A pesar de los avances en muchas sociedades, las mujeres de casi todas partes siguen sufriendo niveles significativos de discriminación. Incluso en los países donde más ha avanzado la igualdad de género, las mujeres están sobrerrepresentadas en los empleos peor pagados, infrarrepresentadas en los altos cargos gubernamentales y empresariales, y son víctimas de la mayoría de los casos de violencia doméstica.
En algunas partes del mundo en desarrollo, la situación es mucho peor. En muchos casos, las normas culturales tradicionales impiden que las niñas reciban una educación real; llevan a demasiadas a casarse y tener hijos cuando aún son adolescentes; y prohíben a las mujeres incluso abrir una cuenta bancaria.
Al comenzar el siglo, la comunidad internacional adoptó un ambicioso conjunto de metas: los Objetivos de Desarrollo del Milenio. Desde entonces se ha logrado mucho, también en el ámbito de la igualdad de género, pero aún queda mucho camino por recorrer. Aunque hoy las niñas del mundo en desarrollo tienen muchas más probabilidades de ir a la escuela, siguen creciendo con una carga desproporcionada de pobreza, mala salud, educación insuficiente, discriminación y violencia.
La mayoría de las personas en todo el mundo está de acuerdo en que hombres y mujeres deben recibir el mismo trato, y también sabemos que empoderar a las mujeres es una forma muy eficaz de ayudar a las familias y las sociedades a salir de la pobreza. Entonces, ¿cómo podemos lograr la mayor igualdad de género al menor costo?
Calcular los costos y beneficios de un programa para mejorar los derechos de las mujeres no es fácil, pero los análisis de mi centro de estudios, Copenhagen Consensus, ofrecen algunas perspectivas valiosas. Por ejemplo, invertir un dólar en programas de planificación familiar puede generar beneficios por valor de 120 dólares: un rendimiento asombrosamente alto.
Esta información es especialmente pertinente ahora, mientras los 193 gobiernos de las Naciones Unidas preparan el próximo conjunto de objetivos internacionales que guiarán el enfoque mundial del desarrollo hasta 2030. Dado que hay muchas metas importantes, pero recursos limitados, hay que tomar decisiones difíciles. Entonces, ¿qué objetivos para aumentar la igualdad de género deberían incluirse?
Una forma útil de comparar directamente las metas es analizar cuánto costará alcanzar cada una y cuánto bien hará su cumplimiento. Copenhagen Consensus ha pedido a más de 60 destacados economistas que realicen esta evaluación para toda la gama de cuestiones pertinentes, entre ellas la educación, la seguridad alimentaria y energética y la eliminación de la violencia contra las mujeres.
Está claro que la igualdad de género tiene varios componentes importantes, pero la reproducción es una cuestión clave para determinar las oportunidades en la vida. En particular, permitir que las mujeres decidan si quieren quedar embarazadas, cuándo y con qué frecuencia conduce a menos muertes durante el parto y menos muertes infantiles. También da a las madres más tiempo para dedicarlo a criar a sus hijos e invertir en la próxima generación. Por eso no sorprende que el dinero destinado a programas de planificación familiar resulte ser una inversión tan buena.
Pero hay otros objetivos de género que deben considerarse. La mejor manera de reducir la violencia contra las mujeres, sacarlas de la pobreza y empoderarlas para que sean miembros plenos e iguales de la sociedad es romper el ciclo del matrimonio y la maternidad tempranos.
Lograr un cambio tan grande no es fácil, pero si las niñas pueden permanecer más tiempo en la escuela y tener buenas oportunidades laborales después de graduarse, es probable que se casen y tengan hijos más tarde. Por ejemplo, en la India rural, reclutadores para empleos bien remunerados de apoyo administrativo visitaron aldeas seleccionadas al azar durante un período de tres años. El empleo femenino aumentó y las mujeres de 15-21 años tuvieron entre un 5 y un 6 % menos de probabilidades de casarse o dar a luz durante ese período. Además, las mejores oportunidades laborales crearon un incentivo para recibir una mejor educación. Como resultado, las niñas más jóvenes de estas zonas permanecieron más tiempo en la escuela y las mujeres se matricularon en cursos de capacitación.
En términos más generales, la evidencia de distintos enfoques y países indica que gastar un dólar en mejorar el acceso de las mujeres a oportunidades económicas genera alrededor de 7 dólares en beneficios para la salud, la educación y la reducción de la pobreza. Otros estudios muestran que gastar un dólar en mejorar la educación de las niñas también es una inversión sólida, pues produce 5 dólares en beneficios por cada dólar gastado.
Hay muchos otros posibles objetivos de igualdad de género que parecen indudablemente positivos, pero para los que no contamos con estimaciones de costos y beneficios. Por ejemplo, garantizar que las mujeres tengan los mismos derechos a heredar, firmar un contrato, registrar una empresa o abrir una cuenta bancaria costaría poco, pero podría generar beneficios económicos de gran alcance. Sin embargo, no contamos con datos para cuantificar bien esos beneficios.
Del mismo modo, aumentar la representación política de las mujeres costaría poco, mientras que los beneficios a menudo serían bienvenidos, pero difíciles de cuantificar. En esencia, las prioridades de las mujeres empezarían a tener la misma importancia que las que favorecen los hombres.
No hay una forma sencilla de lograr algo tan complejo como la igualdad de género. Pero los análisis económicos pueden ayudarnos a ver dónde podemos hacer el mayor bien. Está claro que la comunidad internacional debe considerar cuidadosamente el caso de la planificación familiar al formular sus prioridades para el próximo conjunto de objetivos de desarrollo. Y ahora contamos con información más sólida sobre otros objetivos de género cuando compiten con metas relacionadas con la nutrición, la salud, la pobreza y el medio ambiente.
Este artículo se publica en colaboración con Project Syndicate. La publicación no implica el respaldo del Foro Económico Mundial a las opiniones expresadas.
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Autor: Bjørn Lomborg es profesor adjunto en Copenhagen Business School y fundador y director de Copenhagen Consensus Center.
Imagen: La galardonada con el Premio Nobel de la Paz Malala Yousafzai posa con la medalla y el diploma durante la ceremonia de entrega del Premio Nobel de la Paz en el Ayuntamiento de Oslo. REUTERS/Suzanne Plunkett


