Cómo salvar la banca griega: escenarios de recapitalización

Cómo salvar el sector financiero griego
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Deseo agradecer a Guntram Wolff y Alberto Gallo sus útiles comentarios

En resumen:

· Recuperar la estabilidad del sector financiero griego es clave, ya que un colapso podría conducir a Grexit. La estabilidad del sistema financiero griego depende actualmente de la provisión de liquidez del BCE, que a su vez solo está disponible para los bancos solventes.

· Si bien el AQR constató que los bancos griegos eran solventes y estaban bien capitalizados, el deterioro de la situación económica en estos meses ha sido tal que este supuesto podría ser hoy cuestionable. La calidad del capital también se ve amenazada por la fuerte dependencia de los bancos griegos de los activos fiscales diferidos (DTA).

· El borrador discutido ayer en el Eurogrupo sugiere que el posible paquete para Grecia incluiría entre 10.000 y 25.000 millones de euros para el sector bancario, con el fin de atender posibles necesidades de recapitalización. Los rumores de esta mañana sugieren que los bancos pasarían a formar parte de un nuevo fondo de activos y se venderían para reducir la deuda. La recapitalización puede llevarse a cabo de diferentes maneras, con consecuencias distintas. Aquí comparo cuatro posibles escenarios para recapitalizar los bancos griegos.

· Europa dispone de un instrumento para recapitalizar los bancos griegos que limita el impacto sobre la deuda griega y, al mismo tiempo, otorga al MEDE más control sobre el sistema bancario. Este instrumento es la herramienta del MEDE para la recapitalización directa, nacida con el objetivo inicial de romper el círculo vicioso entre soberano y banca y que, hasta la fecha, nunca se ha utilizado.

· Los cálculos aproximados incluidos aquí muestran que el problema del instrumento tal como está actualmente diseñado es que exigiría, antes de que el MEDE pueda intervenir, un bail-in muy significativo del 8% del total de pasivos. Dada la estructura de los pasivos de los bancos griegos, cumplir este requisito requeriría una quita del 100% sobre la deuda junior y senior (no garantizada por el Estado), además de una quita muy elevada sobre los depósitos no asegurados (de hasta el 39% en un banco).

· Sobre la base del ejercicio realizado aquí, la mejor solución para recapitalizar los bancos griegos sería utilizar la recapitalización directa del MEDE, pero de forma que le permita marcar una diferencia real, es decir, limitando el bail-in a lo que actualmente es obligatorio con arreglo al requisito de ayudas de Estado modificado.

Bancos griegos: ¿iliquidez o insolvencia?

El tiempo es el bien más escaso en Grecia en este momento. Estabilizar el sistema financiero griego es vital en esta coyuntura. Sin la provisión de liquidez del BCE, los bancos griegos no pueden convertir sus activos en el efectivo que sus depositantes exigen retirar. En la actualidad, con un límite a la ELA y la consiguiente restricción de las retiradas de efectivo y de las transacciones, Grecia ya se encuentra en un limbo. Los euros depositados en Grecia solo son totalmente intercambiables con los euros de otros lugares hasta 60 euros al día. Si la ELA se diera por terminada, como es probable en ausencia de un acuerdo, los bancos se quedarían en la práctica sin efectivo y colapsarían. Una parte importante de sus activos, que actualmente están pignorados como garantía de la ELA, sería embargada, ya que los bancos no tendrían efectivo y, desde luego, no estarían en condiciones de devolver los fondos de la ELA. En ese momento, los bancos tendrían que ser objeto de una reestructuración profunda, puesto que su activo se habría desplomado. En ausencia de una asistencia financiera que llegue con rapidez, esto implicaría una quita masiva o una recapitalización por parte del Gobierno. Pero, dado que el Gobierno carece de liquidez y no puede inyectar euros en los bancos, un colapso del sector bancario probablemente forzaría una redenominación de activos y pasivos, lo que conduciría automáticamente a la salida del euro.

