico siguiente, en una muestra de 15 países durante 1995–2016, un aumento del 10 % en la inversión en capital intangible (que es donde se registran activos como las tecnologías digitales en las estadísticas nacionales) se asocia con un aumento de alrededor del 4½ % en la productividad laboral, lo que probablemente refleja el papel del capital intangible en la mejora de la eficiencia y las competencias.
En comparación, un aumento del capital tangible (como edificios y maquinaria) se asocia con un aumento ligeramente menor de la productividad. A medida que la COVID-19 remite, las empresas que invirtieron en activos intangibles, como las tecnologías digitales y las patentes, podrían registrar una mayor productividad como resultado.
Sin embargo, es probable que los beneficios no se distribuyan de manera uniforme entre todos. Dado que la inversión en intangibles es sensible a las condiciones crediticias, la inversión en intangibles podría desacelerarse si las condiciones financieras se endurecen o si los balances de las empresas se deterioran como consecuencia de la crisis. Estos acontecimientos, junto con el hecho de que muchas grandes empresas dominantes (especialmente en los sectores de servicios digitales) tuvieron un mejor desempeño que sus competidores durante la crisis, podrían contribuir a un aumento del poder de mercado, lo que podría sofocar la innovación con el tiempo.
Además, algunos empleos vulnerables a la automatización podrían no recuperarse nunca, lo que podría traducirse en pérdidas de empleo, desempleo prolongado y trabajadores que tendrían que buscar empleo en sectores distintos, donde sus competencias actuales quizá no encajen bien. Este sería el otro lado, más oscuro, de la moneda de las ganancias de productividad derivadas de una mayor digitalización.
Reasignación durante la pandemia
Dado que la pandemia ha afectado de forma muy distinta a los sectores, es probable que se esté produciendo cierto grado de «reasignación de recursos», por ejemplo, desplazamientos de trabajadores entre empresas a medida que son despedidos o contratados. Esto ocurre por al menos dos razones (posiblemente relacionadas): (i) la rotación de empresas que entran y salen del mercado y (ii) los cambios en la demanda de los consumidores.
En primer lugar, el flujo de trabajo y de capital hacia las empresas más productivas normalmente impulsa la productividad y puede ayudar a amortiguar el golpe de una recesión (por ejemplo, si los trabajadores despedidos son recontratados por empresas más productivas). Como muestra el gráfico siguiente, un análisis basado en datos a nivel de empresa de 19 países durante 20 años revela que los sectores con mayor reasignación de recursos tienden a experimentar una disminución significativamente menor de la productividad total de los factores durante las recesiones y a recuperarse más rápido.
Las medidas de política pueden influir en el grado de reasignación entre empresas y, por ende, en el crecimiento de la productividad, pero su dirección es incierta. Por ejemplo, un apoyo fiscal generalizado durante una crisis podría favorecer la productividad si ayuda a las empresas con mayor potencial para sobrevivir. Sin embargo, también podría mantener los recursos atrapados en empresas menos productivas, lo que podría frenar el crecimiento general de la productividad. Aún no se sabe en qué medida se compensan entre sí estas fuerzas, y ello depende de cuánto trabajo y capital fluya hacia las empresas más productivas.
En segundo lugar, el desplazamiento de la demanda desde los servicios presenciales, donde la producción por trabajador suele ser relativamente baja (por ejemplo, restaurantes, turismo y comercio minorista tradicional), hacia soluciones digitales y sectores donde la producción por trabajador es mayor (por ejemplo, comercio electrónico y trabajo a distancia), sugiere que la reasignación de recursos entre sectores puede haber elevado la productividad general. Sin embargo, los efectos duraderos de todos los cambios que se han producido durante la pandemia son muy inciertos, y es probable que algunos sectores se recuperen (por ejemplo, el turismo), mientras que otros experimenten cambios más permanentes (por ejemplo, el comercio minorista).
Las políticas pueden ayudar
Garantizar una reasignación eficiente de recursos, al tiempo que se protege a los grupos vulnerables, puede favorecer una recuperación sólida. Esto puede lograrse de múltiples maneras, entre ellas:
Garantizar que el capital de las empresas fracasadas se destine rápidamente a un uso más eficiente, mediante políticas como procedimientos de insolvencia y reestructuración mejorados.
Fomentar la competencia para permitir la entrada y salida de empresas y contribuir a frenar el poder de mercado.
Apoyar a los trabajadores desplazados, reorientando gradualmente el apoyo de las políticas de la retención a la reasignación, para facilitar la adaptación a la nueva normalidad a medida que la recuperación cobra impulso. Los esfuerzos para reciclar profesionalmente a los trabajadores, incluso mediante la formación en el puesto de trabajo, también contribuirán a favorecer la inclusión, así como a impulsar el capital humano y fortalecer el crecimiento potencial.
Por último, para cosechar los beneficios que la inversión en intangibles aporta a la productividad, es esencial garantizar un acceso adecuado a la financiación para las empresas viables.
Pese a los daños económicos causados por la pandemia de COVID-19, las inversiones en tecnología y conocimientos técnicos podrían ayudar a impulsar la productividad. Sin embargo, para que esto se materialice y se comparta ampliamente, las políticas tienen un papel fundamental que desempeñar.




