Las imágenes de niños que trabajan en condiciones peligrosas y abusivas provocan, naturalmente, fuertes reacciones emocionales. Por este motivo, las medidas concebidas para impedir que los niños trabajen y garantizar que vayan a la escuela suscitan poca oposición o debate.
Sin embargo, la realidad es que un enfoque rígido del trabajo infantil tiene sus inconvenientes. El trabajo no es ni completamente bueno ni completamente malo para los niños. A menudo es ambas cosas.
Es evidente que las peores formas de trabajo infantil requieren medidas urgentes. Sin embargo, la solución no es necesariamente prohibirlo. A veces, las condiciones pueden cambiarse para reducir el riesgo de daño. Las condiciones laborales pueden hacerse inocuas o incluso beneficiosas, lo que es más constructivo que simplemente prohibir un trabajo que los niños suelen necesitar o querer para sobrevivir ellos y sus familias.
La mayoría de los trabajos conllevan beneficios y daños
Es errónea la suposición común de que, para los niños, el trabajo en el hogar es inocuo, mientras que el trabajo remunerado es perjudicial. La mayoría de los trabajos conllevan beneficios y daños, según las condiciones, las aptitudes y la formación de los niños. Por tanto, en lugar de clasificar determinadas actividades como perjudiciales, debemos reconocer que un mismo trabajo puede entrañar tanto beneficios como daños, que deberían evaluarse a nivel local.
Entonces, ¿cómo regulamos el trabajo de los niños en África y qué puede decirse de las intervenciones que buscan controlar el trabajo infantil? La Unión Africana (UA) prohíbe el trabajo que interfiere con el desarrollo de los niños, pero, a diferencia de la ONU y de los convenios de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), convenios, la UA también reconoce que los derechos van acompañados de responsabilidades hacia la familia y la sociedad.
El término «trabajo infantil» genera confusiones conceptuales. Y, dada la amplia adopción del Convenio de la OIT de 1999, el convenio de 1973 ya es redundante. El convenio de 1973 prohíbe el trabajo que no es perjudicial y que a menudo resulta beneficioso. Además, a veces los niños soportan una carga excesiva de trabajo en el hogar, algo que esta legislación no contempla.
Las normas culturales contrastan con el régimen jurídico mundial
Las normas culturales indican qué trabajos pueden o deben realizar desde pequeños los niños de determinadas edades y géneros, y prevén un aumento gradual de sus responsabilidades. Esto contrasta con el régimen jurídico internacional, que establece que solo debe permitirse el trabajo a partir de una edad específica.
El trabajo infantil también tiene un contexto social y económico. El comercio internacional puede afectar el trabajo de los niños y sus relaciones con sus familias, como ilustra un estudio de caso en Etiopía.
La producción de cultivos comerciales genera ingresos para las familias, pero también crea tensiones en su seno, agrava las desigualdades de género y compite con la producción de alimentos para la familia. El efecto neto es que los cultivos comerciales aumentan la contribución de los niños como productores y cuidadores. Así, el sistema de comercio internacional puede llevar a la explotación infantil.
La investigación también muestra cómo los cambios en las comunidades y las crisis familiares afectan la vida y la escolarización de los niños. También destaca cómo estos perciben tanto los beneficios como los daños de su trabajo. Los beneficios de trabajar no son solo las contribuciones materiales a las familias y la posibilidad de superar «golpes» (acontecimientos difíciles e imprevistos), sino también adquirir aptitudes y mejorar la posición moral y la autoestima de los niños.
El trabajo está ligado a las relaciones sociales
El riesgo de daño para los niños debe sopesarse frente a estos beneficios. Para estos niños, no trabajar sería inconcebible. El trabajo infantil está inextricablemente ligado a sus relaciones sociales con sus compañeros, padres y empleadores. El trabajo da sentido a sus vidas.
La investigación sobre niños pobres que trabajan en las calles de Etiopía y Sudán muestra que los ingresos del trabajo son esenciales para el sustento de los niños y sus familias.
La posibilidad de ganar dinero da a los niños cierto control sobre sus vidas. Los niños que trabajan crean redes para ayudarse entre sí. Muchos pueden ahorrar dinero y ayudar a sus familias.
También está la cuestión de la relación entre la escolarización y el trabajo. Nuestra investigación muestra que los niños trabajan para ayudar a sus familias y ganar dinero para los gastos escolares. Aunque el trabajo puede impedir que los niños vayan a la escuela, obligarlos a abandonarla o afectar su rendimiento, algunos han logrado combinar los estudios con el trabajo. Otros pueden seguir estudiando gracias a su trabajo. Nuestra investigación apunta a la necesidad de que los sistemas escolares sean más flexibles para apoyar a los niños que tienen que trabajar.
En Burkina Faso, los padres y los niños que trabajan en las minas y canteras reconocen que el trabajo es peligroso. Pero lo consideran una respuesta necesaria a la pobreza extrema. Además, quizá les convenga más a los niños acompañar a sus padres al trabajo que quedarse solos en casa. Las intervenciones para apartar a los niños del trabajo tienden a no abordar los problemas que afrontan sus familias ni la necesidad de ofrecerles apoyo alternativo.
En Kenia, un programa de Save the Children apoya a los niños que trabajan, lo que ha permitido incluir sus perspectivas en un nuevo borrador de política sobre trabajo infantil. Sin embargo, el programa excluye a los menores de 14 años, que deberían estar escolarizados.
Escuchar lo que dicen los niños sobre el trabajo
El Movimiento Africano de Niños Trabajadores incluye «el derecho a un trabajo ligero y limitado» entre sus «Doce Derechos» , sin mencionar la edad. Ya es hora de que centremos la atención en reducir los daños del trabajo infantil, en lugar de buscar normas que impongan una prohibición general de que los niños realicen cualquier trabajo.
Un enfoque más ilustrado del trabajo infantil empezaría por escuchar lo que tienen que decir los niños y colaborar con las comunidades locales para concienciar sobre los problemas que afrontan los niños que trabajan, especialmente al compaginar el trabajo y la escuela, y para mejorar la accesibilidad, la flexibilidad y la calidad de la enseñanza, a fin de atender sus necesidades.
En última instancia, las medidas para reducir la pobreza y proporcionar redes de seguridad a los niños de familias que atraviesan crisis son más adecuadas que los enfoques centrados estrictamente en impedir que los niños trabajen.
La investigación mencionada en este artículo se ha recopilado en un libro, Children’s Work and Labour in East Africa: Social Context and Implications for Policy, editado por Alula Pankhurst, Michael Bourdillon y Gina Crivello. Se publicará el 12 de junio, Día contra el Trabajo Infantil, por la Organización para la Investigación en Ciencias Sociales en África Oriental y Meridional.
Este artículo se publica en colaboración con The Conversation. La publicación no implica que el Foro Económico Mundial respalde estas opiniones.
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Autor: Alula Parkhurst es director nacional de Young Lives Ethiopia en la Universidad de Oxford.
Imagen: Una niña afgana trabaja en una fábrica de ladrillos en la provincia de Nangarhar, el 6 de enero de 2015. REUTERS/Parwiz.