La estabilidad del sector financiero depende de la provisión de liquidez del BCE, que a su vez requiere la solvencia de los bancos griegos. Los resultados del AQR, que mostraban que los bancos griegos estaban adecuadamente capitalizados el año pasado, han permitido justificar la ELA hasta ahora. Pero desde entonces la economía se ha deteriorado y el nivel de préstamos dudosos (NPL) ha aumentado notablemente. Walsh y Wolff (2015) muestran que los cuatro grandes bancos griegos han estado sometidos a una fuerte tensión tras las turbulencias de mercado provocadas por la incertidumbre política, y que su valor de mercado se ha desplomado. Utilizando datos de balance de 2014, muestran que el capital contable existente se reduciría significativamente en los cuatro bancos debido a una gran pérdida por exposiciones dudosas. El valor contable resultante estaría relativamente cerca del valor de mercado real de estos cuatro bancos, lo que sugiere que nuevas pérdidas podrían estar ya descontadas por los mercados (y, por tanto, considerarse probables).

La calidad del capital también se cuestiona por la elevada proporción de activos fiscales diferidos (DTA)/créditos fiscales diferidos (DTC) incluidos en los cálculos del capital core, así como por las particularidades de la ley griega de conversión de DTC. La ley griega exigía inicialmente que, si un banco que recurriera al DTC como capital no lograba generar beneficios en el futuro, el Gobierno debía aportar el equivalente a la devolución fiscal en bonos públicos. Sin embargo, la EBA pidió a Atenas que modificara la ley, de modo que la contribución del Gobierno tuviera que hacerse en efectivo. A la luz de los acontecimientos de las últimas semanas, es poco probable que los bancos griegos obtengan beneficios, y el Gobierno griego carece de liquidez. Por ello, la dependencia de los ratios de capital respecto de los DTA es especialmente problemática, y las características de la ley griega de conversión sugieren que una parte importante del capital podría quedar eliminada de facto por las circunstancias, si no por la acción supervisora. De hecho, los DTA suponen entre el 42% y el 57% del CET1 en los bancos griegos (Tabla 1).

Tabla 1 – DTA y capital de los bancos griegos

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Fuente: RBS y otros estudios de mercado; cálculos del autor

Un impago del Gobierno griego sobre los bonos en poder del BCE, cuya probabilidad aumenta, afectaría negativamente a los balances de los bancos y podría socavar toda la deuda garantizada por el Estado. A mayo de 2015, los bonos públicos representaban entre el 3% y el 5% del total de activos de los cuatro bancos considerados aquí. Un impago del Gobierno griego dejaría sin valor la garantía sobre los instrumentos garantizados por el Estado, incluidos los bonos bancarios con garantía estatal, que representan una parte significativa de la deuda senior emitida por los bancos griegos (Tabla 3). Un impago afectaría además negativamente a la economía griega, que ha sufrido retrasos en los pagos del Ministerio de Finanzas durante los últimos 6 meses. Esto, a su vez, afectaría a las cifras de NPL. Un evento de este tipo aumentaría sin duda aún más el recorte de valoración (haircut) del BCE sobre las garantías de la ELA, endureciendo así la restricción de liquidez.

El borrador discutido hoy en el Eurogrupo sugiere que el posible paquete para Grecia incluiría entre 10.000 y 25.000 millones de euros para el sector bancario, con el fin de atender posibles necesidades de recapitalización. En este artículo analizo los posibles escenarios para recapitalizar el sistema bancario griego, partiendo de un supuesto hipotético de pérdidas. Como se destacó anteriormente, la recapitalización respaldaría con firmeza la continuidad, o incluso la ampliación, de la provisión plena de ELA por parte del BCE. Mi propósito es comparar las implicaciones de distintas opciones de recapitalización, con especial atención al instrumento de recapitalización directa del MEDE. Los resultados resumidos son los siguientes:

· Escenario 1: sin dinero público; reestructuración sin impago soberano. Persistiría un déficit de capital incluso tras una quita total de los bonos subordinados u otros bonos, así como de los bonos senior no garantizados por el Estado. Con el supuesto más conservador de excluir los DTA del capital, sería necesaria una quita de los depósitos no asegurados de entre el 7% y el 38%, según el banco. Incluso si se computaran los DTA, Piraeus y Eurobank necesitarían al menos una quita del 11% sobre los depósitos no asegurados.

