¿Cómo cambiaría la crisis de Grecia una unión bancaria completa?

¿Cómo cambiaría la crisis de Grecia una unión bancaria completa?
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Los bancos griegos se encuentran en el centro de la crisis actual. Solo sobreviven gracias a la liquidez de emergencia del BCE y podrían verse obligados pronto a someterse a una nueva reestructuración, o a algo peor. Sin embargo, no son los problemas propios de los bancos los que han provocado la enorme fuga de capitales de las últimas semanas. Más bien, lo es la incertidumbre política que rodea al país y a sus responsables políticos. Eso es lo que induce a la gente a hacer cola para retirar su dinero.

Este problema se habría mitigado si los responsables de la UE hubieran podido poner en marcha, a estas alturas, una unión bancaria plenamente operativa. Una unión bancaria completa comprende normalmente tres pilares: supervisión bancaria conjunta, resolución bancaria conjunta y seguro de depósitos conjunto. Pero en Europa, no. La estructura actual de la UE se parece, en el mejor de los casos, a un taburete de una sola pata. Finalmente se acordó un Mecanismo Único de Supervisión (MUS), que lleva funcionando desde hace unos meses. El segundo pilar, denominado Mecanismo Único de Resolución (MUR), no estará operativo antes de enero de 2016. El tercer pilar, un seguro de depósitos a escala de la UE, no llegará en absoluto, al menos en un futuro próximo.

¿Cómo ayudaría a Grecia una unión bancaria genuina? Los bancos griegos sufren un problema heredado: mantienen una proporción desmesurada de deuda soberana griega (Acharya et al. 2014, Beltratti y Stulz 2015). A medida que se deterioran las finanzas del Estado, los bancos disponen de garantías de alta calidad insuficientes para justificar nuevas financiaciones de emergencia del BCE. Un MUS bien gestionado nunca habría permitido que un banco griego concentrara sus activos en deuda soberana arriesgada, de modo que el deterioro de la calificación crediticia de un único soberano no habría generado los problemas de liquidez a los que se enfrentan hoy los bancos griegos. Considérese, en cambio, la situación actual de Puerto Rico. Si Puerto Rico incumple sus obligaciones, no hundirá el sistema bancario local (pese a que Puerto Rico está atrapado en una unión monetaria con Estados Unidos sin una unión fiscal significativa).

Un mecanismo de resolución de la UE operativo y creíble habría permitido gestionar adecuadamente a los bancos griegos en tiempos de crisis. En particular, si se hubiera aplicado correctamente, las partes vitales de la banca minorista podrían haberse salvado: el fracaso de un banco no implica el cierre de la banca personal (Gordon y Ringe 2015). Esto habría aliviado la presión sobre los depositantes para retirar su dinero.

Por último, los depósitos griegos están garantizados hasta 100.000 euros, pero las finanzas del Estado son insuficientes para que este seguro sea creíble. El fondo griego de garantía de depósitos asciende solo a 3.000 millones de euros, lo que no basta para cubrir la demanda de todos los depositantes que deseen retirar su dinero. De todos modos, las arcas del Estado están vacías. Un Sistema Único de Garantía de Depósitos, en cambio, habría constituido un colchón creíble para los presupuestos de todos los miembros de la eurozona, un seguro que merecería su nombre.

En resumen, una verdadera unión bancaria habría desvinculado a los bancos del soberano, lo que habría sido muy útil para los bancos griegos en su actual situación desesperada. Pero, más allá de eso, una verdadera unión bancaria no solo sería útil para los bancos griegos, sino para el país en su conjunto. Si Grecia incumpliera sus obligaciones pero el sistema bancario sobreviviera, la economía estatal podría contraerse, pero no se derrumbaría; el turismo no desaparecería, porque los turistas pueden usar los cajeros automáticos y sus tarjetas de crédito; el sistema de pagos no correría peligro. Además, una unión bancaria en funcionamiento habría generado, ex ante, cierta disciplina en el endeudamiento soberano, porque no habría existido un comprador cautivo de deuda soberana nacional. En otras palabras, una unión bancaria habría separado la actividad (empresarial) de la banca de las calamidades (políticas) del país.

Así, la incompletitud y la lenta puesta en marcha de la unión bancaria se revelan como una fuente de debilidad para los bancos griegos y para todo el país. Los negociadores de ambos bandos, y en particular quienes han frenado el seguro de depósitos conjunto, son responsables de este callejón sin salida. El problema, por supuesto, es cómo abordar la actual cuestión de la transición. Lo que se está planteando parece ser que el Mecanismo Europeo de Estabilidad (MEDE) canjee la deuda soberana griega en poder de los bancos por garantías de buena calidad, en apoyo no de Grecia sino de la unión bancaria, durante este periodo de transición. Sin embargo, estas medidas de emergencia no resuelven los problemas estructurales más profundos señalados aquí en el diseño de la unión bancaria, que aún deben abordarse para estabilizar el sistema bancario griego a largo plazo.

Referencias

Acharya, V. V., I. Drechsler y P. Schnabl (2014), “A Pyrrhic victory? Bank bailouts and sovereign credit risk”, Journal of Finance 69, pp. 2689-2739

Beltratti, A. y R. M. Stulz (2015), “Bank Sovereign Bond Holdings, Sovereign Shock Spillovers, and Moral Hazard during the European Crisis”, documento de trabajo NBER n.º 21150.

Gordon, J. N. y W. G. Ringe (2015), “Bank Resolution in the European Banking Union: A Transatlantic Perspective on What It Would Take”, Columbia Law Review 115, pp. 1297-1369

Este artículo se publica en colaboración con VoxEU. La publicación no implica que el Foro Económico Mundial respalde las opiniones expresadas.

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Autor: Jeffrey N. Gordon es titular de la cátedra Richard Paul Richman en la Columbia Law School, codirector del Millstein Center for Global Markets and Corporate Ownership, codirector del Richman Center for Business, Law and Public Policy y miembro (Fellow) del European Corporate Governance Institute. Georg Ringe es catedrático de Derecho Mercantil Internacional en la Copenhagen Business School.

Imagen: Manifestantes sostienen banderas de la Unión Europea y de Grecia. REUTERS/Christian Hartmann.

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