China tiene debilidad por las megaciudades. El país está construyendo una megaciudad a partir de una región de nueve ciudades en el delta del río Perla, otras dos más al norte y, ahora, una megaciudad que podría superar la población total de la mayoría de los países.
En su última iniciativa, el Gobierno chino ha anunciado planes para convertir a Pekín (población actual: 20 millones) en el centro de una megaciudad de 82.000 millas cuadradas llamada Jing-Jin-Ji, que eventualmente tendrá 130 millones de habitantes. Eso la convertirá en más poblada que Japón, por unos 3 millones de personas.
Al formar una nueva megaciudad, la idea es combinar los recursos de cada región circundante: los amplios recursos financieros y las capacidades de investigación de Pekín, el acceso portuario de Tianjin al mar de Bohái y los desarrollos tecnológicos de la provincia de Hebei. Las autopistas y puentes de nueva construcción, como el que une la ciudad central de Yanjiao con Pekín, conectarán las ciudades.
Sin embargo, el país se está dando cuenta rápidamente de que el crecimiento extremo viene cargado de desafíos.
La prisa por poblar los nuevos rascacielos significa que más personas necesitarán infraestructura básica, que China aún no ha construido. Hospitales, escuelas y transporte ya van a la zaga de la avalancha de nuevos habitantes en lugares como Yanjiao, uno de los suburbios más grandes de Pekín.
“Los servicios son malos”, declaró a The New York Times Zheng Linyun, que vive en Yanjiao. Zheng trabaja en Pekín y viaja a diario cinco horas. Su pequeño de 6 años estudia en un aula abarrotada de niños.
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El crecimiento de Pekín en las últimas décadas. El rojo indica crecimiento urbano.
Las líneas ferroviarias de alta velocidad, concebidas para reducir el trayecto de tres horas entre Pekín y Tianjin a poco más de media hora, ya registran aglomeraciones. Y salpicando las principales ciudades de la megalópolis planificada (Pekín, Tianjin y la provincia de Hebei) hay “autopistas decapitadas”, rutas principales que serpentean por el país pero que, en última instancia, no conectan nada.
Normalmente, los impuestos sobre la propiedad aliviarían la carga. Pero, según informa The Times, China no los tiene. En cambio, el país depende de la venta de terrenos para generar ingresos fiscales, algo que la acaudalada Pekín no tiene intención de compartir con las ciudades más pequeñas, incluso después de que se redibujen las fronteras.
A largo plazo, la cuestión fiscal podría convertirse en una amenaza importante para la sostenibilidad del proyecto. Pero, teniendo en cuenta lo rápido que China ha logrado construir enormes ciudades en el pasado, no se sorprenda si el proyecto tiene éxito de todos modos, aunque sea solo en apariencia.
Este artículo se publica en colaboración con Business Insider. La publicación no implica el respaldo de las opiniones por parte del Foro Económico Mundial.
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Autor: Chris Weller se incorporó a Business Insider en 2015 como reportero de ideas.
Imagen: Trabajadores se encuentran frente a una obra de construcción tras una jornada laboral en el distrito central de negocios de Pekín, 25 de junio de 2015. REUTERS/Jason Lee.

