Cómo medir la calidad del crecimiento

Cómo medir la calidad del crecimiento
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La historia económica y política reciente ha demostrado ampliamente que un crecimiento elevado por sí solo no conduce necesariamente a mejores resultados sociales. En las últimas décadas, muchos países en desarrollo experimentaron episodios de fuerte crecimiento, pero relativamente pocos registraron descensos significativos de la pobreza, la desigualdad y el desempleo (véanse Commission on Growth and Development 2008, Dollar y Kraay 2002, y Dollar et al. 2013). El crecimiento debe ser inclusivo o de base amplia para que los países obtengan el máximo provecho de él (Ianchovichina y Gable 2012, Anand et al. 2013). En pocas palabras, importa que la calidad subyacente del crecimiento sea buena.

Por eso, la «calidad del crecimiento» se ha incorporado al léxico popular en los últimos años. La explosión del interés por la calidad del crecimiento y, más ampliamente, por el crecimiento inclusivo refleja esta toma de conciencia. Una sencilla comparación de las tendencias de búsqueda en Google revela que el interés por el tema es vivo y creciente.

Figura 1. Tendencia de búsqueda de «crecimiento inclusivo» en Google a lo largo del tiempo*

*Nota: Los datos de búsquedas de Google están normalizados en una escala de 0 a 100; cada valor se divide por el valor máximo y se multiplica por 100.

Medir la calidad del crecimiento: un nuevo enfoque

Sin embargo, el concepto de calidad del crecimiento suele significar cosas distintas para distintas personas. Esto dificulta entender de qué se está hablando exactamente, sobre todo porque hasta ahora falta una cuantificación formal en la bibliografía. Más concretamente, ¿podemos medir la calidad del crecimiento?

Conscientes de esta situación, nos propusimos desarrollar un enfoque estadístico más riguroso. En nuestro reciente documento de trabajo (Mlachila et al. 2014), nos basamos en Martinez y Mlachila (2013) y sostenemos que el crecimiento de buena calidad es aquel que es fuerte, estable y sostenible, aumenta la productividad y conduce a resultados socialmente deseables, como mejores niveles de vida y la reducción de la pobreza. Para evaluar estadísticamente todos estos aspectos, elaboramos un nuevo índice de calidad del crecimiento. El índice compuesto abarca tanto la naturaleza intrínseca del crecimiento (su fortaleza, volatilidad y fuentes) como sus dimensiones sociales (resultados en materia de salud y educación). Así, buscamos captar las características multidimensionales del crecimiento, como se ilustra en la Figura 2.

Figura 2. Representación conceptual del índice de calidad del crecimiento

¿Qué tiene de nuevo el índice?, quizá se pregunten. ¿Es solo una reformulación del conocido Índice de Desarrollo Humano (IDH) elaborado por la ONU (Klugman et al. 2011)? En nuestro índice, vamos más allá de los niveles de ingreso y nos centramos en la naturaleza misma del crecimiento: su fortaleza, estabilidad, composición sectorial, etc. Cabría sostener que, dado que el IDH se basa en los ingresos, puede decirse razonablemente que es, en realidad, el resultado de milenios de crecimiento acumulado.

Por tanto, nuestro índice tiene la ventaja de permitirnos evaluar la calidad de distintos episodios de crecimiento tanto dentro de los países como entre ellos.

Esto resulta particularmente interesante porque puede orientar de manera más útil a los responsables de formular políticas sobre si su estrategia de crecimiento está dando buenos resultados. Además, nuestro índice permite llegar al fondo de la cuestión al aislar el crecimiento y los resultados sociales que pueden atribuirse efectivamente a las políticas actuales o recientes.

Resultados del nuevo índice de calidad del crecimiento

Para elaborar nuestro índice, nos centramos en los países en desarrollo. Debido a las limitaciones de los datos, el índice abarca 93 países en desarrollo en distintas etapas de desarrollo durante el período de 1990 a 2011.

Nuestros resultados se resumen en cuatro puntos.

  • Primero, la calidad del crecimiento ha mejorado en las últimas dos décadas.

  • Segundo, los países con peores resultados tienden a alcanzar a los de mejores resultados con el tiempo, aunque a un ritmo lento.

Esto concuerda con la hipótesis tradicional de convergencia que se encuentra en la bibliografía sobre crecimiento. En otras palabras, una vez que un país ha alcanzado un nivel elevado de calidad del crecimiento, resulta cada vez más difícil seguir mejorándolo; por ejemplo, hay límites al aumento de la esperanza de vida. Lo contrario ocurre con los países que están en los peldaños más bajos.

Figura 3. Evolución del índice de calidad del crecimiento a lo largo del tiempo

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  • Tercero, existen diferencias entre países según los niveles de ingreso y las regiones (Figura 4).

