La Unión Europea atraviesa su crisis más profunda desde su creación hace más de 50 años. La drástica recesión económica que han experimentado la mayoría de los países, unida a la falta de acuerdo entre los políticos sobre cómo revertirla, ha dado paso a un creciente descontento social, al auge del extremismo político y a una erosión generalizada de la confianza de las empresas y los ciudadanos en los políticos y en el proyecto europeo en su conjunto.
Hasta hace poco, el debate sobre cómo recuperar esta confianza perdida y generar crecimiento y empleo ha estado dominado por quienes defienden la austeridad fiscal, en la creencia de que el dolor de hoy significa evitar un dolor mayor mañana. Sin embargo, cada vez más países proponen fórmulas destinadas a estimular el crecimiento a corto plazo para evitar a largo plazo daños irreversibles en economías ya muy golpeadas.
Hasta la fecha, no se ha alcanzado ningún consenso. No obstante, todos comparten una convicción: Europa necesita impulsar su competitividad si quiere mantener su alto nivel de vida. Crear una economía basada en el conocimiento en toda Europa se considera ampliamente fundamental para restablecer la fortuna económica de Europa y sustentar el progreso social.
El recientemente publicado «Europe 2020 Competitiveness Report: Building a More Competitive Europe» analiza y mide la competitividad de los países europeos y supervisa en qué medida avanza la UE en el logro de los objetivos de competitividad fijados en su Estrategia Europa 2020 para lograr un crecimiento «inteligente, sostenible e integrador».
El informe destaca la fuerte brecha de competitividad en Europa, que ha dado lugar a muchos de los desequilibrios que presenciamos actualmente y ha creado fricciones políticas entre los Estados miembros. Asimismo, señala las reformas e inversiones clave que Europa debería realizar a nivel de los Estados miembros y en Bruselas para afrontar los desafíos existentes. Este análisis puede servir de base para definir una agenda de competitividad ampliamente respaldada que impulse un progreso económico y social estable y duradero en toda Europa.
Dadas las recientes fricciones políticas, definir y aplicar una agenda de competitividad integral y orientada a resultados ayudaría a los países a converger en términos de crecimiento económico. Al seguir esa agenda, la UE contribuiría también en gran medida a la sostenibilidad del proyecto europeo, por no hablar de la unidad de la Unión, que ha parecido demasiado frágil en los últimos tiempos.
Beñat Bilbao-Osorio, director asociado; Margareta Drzeniek, directora y economista sénior; y Caroline Ko, economista júnior, forman parte del Centre for Global Competitiveness and Performance del Foro Económico Mundial.



