Cómo detectar sesgos implícitos en encuestas sobre desarrollo

Cómo detectar sesgos implícitos en encuestas sobre desarrollo
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El año pasado estuve en Nairobi, Kenia, junto con algunos de mis colegas del Informe sobre el desarrollo mundial (WDR) 2015, Mente, sociedad y conducta. Estábamos allí para organizar la recopilación de datos de un estudio en cuatro países. Uno de los objetivos de este estudio era replicar los resultados de experimentos de laboratorio que sugerían que la pobreza es un contexto que condiciona la toma de decisiones económicas de los hogares.

Una de nuestras preguntas de replicación fue una viñeta propuesta por Sendhil Mullainathan y Eldar Shafir en su libro Scarcity.[1] Esta viñeta mide si la experiencia de la pobreza elimina algunas incoherencias de comportamiento que presentan las personas más acomodadas. Los hallazgos de Shafir y Mullainathan muestran que los viajeros en Princeton, Nueva Jersey, tenían más probabilidades de decir que irían a otra tienda para obtener un descuento de 50 dólares al comprar un producto de 100 dólares que al comprar uno de 1.000 dólares. Sin embargo, las personas menos acomodadas de un comedor social en Trenton, Nueva Jersey, no mostraron este tipo de incoherencia. Para ellas, la utilidad marginal del dinero se mantuvo constante, independientemente del coste del producto hipotético.

Con el objetivo de replicar esta pregunta en cuatro países en desarrollo, llevamos la viñeta al terreno, empezando por Nairobi. Después de pasar dos días probando sobre el terreno este escenario hipotético, me sorprendió que la mayoría de los encuestados, en particular los de hogares de bajos ingresos, dijeran que no viajarían para obtener el descuento. ¿Por qué todos dudaban en desplazarse, independientemente del importe del descuento? ¿Por qué parecían mostrar las preferencias de las personas más acomodadas de Estados Unidos?

Algo sorprendido por esta discrepancia, pregunté a varios encuestados cuáles eran los motivos de su elección. Una persona respondió con toda sencillez: «No hay garantía de que el producto siga allí cuando cruce la ciudad. Es muy probable que se haya agotado para cuando llegue». ¡Por supuesto! Al dar por sentada la disponibilidad del producto, habíamos permitido que nuestros propios sesgos implícitos, basados en nuestros modelos mentales, influyeran en el diseño de la pregunta. Como la pregunta original se había realizado en Estados Unidos, un país desarrollado, la pregunta presuponía que, por lo general, la disponibilidad no era un problema. Sin embargo, para los encuestados de comunidades menos acomodadas, este supuesto no era explícito. Se aplicaba el principio de escasez general y no se podía dar por sentada la disponibilidad de un artículo, sobre todo si para conseguirlo había que cruzar la ciudad. Así pues, al no incluir la palabra «garantía» en la viñeta, no estábamos midiendo su disposición a desplazarse para obtener el descuento (y, de manera indirecta, su utilidad marginal del dinero), sino su incertidumbre sobre si el producto estaría disponible al otro lado de la ciudad.

Esto plantea interrogantes más amplios sobre los desafíos de recopilar datos de alta calidad, especialmente cuando el objetivo es medir los comportamientos y las actitudes de los hogares pobres. A partir de nuestra comprensión de la bibliografía sobre ciencias del comportamiento, algunas técnicas que utilizamos sobre el terreno para garantizar una mejor calidad de los datos fueron:

1) Diseñar encuestas más breves: Como explica el WDR 2015, todos tenemos una capacidad cognitiva limitada. Las difíciles decisiones constantes del día a día asociadas a la pobreza pueden agotar la capacidad mental de una persona y reducir su atención. Por lo tanto, diseñar encuestas más breves puede contribuir a que los encuestados presten más atención (aunque no lo garantiza) y a obtener respuestas de mayor calidad.

2) Introducir distancia personal: Esto puede ayudar a superar el sesgo de cortesía y obtener respuestas conductuales más precisas, sobre todo cuando los temas son delicados y estigmatizados. Una forma de introducir distancia es formular preguntas en forma de viñetas o situaciones hipotéticas sobre los propios encuestados o sobre un amigo o vecino.

Y, lo que es más importante,

3) Realizar pruebas sobre el terreno y estudios piloto: El contexto importa. Y varía según los países, los grupos de ingresos y las comunidades. Las pruebas sobre el terreno y los estudios piloto son cruciales para asegurarnos de que nuestros propios sesgos no hayan influido en el formato y la estructura de las preguntas. Sin estudios piloto, nuestra intuición sobre quienes viven en la pobreza quedaría sin poner a prueba y, como nos señala el WDR 2015, ¡incluso los profesionales del desarrollo tienen muchos sesgos!

Este artículo se publicó originalmente en el blog Let’s Talk Development del Banco Mundial. La publicación no implica que el Foro Económico Mundial respalde las opiniones expresadas.

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Autora: Sana Rafiq es analista de investigación del Informe sobre el desarrollo mundial 2015 del Banco Mundial.

Imagen: Una mujer con un bebé a la espalda observa un asentamiento informal en la capital, Luanda, el 30 de agosto de 2012. Los angoleños acudirán a las urnas el viernes para elegir a sus legisladores y a su presidente. REUTERS/Siphiwe Sibeko.

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