La integración de las industrias creativas en la lógica económica de las naciones resulta especialmente difícil en el contexto de las economías mixtas, ya que a menudo se subestima o se ignora el papel de la creatividad como motor del crecimiento. En el contexto del Sur Global y de sus ciudades del futuro —que sustentan la mayoría de muchas economías soberanas—, el sector creativo puede desempeñar un papel radical en la estabilización de las economías locales frente a impactos externos, así como en el desarrollo del diálogo cultural y la cohesión social. La reciente evolución discursiva de STEM (Ciencia, Tecnología, Ingeniería y Matemáticas) a STEAMD (Ciencia, Tecnología, Ingeniería, Arte, Matemáticas y Diseño) está ayudando a los gobiernos a orientar sus criterios de planificación hacia formas más sostenibles de inversión socioeconómica.
Las industrias creativas son un componente fundamental de la cadena de valor de casi todos los productos, desde los bienes básicos hasta los servicios financieros, y aportan entretenimiento y funcionalidad. Las economías mixtas de muchas ciudades africanas dependen de una u otra forma de las industrias creativas; a veces, estas se reflejan en los bienes y servicios de la llamada economía informal y, otras, en cadenas de valor más complejas de corporaciones multinacionales o flujos empresariales relacionados con la moda, la artesanía y la producción textil, así como con la gamificación y la tecnología de la información. Las estrechas definiciones de lo creativo, entendido como «arte y artesanía», han evolucionado con razón hacia un panorama mucho más rico de actividad e iniciativa creativas, no solo en Sudáfrica, sino también en muchos otros países.
Como anfitriona del Foro Económico Mundial sobre África de 2015, Sudáfrica cuenta con dos iniciativas recientes de interés: el nuevo Ministerio de Desarrollo de Pequeñas Empresas y la Federación de Industrias Culturales y Creativas de Sudáfrica, que demuestran un compromiso con esta «nueva economía».
Hay otros organismos y eventos que han desempeñado un papel fundamental al llamar la atención sobre la función de las industrias creativas; sin embargo, estas dos iniciativas elevan la inversión estatal en el ecosistema de la industria creativa y son señal de una lógica económica más madura.
Sin embargo, los creativos sudafricanos sostendrán con razón que la legislación y los mercados financieros, tal como están hoy, distan mucho de facilitar la actividad de las pequeñas empresas y las empresas creativas; escasea el capital inversor para la innovación, y las rígidas prácticas del mercado laboral impiden que los modelos de negocio tengan la flexibilidad necesaria para responder adecuadamente a los cambios y las oportunidades.
Las grandes empresas sencillamente no «entienden» la creatividad como valor añadido en el comercio y, cuando la mayoría de las corporaciones reduce su tamaño, las unidades de diseño, marketing y creatividad suelen ser las primeras en desaparecer.
Del mismo modo, la débil economía mixta de Sudáfrica y las limitaciones tecnocráticas de la administración pública suelen dejar al sector privado como único agente de cambio capaz de responder al impulso del sector creativo. Sin embargo, los mercados liberales no son la panacea del desarrollo económico en un contexto de gobernanza débil, creciente desigualdad urbana y el inevitable auge de ciudades de chabolas.
Las visitas de impacto a Ciudad del Cabo —una ciudad atractiva, pero marcada por barrios marginales periféricos con escasa inversión, consecuencia directa del apartheid— ofrecieron una inmersión rápida en el tejido urbano y sus contradicciones cosmopolitas de exceso y privilegio, al tiempo que situaron la creatividad en el centro del debate.
Se realizaron varios ejercicios con los Jóvenes Líderes Globales para marcar esta inmersión. Al comienzo, se ofrecieron varias breves presentaciones introductorias sobre el reto de la creatividad y el desarrollo económico en el contexto de Ciudad del Cabo como capital creativa global emergente.
A continuación, se llevó a cabo un juego empresarial interactivo de 40 minutos, «Out the Box», en el que se pidió a los participantes que crearan y presentaran una nueva oportunidad de negocio en Woodstock, Ciudad del Cabo, que abordara el reto de crear empleo local, combatir la gentrificación y utilizar la creatividad como su principal distintivo.
Después, los participantes se dividieron en varios equipos principales para crear artefactos íntimos y abiertos que desbloquearan su creatividad interior y abordaran un desafío social clave. Aunque Ubuntu, como filosofía, es notoriamente difícil de definir, sus manifestaciones en la industria creativa son las más abarcadoras y muestran cómo una idea puede cambiar de verdad el mundo en que vive la gente.
En cuestión de horas, ¡#CreateAFRICA era tendencia en Sudáfrica! Los ejercicios propiciaron una reflexión sobre la naturaleza de Ciudad del Cabo como ciudad secundaria que busca expresar una posición global en el sector creativo y, al hacerlo, ofrecieron una vía diversa y amena para acercarse a los desafíos socioeconómicos más amplios que se abordarían en los días siguientes. Fue especialmente significativo poder acoger el taller en Woodstock, porque es un gran ejemplo de una zona urbana que ha podido salir adelante gracias a su capital creativo.
Autores: Mokena Makeka es director creativo y director general de Makeka Design Lab, en Sudáfrica. Dave Duarte es director ejecutivo de Treeshake. Hanneli Rupert es fundadora y directora creativa de Okapi. Los tres son Jóvenes Líderes Globales.
Imagen: Mujeres y niños senegaleses con vestimenta tradicional esperan la llegada del presidente de EE. UU., Barack Obama, y miembros de su familia a la isla de Gorea, cerca de Dakar, Senegal, el 27 de junio de 2013. REUTERS/Jason Reed

