La tendencia general de reducción de la pobreza durante la última década en muchos países del sur de Asia ha sido positiva. Sin embargo, si observamos más de cerca, algunos grupos de personas pobres han tenido pocas oportunidades de salir de la pobreza. En muchos contextos, existe una fuerte correlación entre la pobreza y la exclusión de la economía y la sociedad por motivos de género, casta, etnia o religión.
Las normas socioeconómicas alimentan la discriminación de género: las mujeres tienen menos movilidad y, por tanto, no pueden migrar para encontrar trabajo. También son responsables de las tareas domésticas, lo que limita sus oportunidades económicas; reciben salarios más bajos que los hombres, tienen menos probabilidades de poseer bienes y de participar en la toma de decisiones comunitarias. Tomemos, por ejemplo, a las mujeres de los chars, una zona remota del norte de Bangladesh. Al enfrentarse a múltiples dimensiones de exclusión por su género y su aislamiento geográfico, estas mujeres viven en una zona históricamente marginada en los ámbitos político y económico, lo que se traduce en escasas oportunidades económicas y trabajo muy estacional.
En nuestra reciente investigación del ODI examinamos hasta qué punto la protección social y los programas del mercado laboral pueden abordar la exclusión social en el sur de Asia. En concreto, analizamos el programa de transferencia de activos llamado Chars Livelihoods Program (CLP). Del programa podemos extraer tres lecciones importantes que indican cuál es la mejor manera de apoyar en el mercado laboral a los hogares pobres y socialmente excluidos.
La primera lección quizá sea la más sencilla. Las intervenciones deben diseñarse y ejecutarse de forma adecuada para responder a necesidades específicas. Un ejemplo claro de ello es el caso del CLP en Bangladesh. En reconocimiento de las barreras socioculturales y económicas que afrontan las mujeres para generar ingresos y acceder a activos productivos y poseerlos, el CLP transfiere un activo de gran valor, como una vaca. Es culturalmente apropiado que las mujeres generen ingresos de esta manera, ya que pueden hacerlo desde su hogar.
La segunda lección es que es necesario acceder a servicios y programas complementarios. Garantizar la participación en el mercado laboral de las personas socialmente excluidas requiere algo más que oportunidades de ingresos. El programa CLP de Bangladesh demuestra que un enfoque integrado ha sido clave para su éxito. Este enfoque no solo apoya a las mujeres mediante transferencias directas de activos, sino que también ofrece oportunidades de capacitación para fortalecer sus habilidades y conocimientos, además de oportunidades para crear redes sociales tanto dentro de la comunidad como en ámbitos más amplios. De hecho, nuestra investigación muestra que el CLP ha tenido un impacto positivo en la diversificación de los medios de vida de las mujeres y en su capacidad para generar ingresos a partir de actividades relacionadas con la agricultura. Sin embargo, también constatamos que lo que puede lograr un solo programa tiene límites. Para posibilitar una mayor participación (y más igualitaria) en el mercado laboral, es necesario abordar problemas más amplios de exclusión y marginación. Centrarse únicamente en mejorar las habilidades de las mujeres no basta para que puedan aprovechar las oportunidades económicas.
Otra lección clave que se desprende de nuestra investigación es la importancia de apoyar el empoderamiento, la capacidad de acción y la voz de las personas socialmente excluidas. Existe un sólido corpus de literatura que demuestra la correlación entre el empoderamiento y la productividad económica. Aunque los programas de nuestros estudios de caso en el sur de Asia buscaban mejorar las oportunidades de generación de ingresos para las mujeres marginadas, ninguno se propuso explícitamente cuestionar el desequilibrio de las estructuras de poder que causan y perpetúan la exclusión y la discriminación en el mercado laboral. No se observaron cambios significativos en el poder de decisión de las mujeres ni en su capacidad para plantear demandas a los responsables de los programas o a los funcionarios gubernamentales. Sin embargo, hubo algunos indicios positivos de que los programas pueden aumentar indirectamente la confianza de las mujeres para relacionarse con miembros de la comunidad o funcionarios del gobierno local, como resultado del aumento de sus ingresos o del contacto con quienes ejecutan los programas o con el gobierno a través de los canales del programa (véase más abajo).
Cambios en los niveles de confianza que las personas encuestadas perciben en sí mismas al relacionarse con miembros de la comunidad y funcionarios tras recibir los beneficios del CLP
(% de beneficiarias)

Fuente: ODI
Este artículo se publicó originalmente en el blog Jobs & Development del Banco Mundial. La publicación no implica que el Foro Económico Mundial respalde estas opiniones.
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Autora: Rebecca Holmes es investigadora asociada del Overseas Development Institute, en el Reino Unido.
Imagen: Mujeres trabajan en un campo de coliflores en Kolkata. REUTERS/Rupak De Chowdhuri.

