¿Cómo deben afrontar los líderes europeos la crisis de refugiados?

¿Cómo deben afrontar los líderes europeos la crisis de refugiados?
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Europa atraviesa un momento histórico. Para finales de este año, el número de personas que solicitan asilo en la Unión Europea superará el millón. El coste humano de esta crisis de refugiados es espantoso. Sin embargo, salvo contadas excepciones, la respuesta de los gobiernos europeos ha sido, en el mejor de los casos, tímida: reconocen la necesidad de hacer más, pero temen las consecuencias.

Algunos políticos temen la carga que los migrantes impondrán a las comunidades locales y a los contribuyentes. Otros temen que extremistas se hagan pasar por refugiados auténticos. Sobre todo, muchos temen a la opinión pública que, pese a las conmovedoras escenas de acogida y apoyo a los solicitantes de asilo, sigue mostrándose reticente e incluso hostil ante la perspectiva de aún más migrantes procedentes de países devastados por la guerra y convulsos, sobre todo si practican una religión distinta.

Los líderes europeos no pueden permitirse el lujo de tener miedo. La crisis de refugiados no es una de la que puedan desentenderse. Ninguna varita mágica permitirá a los dirigentes trasladar a más de un millón de personas de vuelta a través del Egeo y el Bósforo hasta Mosul y Alepo, ni a través del Mediterráneo hasta Eritrea, Somalia y Sudán.

La reintroducción de controles fronterizos y la construcción de vallas pueden ganar tiempo para los países desbordados, pero nadie puede esperar seriamente contener a personas tan desesperadas por emigrar. Dadas las terribles condiciones de los países de los que huyen, quizá la mitad de los solicitantes de asilo cumpla los requisitos para obtener la residencia incluso con las normas más estrictas. Por tanto, sea cual sea la sensibilidad o la ambivalencia de la opinión pública, los líderes europeos tendrán que encontrar una respuesta audaz, coordinada y unificada.

Hay tres desafíos. El primero es acordar un reparto justo de los refugiados dentro de Europa; pese a su enorme número, estas personas desesperadas deben recibir cobijo, alimento y apoyo. Esto ya será bastante difícil.

El segundo desafío es iniciar el proceso de integración de los refugiados en las sociedades y economías europeas. Algunos refugiados encontrarán relativamente fácil conseguir empleo. Un ingeniero civil sirio con estudios universitarios que llegue a Múnich necesitará aprender algo de alemán; pero, una vez hecho esto, es poco probable que tenga que esperar mucho antes de que los empleadores llamen a su puerta. Otros solicitantes de asilo tienen un nivel educativo más bajo, y muchos podrían estar traumatizados por su experiencia de guerra y éxodo. Integrarlos llevará tiempo y esfuerzo, y muchos votantes se mostrarán escépticos ante el proceso, sobre todo teniendo en cuenta que una integración o asimilación exitosa no será barata.

Sin embargo, pagar el precio de acoger e integrar a los solicitantes de asilo de hoy podría reportar beneficios significativos para la Europa de mañana. Nuestro trabajo en la OCDE demuestra que la migración, si se gestiona bien, puede impulsar el crecimiento y la innovación. Por desgracia, en el pasado la migración no siempre se ha gestionado bien: los migrantes se han concentrado en condiciones de tipo gueto, con pocos servicios públicos y escasas perspectivas de empleo.

Aun así, los datos de los 34 países miembros de la OCDE indican que los inmigrantes suelen pagar más en impuestos y cotizaciones a la seguridad social de lo que reciben en prestaciones individuales. Hoy hemos publicado un informe de políticas sobre la crisis actual de refugiados. En pocas palabras, Europa necesita migrantes y las nuevas competencias que pueden aportar. De lo contrario, a medida que su población disminuya, le será difícil pagar las pensiones y los costes sanitarios en el futuro (ya en la década hasta 2010, la inmigración representó el 65 % del aumento de la fuerza laboral de la UE).

Muchos sostendrán que los refugiados que carecen de las competencias que demanda la economía serán más difíciles de integrar que otros recién llegados. Puede que sea así. Pero, como ahora sabemos mucho sobre lo que ha funcionado en el reasentamiento de migrantes, podemos confiar en evitar los errores del pasado, sobre todo documentando y compartiendo las experiencias de los países que han gestionado bien la migración.

Esto nos lleva al tercer y mayor desafío al que deben hacer frente los líderes europeos: el temor a los migrantes. La integración es una condición previa para la aceptación pública de los futuros flujos legales. La premisa es que «nosotros» estamos integrados, mientras que «ellos» no lo están. Y, sin embargo, casi todo el mundo tiene un migrante en algún lugar de su árbol genealógico, a menudo no muchas generaciones atrás. La distinción entre «nosotros» y «ellos» no es tan nítida como podríamos suponer.

Ninguno de los líderes actuales esperaba enfrentarse a una tragedia humana de la magnitud de la que hoy vemos en el Mediterráneo y en toda Europa. Pero la forma en que respondan determinará cómo serán juzgados por sus ciudadanos y por la historia.

Esto no es un juego de cifras. Los líderes deberían desplazar su atención de las preguntas sobre «cuántos» y «dónde» hacia el «qué» de la crisis, es decir, qué deben hacer para integrar a estos recién llegados en sus sociedades y economías. Deben ejercer su liderazgo para convencer a la opinión pública de que los migrantes, sobre todo quienes más necesitan protección, aportan más de lo que reciben. En este momento de crisis, todos deberíamos atender las palabras del novelista mexicano Carlos Fuentes: «Reconócete en él y en ella, que no son como tú ni como yo».

Este artículo se publica en colaboración con Project Syndicate. La publicación no implica que el Foro Económico Mundial respalde los puntos de vista expresados.

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Autor: Angel Gurría es secretario general de la OCDE.

Imagen: Niños refugiados sirios estudian en un aula improvisada en un asentamiento informal en Zahle, en el valle de la Bekaa. REUTERS/ Mohamed Azakir.

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