Esta semana, los ministros de Finanzas y los gobernadores de los bancos centrales del G-20 se reúnen en Fukuoka, y pueden inspirarse en la ciudad anfitriona. Conocida como la «ciudad de las startups» de Japón, Fukuoka ha prosperado en las últimas décadas al abrazar el comercio, la innovación y la apertura.
Ese espíritu es más necesario que nunca para ayudar a reducir las tensiones comerciales y eliminar otros obstáculos en el camino hacia un crecimiento más elevado y sostenible. El objetivo debe ser ayudar, no interponerse en el camino del crecimiento mundial.
Señales de estabilización
En abril, describí la economía mundial como un «momento delicado». El FMI redujo su previsión de crecimiento mundial al 3,3 % en 2019, en gran medida por factores temporales específicos de cada país y por los efectos tangibles de las tensiones comerciales. Al mismo tiempo, proyectamos una aceleración del crecimiento en la segunda mitad de este año y un nuevo repunte hasta el 3,6 % en 2020, la misma tasa de crecimiento que en 2018.
Esperábamos que la actividad económica mundial también se beneficiara del ritmo más paciente de normalización monetaria de la Reserva Federal de EE. UU. y del Banco Central Europeo, así como de un mayor estímulo fiscal en China. De hecho, estas respuestas de política han aportado un apoyo vital en los últimos meses, en particular al facilitar las condiciones financieras y aumentar los flujos de capital hacia los mercados emergentes.
De hecho, los datos económicos más recientes indican que el crecimiento mundial podría estar estabilizándose, en líneas generales tal como habíamos previsto. Por ejemplo, mientras que la actividad económica del primer trimestre decepcionó en algunas zonas de Asia emergente y América Latina, el crecimiento fue más sólido de lo esperado en Estados Unidos, la zona del euro y Japón.
Así pues, hay algunas buenas noticias. Sin embargo, el camino hacia un crecimiento más sólido sigue siendo precario. ¿Por qué?
Crece la preocupación por el impacto de las actuales tensiones comerciales.
Obstáculos significativos
Permítanme destacar algunos de los obstáculos significativos que podrían interponerse en el camino de una recuperación del crecimiento:
Por un lado, hay interrogantes sobre el repunte esperado del crecimiento. ¿Se mantendrá el impulso del primer trimestre en las economías avanzadas y se materializarán las mejoras previstas anteriormente en algunas economías con tensiones, o tardarán más de lo esperado? ¿Cómo afectaría un Brexit sin acuerdo a la confianza? ¿Y el reciente aumento de los precios del petróleo deprimirá aún más la actividad económica?
Otro obstáculo es la vulnerabilidad subyacente de la economía mundial. Los niveles de deuda corporativa, por ejemplo, han aumentado hasta un punto en que un cambio repentino en las condiciones financieras podría desencadenar salidas de capital disruptivas desde los mercados emergentes.
También sabemos que muchas economías se enfrentan a perspectivas de crecimiento a medio plazo decepcionantes, no solo por el envejecimiento de la población y la lenta productividad, sino también por los efectos corrosivos de la excesiva desigualdad económica desigualdad.
Las tensiones comerciales cobran mayor peso
Lo más importante es que crece la preocupación por el impacto de las actuales tensiones comerciales. El riesgo es que los aranceles más recientes entre Estados Unidos y China reduzcan aún más la inversión, la productividad y el crecimiento. Los aranceles estadounidenses recién propuestos sobre México también son motivo de preocupación.
De hecho, existen pruebas sólidas de que Estados Unidos, China y la economía mundial son los perdedores de las actuales tensiones comerciales (véase el gráfico).
Calculamos que los aranceles entre Estados Unidos y China recientemente anunciados y previstos podrían restar alrededor del 0,3 % al PIB mundial en 2020, y más de la mitad del impacto procedería de los efectos sobre la confianza empresarial y del sentimiento negativo de los mercados financieros.
En conjunto, calculamos que los aranceles entre Estados Unidos y China, incluidos los aplicados el año pasado, podrían reducir el PIB mundial en un 0,5 % en 2020 (véase el gráfico, panel inferior). Esto equivale a una pérdida de unos 455 000 millones de dólares, superior al tamaño de la economía de Sudáfrica.

Son heridas autoinfligidas que deben evitarse. ¿Cómo? Eliminando las barreras comerciales implementadas recientemente y evitando nuevas barreras, de cualquier forma que adopten.