· Escenario 2: sin dinero público; reestructuración con impago soberano. El impago soberano implica que los bonos garantizados por el Estado pueden sufrir una quita y amplía el grupo de tenedores de bonos sobre los que pueden imponerse pérdidas. Tras una quita total de los bonos subordinados u otros bonos, el déficit restante podría cubrirse con una quita del 15% al 41% sobre la deuda senior, sin afectar a los depositantes, incluso bajo el supuesto más conservador de excluir los DTA del capital. No obstante, el impago tiene un impacto muy significativo en el activo y en la liquidez, lo que lo hace muy indeseable (por eso se examinan los escenarios 3 y 4).

· Escenario 3: recapitalización directa del MEDE con bail-in del 8% del total de pasivos (conforme a las directrices de recapitalización directa del MEDE). El bail-in exigiría una quita total de los bonos subordinados u otros bonos, una quita total de los bonos senior no garantizados y, aun así, una quita de los depósitos no asegurados de entre el 13% y el 39% en tres de los cuatro bancos. Esto situaría ya a todos los bancos por encima del umbral del CET1 del 4,5% y a dos de ellos por encima del 8% de CET1. El déficit de capital restante sería cubierto conjuntamente por el MEDE y Grecia, aunque la contribución griega podría suspenderse. El MEDE desempeñaría en la práctica un papel muy limitado.

· Escenario 4: recapitalización directa del MEDE con bail-in conforme a las directrices de ayudas de Estado modificadas.Las directrices de ayudas de Estado modificadas exigen únicamente el bail-in de la deuda junior durante la transición a la Directiva de Recuperación y Resolución Bancaria (BRRD). Tras una quita del 100% sobre la deuda subordinada u otra deuda no senior, el CET1 de los bancos seguiría situándose por debajo del 4,5% en algunos casos. Según el orden de prioridad de la recapitalización directa del MEDE, Grecia debe llevar a los bancos al 4,5% de CET1 antes de que el MEDE intervenga y los lleve al 8%. Con un supuesto conservador sobre los DTA, la contribución necesaria para alcanzar el 4,5% podría ser sustancialmente mayor que la del MEDE en aquellos bancos menos capitalizados y que tienen poca deuda junior susceptible de bail-in. Sin embargo, esta contribución podría suspenderse por acuerdo mutuo a la luz de la situación fiscal de Grecia. En tal caso, el MEDE desempeñaría un papel más relevante.

Los supuestos del shock subyacente

Todos los escenarios presentados aquí parten del mismo supuesto en lo que respecta al posible déficit de capital. Parto del supuesto formulado en un informe reciente de RBS (RBS Credit, The Silver Bullet, 7 de julio de 2015), que estimaba el impacto sobre el CET1 de un aumento de 20 puntos porcentuales de los NPL, con una tasa de recuperación del 50%. Los NPL ya son muy elevados como proporción del total de préstamos en los bancos griegos y los recientes acontecimientos, con restricciones a los pagos y controles de capital, provocarán sin duda un aumento. Con este supuesto, las pérdidas de CET1 oscilan entre 5.300 y 7.400 millones de euros. Esta pérdida prácticamente anula por completo el CET1 y da lugar a un déficit agregado de 16.000 millones de euros para los cuatro bancos, que debe restablecerse hasta un ratio de CET1 del 8%. Si excluyéramos los DTA del capital, por las razones señaladas anteriormente, el impacto sería aún más drástico, situando el CET1 en terreno negativo. Con este supuesto, el déficit agregado de CET1 del 8% generado por el shock considerado sería de 29.500 millones de euros para los cuatro bancos analizados.

Tabla 2 – Ratios de capital y supuestos

Fuente: RBS y cálculos del autor
Dado este shock, analizo aquí cuatro posibles escenarios: (1) reestructuración con bail-in, sin dinero público y sin impago soberano; (2) reestructuración con bail-in, sin dinero público y con impago soberano; (3) recapitalización directa del MEDE conforme a las directrices vigentes; (4) recapitalización directa del MEDE con una versión del bail-in más ligera que la actualmente prescrita (la razón se explicará más adelante)[1]. Cabe señalar que no se considera una opción de rescate «à la Spain», es decir, mediante un préstamo tradicional del MEDE, ya que aumentaría aún más la deuda griega.

