¿Cómo debemos responder a las crisis financieras?

¿Cómo debemos responder a las crisis financieras?
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Adam Smith escribió de forma célebre sobre la «mano invisible», mediante la cual la búsqueda del interés propio de los individuos en mercados libres y competitivos promueve el interés de la sociedad en su conjunto. Y Smith tenía razón: los mercados libres han generado una prosperidad sin precedentes tanto para los individuos como para las sociedades. Pero, dado que podemos ser manipulados, engañados o, simplemente, tentados de forma pasiva, los mercados libres también nos persuaden de comprar cosas que no son buenas ni para nosotros ni para la sociedad.

Esta observación representa un importante apéndice a la visión de Smith. Y es una que George Akerlof y yo exploramos en nuestro nuevo libro, Phishing for Phools: The Economics of Manipulation and Deception.

A la mayoría de nosotros nos ha afectado el «phishing»: correos electrónicos y llamadas telefónicas no solicitados, diseñados para estafarnos. Un «phool» es cualquier persona que no comprende plenamente la omnipresencia del phishing. Un phool ve ejemplos aislados de phishing, pero no aprecia el grado de profesionalidad dedicado a él, ni cuánto afecta esta profesionalidad a la vida de las personas. Lamentablemente, muchos de nosotros hemos sido phools, incluidos Akerlof y yo, y por eso escribimos este libro.

El phishing rutinario puede afectar a cualquier mercado, pero nuestras observaciones más importantes se refieren a los mercados financieros, lo que resulta oportuno dado el enorme auge de los mercados de renta variable e inmobiliario desde 2009, y la turbulencia en los mercados globales de activos desde el mes pasado.

Como han aprendido para su perjuicio demasiados optimistas, los precios de los activos son muy volátiles y en ellos interviene todo un océano de phishes. Los prestatarios son atraídos hacia hipotecas inadecuadas; las empresas son despojadas de sus activos; los contables inducen a error a los inversores; los asesores financieros tejen narrativas de riqueza surgida de la nada; y los medios de comunicación promueven afirmaciones extravagantes.

Pero los perdedores en las recesiones no son solo quienes han sido engañados. Se produce una cadena de pérdidas adicionales cuando los activos inflados se han comprado con dinero prestado. En ese caso, las quiebras y el temor a la quiebra generan una epidemia de nuevas quiebras, que refuerza el temor. Después, el crédito se seca y la economía se derrumba. Esta espiral descendente y viciosa de la confianza empresarial suele incluir phishes, por ejemplo, las víctimas del esquema Ponzi de Bernard Madoff, que solo se descubren una vez que ha terminado el período de euforia irracional.

Las epidemias, tanto en economía como en medicina, requieren una respuesta inmediata y drástica. La respuesta de las autoridades ante el Gran Crac de 1929 fue pequeña y lenta, y la economía mundial entró en una «Edad Oscura» que se prolongó durante la Gran Depresión de los años treinta y la Segunda Guerra Mundial. La crisis financiera de 2007-2009 presagiaba un desenlace similar, pero esta vez los gobiernos y los bancos centrales del mundo intervinieron con prontitud, de forma coordinada y con un volumen de estímulo adecuadamente elevado. La recuperación ha sido débil; pero no nos encontramos ni de lejos ante una nueva Edad Oscura.

Por ello debemos estar agradecidos. Sin embargo, algunos sostienen ahora que las autoridades fiscales y monetarias no deberían haber respondido tan rápido ni con tanta fuerza cuando estalló la crisis de 2007-2009. Creen que la causa principal de la crisis fue lo que los economistas llaman riesgo moral: como quienes asumían riesgos esperaban que las autoridades interviniesen para protegerlos cuando sus apuestas salieran mal, asumieron riesgos aún mayores.

En cambio, nuestra opinión (respaldada por numerosos datos) es que el rápido aumento de los precios suele reflejar una euforia irracional, favorecida e incitada por los phishes. Los eufóricos irracionales no pensaban en los rendimientos que obtendrían si las autoridades intervenían para mantener la economía y el flujo de crédito (o, en casos extremos, para rescatar a su banco o empresa). Tales posibilidades eran una consideración marginal en la euforia previa a la crisis de 2007-2009: quienes vendían a precios inflados obtenían beneficios, y los compradores «sabían» que estaban haciendo lo correcto, incluso cuando no lo estaban haciendo.

La reticencia a reconocer la necesidad de una intervención inmediata en una crisis financiera se basa en una escuela de economía que no tiene en cuenta la euforia irracional que he explorado en otras obras, y que ignora el marketing agresivo y otras realidades de los mercados de la era digital analizadas en Phishing for Phools. Pero aferrarse a un enfoque que pasa por alto estos factores equivale a suprimir los cuerpos de bomberos, con el argumento de que, sin ellos, la gente sería más prudente, y por tanto no habría incendios.

Hace muchos años, para gran pesar del mundo, descubrimos qué ocurre cuando se permite que una epidemia financiera siga su curso. Nuestro análisis indica que no solo existen fuerzas endémicas y naturales que hacen que el sistema financiero sea muy volátil, sino también que se necesita una intervención rápida y eficaz ante el colapso financiero. Debemos dar plena libertad a las autoridades fiscales y monetarias para adoptar medidas enérgicas cuando la turbulencia financiera se convierta en crisis financiera. Una sola Edad Oscura ya es demasiado.

Este artículo se publica en colaboración con Project Syndicate. La publicación no implica que el Foro Económico Mundial respalde las opiniones expresadas.

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Autor: Robert J. Shiller, premio Nobel de Economía de 2013, es catedrático de Economía en la Universidad de Yale y cocreador del índice Case-Shiller de precios de la vivienda en Estados Unidos.

Imagen: Un hombre observa un panel de cotizaciones bursátiles frente a una casa de bolsa en Tokio. REUTERS/Toru Hanai

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