¿Cómo podemos comprender mejor y llegar a las personas pobres de Armenia? Esta es una pregunta que mis colegas y yo, junto con el Servicio Nacional de Estadística de Armenia (NSS, por sus siglas en inglés), nos planteamos mientras reflexionamos sobre las experiencias de varios países de América Latina y el Caribe que han dejado atrás el simple análisis de los ingresos y, en su lugar, han adoptado un enfoque multidimensional para medir la pobreza.
En primer lugar, es importante comprender el contexto. Armenia es un país en transición de ingreso mediano bajo que logró reducir la pobreza a la mitad en dos décadas: del 54 por ciento en 1998 al 28 por ciento cuando se produjo la crisis económica mundial de 2008. Sin embargo, la recuperación de la crisis ha sido desigual y la tasa nacional de pobreza se mantuvo prácticamente estancada, en el 32 por ciento, en 2013.
Cuánto gastan las personas en alimentos, calefacción e iluminación y otros artículos de consumo similares (que es la forma en que normalmente medimos la pobreza) sigue siendo, sin duda, una buena manera de reflejar el nivel de vida alcanzado por los armenios, pero ¿nos dice realmente lo suficiente sobre la experiencia de vivir en la pobreza en este país postsoviético? No del todo.
Por ejemplo, un estudio cualitativo sobre la pobreza del Banco Mundial de 2002 describió la nueva experiencia de penurias y privaciones que vivieron los armenios cuando se derrumbaron los sistemas soviéticos y surgió la nueva economía. Muchas de estas experiencias persisten hoy, como las dificultades para encontrar calefacción adecuada durante el invierno o un empleo estable.
Además, si bien la propiedad de la vivienda y la conexión a las redes de electricidad y agua son casi universales entre los armenios, la calidad de estos servicios suele ser bastante baja. Sin duda, este tipo de privación puede hacer que las personas sientan que viven en la pobreza, aunque quizá no quede reflejado en nuestras mediciones tradicionales.
Si a ello se suma una tasa de desempleo del 16 por ciento (con búsquedas de empleo que duran, en promedio, 20 meses), no sorprende que muchos armenios se sientan privados y empobrecidos, estén o no por debajo del umbral de pobreza.
En este contexto, mi colega Moritz Meyer y yo comenzamos a trabajar con el NSS —la organización encargada de hacer seguimiento de la pobreza nacional— para desarrollar un índice de pobreza multidimensional que pudiera reflejar algunas de estas experiencias. No queríamos crear otra «cifra de pobreza», sino complementar las estimaciones existentes de la pobreza basada en el consumo y obtener una visión más integral de la experiencia de la pobreza entre los armenios.
Ferreira y Lugo señalan que la verdadera pregunta para un economista especializado en pobreza no es si debe utilizar medidas unidimensionales o multidimensionales de pobreza, sino cómo captar mejor los numerosos aspectos del bienestar y la privación para indicar a los responsables de formular políticas dónde actuar. Ya sabemos mucho sobre el cálculo de la pobreza a partir del gasto de las personas en un conjunto de bienes y servicios básicos, pero estamos aprendiendo sobre otros aspectos que pueden ayudar a Armenia a desarrollar un índice nacional de pobreza multidimensional.
Empezamos con una «prueba piloto». Aprendimos mucho de este índice de pobreza multidimensional (MPI, por sus siglas en inglés), creado inicialmente por mi colega Josefina Posadas a partir de la Encuesta Integrada de Condiciones de Vida de Armenia (ILCS, por sus siglas en inglés).
Este índice se basa en un enfoque desarrollado por Alkire y Foster, y esta «prueba piloto» nos permitió abordar varias decisiones técnicas, muchas de las cuales implican juicios normativos, como la elección de la unidad de análisis, la selección de las dimensiones, la elección de los puntos de «corte» para determinar si un hogar sufre privaciones en esas dimensiones y la elección de las ponderaciones.
Elegimos el hogar como unidad de análisis e identificamos privaciones en las áreas de educación (E), salud (H), mercados laborales (L), condiciones de vivienda y acceso a servicios (S), así como pobreza alimentaria (C), como indicador de la incapacidad para satisfacer las necesidades básicas (véase el gráfico a continuación).
Si bien este índice indica el porcentaje de armenios que son pobres en múltiples dimensiones, nuestro objetivo ha sido ir más allá y analizar dónde se superponen estas vulnerabilidades y a quiénes afectan. Descubrimos que, en 2013, solo el 23 por ciento de los hogares de Armenia carecía de toda forma de privación. Además, la falta de elementos básicos y fundamentales, como educación, salud y empleo, suele coincidir y nos muestra cómo los hogares del país experimentan la pobreza no solo en un aspecto de sus vidas, sino en muchos.
En 2014, el NSS publicó los resultados de este MPI junto con un análisis de la pobreza basada en el consumo.

Esta «prueba piloto» nos ayudó enormemente a trabajar con nuestros colegas de la división de encuestas de hogares del NSS, nuestra principal contraparte, y a capacitarlos.
A partir de la «prueba piloto», nuestro siguiente paso es ayudar al NSS a adaptar el MPI al contexto nacional de Armenia.
Esta adaptación hará que el índice sea útil no solo para el seguimiento de la pobreza, sino también para las partes interesadas y los responsables de tomar decisiones en el Gobierno, así como para los organismos de desarrollo que desean reducir el número de personas que viven en la pobreza en Armenia.
Pusimos en marcha este proceso el 3 de marzo de este año con una reunión organizada por la oficina del Banco Mundial en Ereván, a la que asistieron el NSS y UNICEF. De nuestro animado debate surgieron dos puntos clave.
En primer lugar, un MPI nacional deberá tener en cuenta las numerosas formas en que las personas experimentan la pobreza a lo largo de sus vidas: como niños, adolescentes, adultos y personas mayores.
En segundo lugar, será imperativo involucrar desde el principio a los distintos ministerios, para que sus áreas prioritarias estén bien representadas y puedan comprender el valor de utilizar este índice como guía para formular políticas mejores y de mayor impacto para la población de Armenia.
Este artículo apareció originalmente en el blog Perspectivas Euroasiáticas del Banco Mundial. La publicación no implica que el Foro Económico Mundial respalde las opiniones expresadas.
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Autora: Nistha Sinha es economista sénior en la Práctica Global de Pobreza del Banco Mundial. Trabaja en temas de pobreza, análisis distributivo e igualdad de género, principalmente en los países de Europa y Asia Central. Moritz Meyer es economista en la Práctica Global de Pobreza del Banco Mundial y trabaja en medición de la pobreza, análisis distributivo y mercados laborales, con especial atención a la región del Cáucaso Meridional y la Unión Europea.
Imagen: Plántulas brotan del suelo. REUTERS.