Tabla 3 – Composición de los pasivos

Fuente: RBS y otros estudios de mercado

El impacto del bail-in depende en gran medida de la composición de los pasivos de los bancos (Tabla 3). Una parte significativa de los pasivos bancarios está actualmente formada por fondos de la ELA, que no pueden sufrir quitas. En el conjunto del sistema, la liquidez del banco central representaba alrededor del 30% del total de pasivos del sistema bancario griego a mayo de 2015. A nivel de entidades individuales, la financiación del BCE equivalía al 21% de los activos en NBG, al 37% tanto en Alpha como en Piraeus y al 39% en Eurobank. A nivel del sistema, los depósitos de los hogares representan el 29% del total de pasivos y los depósitos de las sociedades no financieras el 5%. Las estimaciones de RBS sugieren que al menos el 60% de los depósitos es inferior al umbral de 100.000 euros. Estos cuentan con protección de depositantes y no deberían tocarse. Los depósitos por encima de dicho umbral podrían sufrir quitas, aunque la «preferencia de depositantes» introducida en la directiva DGS tras la crisis chipriota establece que los depósitos no asegurados tienen un rango superior al de los créditos de otros acreedores tanto en procedimientos de insolvencia como de resolución. En lo que respecta a la deuda bancaria , la Tabla 3 muestra que los bancos griegos tienen una porción muy pequeña de deuda subordinada, mientras que la mayor parte de la deuda es senior, principalmente debido a la existencia de garantías públicas.

Escenario 1: sin dinero público; reestructuración sin impago soberano

Se trata de un escenario de referencia que permite evaluar cuánto bail-in sería necesario para recapitalizar los bancos griegos con el shock descrito anteriormente, sin aportar nuevo dinero público y asumiendo que el Gobierno no incumple sus obligaciones. Este último supuesto implica que el valor de los bonos garantizados por el Estado se preserva, lo que reduce el número de tenedores de bonos sobre los que pueden repartirse las pérdidas.

Tabla 4 – Escenario 1

Fuente: cálculos del autor basados en datos de RBS

El Gobierno griego tiene problemas de liquidez, por lo que, sin asistencia financiera, no podría inyectar todo este capital en los bancos. El déficit tendría que cubrirse mediante el bail-in de inversores privados. La Tabla 4 muestra que, sin nuevo dinero público, persistiría un déficit de capital incluso después de una quita total de los bonos subordinados u otros bonos, así como de los bonos senior no garantizados por el Estado. Con el supuesto más conservador que excluye los DTA del capital, sería necesaria una quita de los depósitos no asegurados de entre el 6% y el 40%, según el banco. Incluso si se computaran los DTA, Alpha, Piraeus y Eurobank necesitarían al menos una quita del 12% sobre los depósitos no asegurados. La quita aumentaría, obviamente, si los bonos senior no garantizados no se sometieran a bail-in en su totalidad.

Escenario 2: sin dinero público; reestructuración; impago soberano

El escenario 2 incluye el supuesto de ausencia de dinero público, pero con impago soberano. El impago soberano tiene un impacto en el activo, al reducir los activos y, en consecuencia, afectar a los activos ponderados por riesgo (RWA), lo que aquí no se considera por simplicidad. En el lado del pasivo, el impago soberano implica que los bonos garantizados por el Estado pueden sufrir una quita. Esto amplía el grupo de tenedores de bonos sobre el que pueden repartirse las pérdidas y permite cubrir el agujero de capital sin recurrir al bail-in de los depositantes. En particular, la Tabla 5 muestra que, tras una quita total de los bonos subordinados u otros bonos, el déficit restante podría cubrirse sin afectar a los depositantes, incluso bajo el supuesto más conservador de excluir los DTA del capital. Esto requeriría una quita de entre el 14% y el 80% sobre la deuda senior, bajo el supuesto más conservador.

Tabla 5 – Escenario 2

Fuente: cálculos del autor basados en datos de RBS

Este escenario muestra que la reestructuración sería, en cierto modo, «más fácil» bajo el supuesto de impago soberano, porque el déficit de capital podría cubrirse sin tener que aplicar quitas a los depositantes. No obstante, el impago tiene un impacto directo muy significativo en el activo y un impacto indirecto en la provisión de liquidez, que podría derivar fácilmente en una salida del euro, por lo que se trata de un resultado muy indeseable. Los escenarios 3 y 4 analizan, por tanto, si el déficit podría cubrirse sin impago y limitando la necesidad de quitas a los depositantes.