Lo cierto es que las medidas proteccionistas no solo perjudican el crecimiento y el empleo, sino que también encarecen los bienes de consumo comercializables y perjudican de forma desproporcionada a los hogares de bajos ingresos.
El G-20 puede ayudar
¿Cómo pueden, entonces, los responsables de políticas del G-20 ayudar a eliminar estos obstáculos y respaldar una recuperación del crecimiento?
La prioridad inmediata es resolver las actuales tensiones comerciales, al tiempo que se intensifica la modernización del sistema de comercio internacional. Esto incluye lograr un consenso entre los países sobre cómo reforzar las normas de la OMC, especialmente en materia de subvenciones, propiedad intelectual y comercio de servicios. El objetivo es crear un sistema comercial más abierto, más estable y más transparente, capaz de atender las necesidades de las economías del siglo XXI.
Por ejemplo, una investigación del FMI muestra que liberalizar el comercio de servicios podría añadir unos 350 000 millones de dólares al PIB mundial a largo plazo. Este tipo de ganancias son fundamentales si el comercio ha de desempeñar su papel en la mejora del nivel de vida y en la creación de nuevos empleos con salarios más altos.
Mientras los países corrigen el sistema comercial, también deben trabajar juntos para reformar la tributación de las empresas a escala internacional, reforzar la red mundial de seguridad financiera y hacer frente a la amenaza existencial del cambio climático.
Fortalecer la resiliencia y la inclusión
Al mismo tiempo, debemos reconocer que la elevada deuda pública y los bajos tipos de interés han dejado a muchos países con un margen de maniobra limitado en materia de políticas. Afrontar este desafío exigirá políticas fiscales cuidadosamente calibradas que logren el equilibrio adecuado entre el crecimiento, la sostenibilidad de la deuda y los objetivos sociales.
También debemos abordar las dislocaciones provocadas por el comercio y la innovación tecnológica, al tiempo que hacemos más para apoyar a quienes se quedan atrás.
Y necesitamos nuevas reformas estructurales: desde reducir las barreras de entrada en el comercio minorista y los servicios profesionales, hasta fomentar una mayor participación de las mujeres en la fuerza laboral. Por supuesto, cada país adaptará las reformas a sus necesidades, pero calculamos que este tipo de medidas, si se aplicaran conjuntamente, podrían elevar el PIB del G-20 en un 4 % a largo plazo.
Es importante destacar que las reformas estructurales también harían el crecimiento más resiliente e inclusivo.
Coordinarse si el crecimiento flaquea
Incluso mientras nos esforzamos por respaldar un repunte del crecimiento de esta manera, los países deben preguntarse: «¿y si…?».
Cuando llegue la próxima desaceleración, que inevitablemente llegará, los responsables de políticas podrían necesitar utilizar todas las herramientas de política para maximizar su efecto combinado. Esto implica apoyar la demanda mediante una flexibilización monetaria decidida y estímulos fiscales siempre que sea posible. También significa utilizar estas políticas de apoyo para potenciar el impacto de las reformas estructurales allí donde la demanda sea débil.
Nuestra nota del G-20 simula un shock económico negativo y las respuestas de política posteriores (véase el gráfico, panel superior). En un escenario, si se utilizan todas las herramientas de política, la producción del G-20 se recupera de forma significativamente más rápida y sostenible.
Además, la coordinación de políticas no debe detenerse en las fronteras. Nuestra simulación de desaceleración muestra que, si todos los países actúan con decisión para estimular su propio crecimiento, los efectos positivos de desbordamiento se refuerzan mutuamente. Y si todos trabajan para impulsar el crecimiento, todos se benefician de los esfuerzos de los demás en un grado mucho mayor en conjunto (véase el gráfico, panel inferior).

Conclusión
Por supuesto, la cooperación internacional no solo es necesaria en una posible desaceleración. Es fundamental en este momento porque todos los países siguen enfrentándose a un momento delicado. Como dice el proverbio japonés: «Cruza un río poco profundo como si fuera profundo.»
Para las naciones del G-20, cruzar el río significa trabajar en colaboración para ayudar, no obstaculizar, el esperado repunte del crecimiento.
Aprovechando el «espíritu de Fukuoka» de apertura, los responsables de políticas pueden ayudar a eliminar los obstáculos y encaminar la economía mundial por una senda más duradera e inclusiva.