Los países de ingreso mediano alto (UMIC) obtienen las puntuaciones más altas, seguidos, respectivamente, por los países de ingreso mediano bajo (LMIC) y los países de ingreso bajo (LIC). La fragilidad también constituye una fuente de mayores obstáculos estructurales para lograr una mejor calidad del crecimiento. Los países frágiles obtienen resultados significativamente inferiores a los del conjunto de la muestra. Desde una perspectiva regional, América Latina es la región con mejores resultados, seguida, respectivamente, por Europa Central y Oriental, Asia y el Pacífico, y Oriente Medio y Norte de África. Los países de África subsahariana ocupan los últimos puestos, aunque algunos de ellos, en particular de África meridional y oriental, ascendieron notablemente al grupo de los países con mejores resultados.

Figura 4. Índice de calidad del crecimiento por nivel de ingreso, situación de fragilidad y región

Para lograr mejoras duraderas en los resultados sociales, la calidad del crecimiento debe sostenerse durante un período prolongado: 30-40 años. Países como China y Malasia lo han conseguido. Aunque varios países africanos, como Tanzania y Zambia, han logrado mejoras notables en la calidad del crecimiento, deben mantener este impulso durante un período prolongado.

  • Cuarto, los análisis empíricos permiten determinar los principales factores que impulsan el índice de calidad del crecimiento.

Al parecer, destinar más recursos públicos a los sectores sociales contribuye a mejorar la calidad del crecimiento. También se observa que las instituciones sólidas y las políticas macroeconómicas adecuadas se asocian con un crecimiento de buena calidad, al igual que la estabilidad política; en conjunto, estos factores crean un entorno propicio para lograr un crecimiento estable y de base amplia y prestar buenos servicios públicos. Además, un mayor desarrollo financiero, que facilita el acceso al crédito, ayuda a liberar el potencial del sector privado para crear riqueza y empleos dignos y, por ende, mejora la calidad del crecimiento. Por último, las condiciones externas son importantes para elevar el índice de calidad del crecimiento, en especial la inversión extranjera directa, que ayuda a cerrar la brecha de ahorro interno y acelera la transferencia de tecnología y conocimientos.

Figura 5. El índice de calidad del crecimiento y sus principales factores impulsores

Observaciones finales

Por supuesto, somos conscientes de que, si bien nuestro índice de calidad del crecimiento es un paso positivo para contribuir al debate sobre por qué no todo crecimiento es igual, hay otras vías para mejorarlo. Como ocurre con todos los índices, su calidad depende de la de los datos subyacentes. La calidad de los datos sociales es particularmente deficiente y fragmentaria. Como resultado, nos vimos obligados a realizar varias interpolaciones y utilizar promedios quinquenales. El índice también podría mejorarse e incluir aspectos del mercado laboral y medidas de desigualdad.

Y, por último, una advertencia. Nuestro índice no dice nada sobre la sostenibilidad a largo plazo. En pocas palabras, no permite determinar si las políticas actuales de un país —que quizá mejoren ahora la calidad del crecimiento— no conducirán a un desastre económico o ambiental a largo plazo. Por ejemplo, un país podría haber mejorado la calidad de su crecimiento agotando rápidamente sus recursos naturales o acumulando deuda pública.

Aviso: Los autores son economistas del Fondo Monetario Internacional, Washington DC. Las opiniones expresadas aquí son las de los autores y no representan necesariamente las del FMI ni la política del FMI.

Referencias

Anand R, S Mishra y J S Peiris (2013), «Inclusive Growth: Measurement and Determinants», documento de trabajo del FMI n.º 13/135.

Commission on Growth and Development (2008), Growth Report: Strategies for Sustained Growth and Inclusive Development (Washington: Banco Mundial).

Dollar, D, T Kleineberg y A Kraay (2013), «Growth is Still Good for the Poor», documento de trabajo de investigación sobre políticas del Banco Mundial n.º 6568 (Washington: Banco Mundial).

Dollar, D y A Kraay (2002), «Growth is Good for the Poor», Journal of Economic Growth, vol. 7, n.º 3, págs. 195–225.

Ianchovichina, E y S L Gable (2012), «What is Inclusive Growth?», capítulo 8 en Arezki et al. (eds.), Commodity Price Volatility and Inclusive Growth in Low-Income Countries, Fondo Monetario Internacional.

Klugman, J, F Rodriguez y H J Choi (2011), «The HDI 2010: New Controversies, Old Critiques», Human Development Research Paper 1. UNDP―HDRO, Nueva York.

Mlachila, M, R Tapsoba y S Tapsoba (2014), «A Quality of Growth Index: A Proposal» Documento de trabajo del FMI 14/172.

Martinez, M y M Mlachila (2013), «The Quality of the Recent High-Growth Episode in Sub-Saharan Africa», documento de trabajo del FMI 13/53.

Este artículo se publica en colaboración con VoxEU. La publicación no implica que el Foro Económico Mundial respalde las opiniones expresadas.

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Autor: Montfort Mlachila es asesor del Departamento de África del FMI. René Tapsoba y Sampawende Tapsoba son economistas del Departamento de Finanzas Públicas del FMI.

Imagen: Un trabajador seca granos de café en la cooperativa cafetera Santa Adelaida, en La Libertad, en las afueras de San Salvador. REUTERS/Ulises Rodriguez

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