Escenarios 3 y 4: recapitalización directa del MEDE

El instrumento de recapitalización directa del MEDE fue creado específicamente para hacer frente a los problemas del sistema bancario sin pasar por las cuentas del Gobierno. Por ello evita el aumento de la deuda pública que se produciría con un préstamo ordinario del MEDE (cf. el caso español) y tiene como objetivo romper el círculo vicioso entre soberano y banca. El instrumento tiene además el gran mérito de permitir que el MEDE controle una parte importante del sistema bancario, facilitando así el mandato secundario del BCE de promover el buen funcionamiento del sistema de pagos.

Sin embargo, existen dos conjuntos de condiciones de elegibilidad, tanto para los bancos como para los Estados miembros. El Estado miembro solicitante debería ser incapaz de prestar asistencia financiera a la entidad beneficiaria sin efectos muy graves para su propia sostenibilidad fiscal. Las entidades financieras que vayan a ser recapitalizadas «están (o es probable que estén en un futuro próximo) incumpliendo los requisitos de capital establecidos por el BCE en su calidad de supervisor, y se considera que no pueden atraer capital suficiente de fuentes privadas para resolver sus problemas de capital, incluso a través de nuevos inversores de mercado, accionistas o un nivel adecuado de reducción de valor o conversión de deuda». Y «la entidad es de relevancia sistémica o supone una grave amenaza para la estabilidad financiera del conjunto del área del euro o de sus Estados miembros». Grecia se encuentra en una situación fiscal tan delicada que, sin duda, no puede prestar asistencia financiera a sus bancos sin efectos graves en su sostenibilidad fiscal. En cuanto a la relevancia sistémica, los cuatro bancos son sistémicos para Grecia, ya que representan alrededor del 90% del total del sector bancario griego. Permitir que quiebren también sería sistémico para el área del euro, ya que podría ser el preludio de una salida de Grecia del euro (Grexit), un acontecimiento sin precedentes cuyas implicaciones sistémicas (en particular las vinculadas a la señal de que el euro no es irreversible) no pueden preverse.

Además, el Estado miembro en cuestión se espera normalmente que contribuya a la recapitalización, salvo en casos excepcionales en los que el miembro del MEDE no pueda aportar por adelantado debido a su situación fiscal. Invocar esta cláusula de flexibilidad requeriría un acuerdo mutuo.

La contribución del Estado miembro puede adoptar una de dos formas, según la situación del banco:

1. Si la entidad no dispone de fondos propios suficientes para alcanzar el ratio mínimo legal de capital de nivel 1 ordinario (CET1) del 4,5%, establecido en el marco de Basilea III/CRD IV/CRR, el Estado miembro solicitante deberá realizar una inyección de capital para alcanzar este nivel antes de que el MEDE entre en el capital de la entidad.

2. Si la entidad ya cumple el ratio de capital mencionado, el Estado miembro solicitante deberá realizar una aportación de capital junto con el MEDE, equivalente al 20% del importe total de la contribución pública. A cambio de su propia aportación, el MEDE recibiría acciones de la entidad, que idealmente debería poder vender posteriormente con plusvalía.

Por último, la recapitalización directa requiere un bail-in previo («La recapitalización directa por parte del MEDE solo se considerará si antes se movilizan recursos de capital privado»). Hasta el 31 de diciembre de 2015, se aplicará un bail-in equivalente al 8% del total de pasivos, incluidos los fondos propios de la entidad beneficiaria. Además, se realizará una aportación del fondo nacional de resolución del Estado miembro del MEDE hasta el nivel objetivo de 2015. A partir del 1 de enero de 2016, se aplicarían las normas de la BRRD.

Escenario 3: recapitalización directa del MEDE con bail-in conforme a las directrices vigentes; sin impago

Las directrices vigentes prevén un bail-in obligatorio del 8% del total de pasivos, incluidos los fondos propios, que debería ejecutarse antes de que el MEDE pueda intervenir. La Tabla 6 muestra que cumplir este requisito en el caso de los bancos griegos exigiría una quita total de los bonos subordinados u otros bonos, una quita total de los bonos senior no garantizados y, aun así, una quita sobre los depósitos no asegurados de entre el 12% y el 39% en tres de los cuatro bancos. Se trata de una exigencia de bail-in muy severa, que de hecho situaría ya a todos los bancos por encima del umbral del 4,5% de CET1 explicado anteriormente y a dos de ellos por encima del 8% de CET1.

