Cuando vaya al Foro Económico Mundial sobre África esta semana, por supuesto, estaré allí como directora ejecutiva de Oxfam Internacional. Pero, en un nivel más profundo, estaré allí como una mujer orgullosa del continente del que proviene: un continente en ascenso.
El impresionante ritmo de crecimiento reciente de muchos países africanos, cómo puede respaldarse este crecimiento mediante la mejora continua de la regulación y la estabilidad macroeconómica, y cómo puede ampliarse serán temas de muchos de los debates en los que espero participar. Con este enfoque en mente, me llama la atención un dato: se prevé que la población africana en edad de trabajar se duplique y llegue a 1.000 millones en los próximos 25 años. Estos jóvenes tienen más educación que nunca y, si cuentan con el entorno adecuado, son, con diferencia, el mayor activo de África.
Por tanto, el desafío para las economías africanas consiste en diseñar y aplicar estrategias de crecimiento que generen empleos e ingresos dignos para todos nuestros jóvenes. Tenemos los recursos para hacerlo, si podemos garantizar que la riqueza creada a partir de nuestros recursos naturales —y la creciente actividad productiva de las empresas multinacionales en el continente— permanezca en África, genere ingresos para los gobiernos nacionales y se invierta en capacitación y creación de empleo.
Sin embargo, veo dos grandes amenazas para esta imagen optimista:
Para empezar, debemos reconocer que la crisis de desigualdad se ha arraigado en África, como ha ocurrido en todo el mundo. Seis países africanos figuran entre los diez más desiguales del mundo. Los estrechos vínculos entre las élites económicas y políticas de África hacen que una parte excesiva del crecimiento del continente no llegue a las personas más pobres. La consecuencia: la pobreza seguirá asolando el continente. También será cada vez más evidente para las generaciones jóvenes que se les niegan los empleos, las oportunidades y las inversiones que deberían ser su derecho de nacimiento.

En segundo lugar, África sigue saliendo perjudicada por un sistema financiero mundial que convierte al continente en un «acreedor neto» del resto del mundo. Debemos dejar de suponer que la corrupción o la actividad delictiva es lo que está drenando la mayor parte del dinero de África. Igual de preocupantes —o quizá más— son las artimañas de evasión fiscal que utilizan las empresas multinacionales. Oxfam ha constatado que en 2010 África perdió 11.000 millones de dólares estadounidenses debido a una sola de las artimañas que utilizan las empresas multinacionales para reducir sus facturas fiscales. Esta suma equivale a más de seis veces el dinero necesario para cubrir el déficit de financiación de la atención primaria de salud universal en los países afectados por el ébola: Sierra Leona, Liberia, Guinea y Guinea-Bisáu.
Si a esto se suma toda la gama de artimañas de elusión fiscal y otros flujos financieros ilícitos, los incentivos fiscales y los pagos de la deuda, queda claro que, a menos que abordemos estos problemas, quienes más se benefician del progreso de África son los países ricos.
La reunión de Ciudad del Cabo brinda a los líderes la oportunidad de poner estos temas firmemente sobre la mesa, a solo unas semanas de la decisiva Conferencia sobre Financiación para el Desarrollo en Addis Abeba. En este momento, Oxfam considera que:
Los líderes africanos tienen la responsabilidad de recaudar y gastar recursos para combatir la desigualdad y crear oportunidades para nuestros jóvenes. Esto implica centrarse en recaudar más impuestos mediante la mejora de la administración tributaria, pero asegurándose de que la tributación sea progresiva. Implica luchar contra la corrupción y concentrar el gasto en ámbitos que favorezcan la movilidad social: la salud y la educación.
La capacidad de los líderes africanos para hacerlo depende de los esfuerzos internacionales por reformar el sistema tributario mundial. Un resultado sólido de Addis debería ser la creación de un órgano tributario intergubernamental en el que todos los países participen como miembros en pie de igualdad. Con los recursos y el mandato adecuados, dicho órgano podría ser el instrumento que necesitamos para abordar por fin la evasión y la elusión fiscales, la competencia fiscal perniciosa y garantizar la cooperación tributaria entre los gobiernos.
Hoy, las élites reunidas en encuentros como el Foro Económico Mundial sobre África 2015 hablan del «auge de África» y del aumento de la inversión en el continente. Mi esperanza es que, dentro de veinticinco años, podamos hablar del auge de los africanos , y de un aumento de la inversión y las oportunidades para la gente común de África. Pero esta esperanza carecerá de fundamento si no logramos detener la salida de riqueza del continente a la misma velocidad con que llega. Addis ofrece la oportunidad de impedirlo, y exhorto a los líderes africanos a hacer todo lo posible para aprovecharla.
El Foro Económico Mundial sobre África 2015 se celebra en Ciudad del Cabo, Sudáfrica, del 3 al 5 de junio.
Autora: Winnie Byanyima, directora ejecutiva de Oxfam Internacional
Imagen: Un escolar camina sobre un puente en la aldea de Mamba, a las afueras de la capital, Antananarivo, el 22 de noviembre de 2010. REUTERS/Siphiwe Sibeko