El déficit de capital restante para alcanzar el 8% de CET1 se cubriría en un 80% por el MEDE y en un 20% por Grecia. Por tanto, el MEDE desempeñaría en la práctica un papel muy limitado en esta operación, incluso si se asume que la contribución griega puede eximirse por su situación fiscal, como se explicó anteriormente.

Tabla 6 – Escenario 3

Fuente: cálculos del autor basados en datos de RBS

El escenario 3 muestra que el requisito de bail-in actualmente aplicable en el contexto de la recapitalización directa sería muy exigente. Este requisito es problemático por dos motivos.

En primer lugar, impone objetivos similares a los que se aplicarán con la BRRD, sin la flexibilidad que existe en esta directiva y al margen del marco general que prevalecerá después de 2016. Un bail-in en el marco de la BRRD se producirá en un contexto en el que los bancos deberán mantener (sujeto a una verificación continua por parte de las autoridades) un porcentaje de sus pasivos en forma de acciones, capital contingente y otros pasivos no garantizados no excluidos explícitamente del bail-in. En los bancos griegos, en la situación actual, un bail-in del 8% del total de pasivos exigiría una quita muy significativa sobre los depósitos no asegurados en un país donde ya se está produciendo una corrida bancaria. Cabe señalar que las quitas implícitas presentadas en estos escenarios se basan en el supuesto de que el 40% de todos los depósitos griegos pendientes no está asegurado. Teniendo en cuenta la situación actual de Grecia y el hecho de que los depósitos llevan meses saliendo del sistema, la masa restante de depósitos no asegurados podría ser menor y el impacto del bail-in sobre los depósitos podría acabar siendo aún mayor.

En segundo lugar, la BRRD prevé algunas excepciones en relación con el bail-in, que en la actualidad la recapitalización directa del MEDE no contempla. El artículo 43, apartado 3, de la Directiva BRRD establece cuatro excepciones, según las cuales, en esos casos, la autoridad de resolución puede excluir total o parcialmente determinados pasivos de la aplicación de las facultades de reducción o conversión. Una de estas excepciones se produce cuando “la exclusión es estrictamente necesaria y proporcionada para evitar un contagio generalizado, en particular en lo que respecta a los depósitos elegibles de personas físicas y de microempresas, pequeñas y medianas empresas, que alteraría gravemente el funcionamiento de los mercados financieros, incluidas las infraestructuras de los mercados financieros, de un modo que podría causar una grave perturbación de la economía de un Estado miembro o de la Unión”. Esto es claramente lo que está ocurriendo en la actualidad en Grecia, donde una corrida bancaria en toda regla solo se mantiene contenida gracias a los controles de capital (que sin duda deberían calificarse como una “grave perturbación del funcionamiento de los mercados financieros”).

Además, el requisito de bail-in aplicable actualmente en una recapitalización directa del MEDE es significativamente superior al fijado por la Comisión Europea en las directrices modificadas sobre ayudas de Estado (2013), que constituyen el marco oficial de transición a la BRRD. Este marco establece que, antes de 2016, solo es obligatorio el bail-in de la deuda subordinada antes de que pueda concederse una ayuda de Estado. La recapitalización directa del MEDE sería similar a una operación de ayuda de Estado en la que parte de la inyección la realiza directamente el MEDE, en lugar de los Estados miembros con dinero del MEDE previamente prestado. A cambio de este riesgo adicional, el MEDE obtiene más control sobre los bancos (incluida la posibilidad de añadir condiciones específicas para cada entidad). Por tanto, cuesta entender por qué el requisito de bail-in en este caso debería ser superior al que se aplica a una operación normal de ayuda de Estado con un préstamo del MEDE.

Escenario 4: recapitalización directa del MEDE con bail-in conforme a las directrices modificadas sobre ayudas de Estado

El Escenario 3 no es realmente muy distinto del caso en el que los bancos se reestructuran y recapitalizan con un bail-in total, porque la cuantía de bail-in que exigen las directrices de recapitalización directa del MEDE es tal que el MEDE desempeñaría solo un papel menor. El requisito implica la necesidad de una quita elevada sobre los depósitos, lo que podría tener consecuencias impredecibles en un país en el que hay una corrida bancaria en curso.

Aquí presento un escenario en el que la recapitalización directa del MEDE se lleva a cabo con el requisito de bail-in de las directrices modificadas sobre ayudas de Estado, lo que muestra que, en tal caso, la intervención del MEDE marca una diferencia más significativa.

La tabla 7 muestra que, tras una quita del 100% sobre la deuda subordinada u otra deuda no preferente, el CET1 de los bancos sigue por debajo del 4,5% con el supuesto más conservador de excluir los activos fiscales diferidos (DTA). Incluso cuando se computan los DTA, Alpha, Piraeus y Eurobank siguen estando infracapitalizados. Según el orden de prelación de la recapitalización directa del MEDE, Grecia debe llevar a los bancos al 4,5% de CET1 antes de que intervenga el MEDE y los eleve al 8%.

Con el supuesto conservador sobre los DTA, la contribución necesaria para alcanzar el 4,5% podría ser sustancialmente mayor que la del MEDE, en el caso de los bancos menos capitalizados y que no disponen de mucha deuda subordinada susceptible de bail-in. Las últimas filas de la tabla 7 muestran la cuota relativa del sector privado, del MEDE y de Grecia en la recapitalización de los cuatro bancos, lo que evidencia que el requisito de llevar a los bancos al 4,5% de CET1 es muy exigente en ausencia de mucha deuda susceptible de bail-in. La configuración actual de la recapitalización directa del MEDE hace que Grecia acabaría cargando, en la práctica, con la mayor parte de la intervención, lo que demuestra que este instrumento no es realmente apto para cumplir su objetivo original de romper el vínculo entre bancos y soberanos. El aspecto positivo es que esta contribución podría suspenderse —por mutuo acuerdo— a la vista de la situación fiscal de Grecia y que, en comparación con una operación de recapitalización normal, el impacto de la deuda griega sería menor.

Tabla 7 – Escenario 4

Conclusión

Recuperar la estabilidad del sector financiero griego es fundamental en este momento, ya que un colapso podría desembocar en un Grexit. Esto puede exigir medidas para recapitalizar los bancos. Europa dispone de un instrumento que podría permitir recapitalizar los bancos griegos con un impacto más limitado sobre la deuda griega y, al mismo tiempo, otorgar al MEDE el control del sistema bancario. Esto sería crucial para separar los problemas de los bancos de los del soberano y garantizar que los bancos puedan mantenerse con vida.

Este instrumento es la herramienta del MEDE para la recapitalización directa, concebida con el objetivo inicial de romper el círculo vicioso entre soberanos y bancos y que nunca se ha utilizado hasta hoy. Tal como está actualmente, sin embargo, este instrumento exigiría un bail-in muy significativo del 8% del total de pasivos antes de que el MEDE pueda intervenir. Este requisito presenta algunas incongruencias e incoherencias que se han señalado en el Escenario 3.

Cumplir este objetivo implicaría una quita significativa sobre los depósitos no asegurados, en un país en el que actualmente está en curso una corrida de depositantes. Los escenarios aquí presentados sugieren que la mejor solución para recapitalizar los bancos griegos sería utilizar el instrumento de recapitalización directa del MEDE, pero limitando el bail-in a lo que actualmente es obligatorio con arreglo al requisito modificado sobre ayudas de Estado, y suspender la contribución de Grecia. Esto permitiría que la recapitalización directa del MEDE marcara una diferencia mayor. No obstante, este ejemplo muestra que el diseño actual del instrumento de recapitalización directa del MEDE no es apto para su objetivo original de romper de forma creíble el vínculo entre bancos y soberanos.

Este artículo se publicó originalmente en Brugel Blog, el think tank con sede en Bruselas. La publicación no implica que el Foro Económico Mundial respalde las opiniones expresadas.

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Autora: Silvia Merler, ciudadana italiana, se incorporó a Bruegel como Affiliate Fellow en agosto de 2013.

Imagen: Una bandera de la Unión Europea ondea junto a una bandera griega sobre el Ministerio de Finanzas griego al atardecer, en el centro de Atenas. REUTERS/Yannis Behrakis.

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