África alberga al 18 % de la población mundial, pero cuenta con menos del 1 % de la capacidad mundial de centros de datos.
La infraestructura digital compartida permite a los países en desarrollo acceder plenamente a la economía global.
Cerrar la brecha digital requiere medidas de colaboración, energía limpia y un entorno normativo adecuado.
En la aldea de Buheesi, en Uganda, una escuela que antes carecía de electricidad e internet ahora descarga libros de texto digitales y presenta informes en tiempo real. La transformación llegó cuando un programa piloto combinó la electrificación rural con el despliegue de fibra óptica, llevando tanto electricidad como conectividad al corazón de la comunidad.
En gran parte del mundo, la infraestructura digital no consiste solo en ver vídeos en streaming o acceder al almacenamiento en la nube. Se trata de capacidad de decisión, acceso y progreso. África alberga al 18 % de la población mundial pero cuenta con menos del 1 % de la capacidad mundial de centros de datos. No es solo una estadística: es una advertencia.
A medida que la IA, la tecnología financiera y los servicios públicos digitales transforman la economía global, las naciones sin capacidad de computación serán naciones sin control. En esta nueva era, «la capacidad de computación es la nueva soberanía». Y la infraestructura digital compartida (SDI, por sus siglas en inglés), es decir, la colaboración regional en materia de nube, datos y energía, se perfila como la vía más inteligente y rápida para cerrar la brecha.
Cerrar la brecha en IA
Ya no basta con estar conectado digitalmente. Sin centros de datos locales, capacidades a hiperescala o servicios de nube soberana, las economías emergentes se verán obligadas a externalizar la inteligencia, no solo la infraestructura.
La verdadera brecha estará entre los países que cuentan con la infraestructura para entrenar y ejecutar modelos de IA según sus propios términos y aquellos que dependen de plataformas que no controlan, en jurisdicciones sobre las que no tienen influencia.
¿La buena noticia? Hay un camino a seguir. Y ya se está poniendo a prueba.
¿Cuáles son los beneficios de la infraestructura digital compartida?
En lugar de que cada país cargue solo con el peso, la SDI promueve la cooperación y la colaboración. Puede concebirse como el sistema ferroviario de la era de la IA: se construye una vez, lo utilizan muchos y se gobierna de forma colectiva.
Entre las formas de SDI se incluyen:
Centros de datos regionales: inversiones conjuntas que reducen los costos y aumentan la redundancia.
Modelos de bienes comunes digitales: Cooperativas de infraestructura gestionadas por comunidades o regiones.
Alianzas de energía sostenible: Redes compartidas de energía renovable que abastecen instalaciones transfronterizas.
Alianzas público-privadas: En ellas, los gobiernos reducen el riesgo de la inversión y comparten la propiedad de activos estratégicos.
¿Cuánta energía requiere la IA?
La demanda de recursos, como electricidad y agua, es insaciable en el ámbito de la infraestructura de IA. Se estima que los centros de datos de todo el mundo consumirán más de 1.000 teravatios-hora (TWh) para 2026, casi el doble que en 2022. A medida que África, Asia meridional y Asia sudoriental experimenten un crecimiento exponencial de la población en los próximos años, será crucial planificar y apoyar este crecimiento.
Esto es aún más crucial para las economías emergentes que ya afrontan frecuentes cortes de electricidad: no pueden simplemente añadir proveedores a hiperescala sin reevaluar su estrategia energética. Por suerte, la SDI ofrece una solución viable para respaldar el suministro energético, centrada en las energías renovables:
Energías renovables cofinanciadas, como la hidroeléctrica (África oriental), la geotérmica (Indonesia y Kenia) y la solar (Marruecos).
Almacenamiento en baterías y microrredes para reforzar la resiliencia local.
Acuerdos regionales de comercio de energía para asignar electricidad a activos prioritarios.
¿Qué debería ocurrir a continuación?
Los mercados emergentes no tienen que empezar de cero. Proyectos piloto como el de Buheesi, en Uganda, que combinó la electrificación con el despliegue de fibra óptica, han demostrado el poder de integrar infraestructuras a nivel local. El profesorado accedió a recursos digitales, las clínicas presentaron informes en tiempo real y las operaciones cívicas se volvieron más eficientes. Pero estos logros fueron locales y estuvieron integrados verticalmente. El próximo salto es horizontal: infraestructura transfronteriza, centros de datos compartidos, capacidad de computación agrupada y plataformas regionales en la nube. La SDI se basa en estos proyectos piloto, pero añade escala, soberanía y sostenibilidad.
1. Crear el entorno normativo adecuado
Los gobiernos deben liderar con políticas que faciliten la cooperación, a la vez que protejan los datos y la equidad del mercado:
Políticas de datos armonizadas: Los marcos regionales para la gobernanza de datos garantizan flujos transfronterizos fluidos y minimizan la fragmentación normativa.
Incentivos a la inversión: Los créditos fiscales, el capital en condiciones favorables y la reducción de aranceles pueden atraer capital privado a proyectos de SDI.
Iniciativas de infraestructura como servicio (IaaS): Las plataformas de nube pública que ofrecen servicios subvencionados a innovadores locales pueden impulsar el emprendimiento digital.
Ciberseguridad y protección de datos: Los estándares regionales y las inversiones conjuntas en seguridad son esenciales para proteger los datos soberanos y mantener la confianza pública.
2. Crear una hoja de ruta táctica para las partes interesadas
Responsables de políticas: Apoyar proyectos regionales de infraestructura de datos y agilizar la concesión de licencias para centros de datos compartidos y operadores energéticos.
Instituciones de financiación del desarrollo e inversores: Usar financiación combinada para reducir el riesgo de la inversión y respaldar los bienes comunes digitales y las plataformas transfronterizas de energía y datos.
Operadores de infraestructura y proveedores a hiperescala: Adoptar instalaciones de anfitrión neutral y la copropiedad local, y conectarse a los puntos de intercambio de internet (IXP) regionales y a los nodos energéticos.
La capacidad de computación es clave para la soberanía
La revolución de la IA exige medidas inmediatas. Las economías emergentes pueden superar etapas del modelo tecnológico del Norte global mediante infraestructura digital compartida, energía limpia y colaboración. En el siglo XXI, la soberanía se construye sobre el ancho de banda y la capacidad de computación, no solo sobre las fronteras. Dar prioridad a las energías renovables, como la geotérmica y la hidroeléctrica, contribuye a los objetivos de cero emisiones netas y al crecimiento de la economía digital. Para muchas personas, la infraestructura digital significa empoderamiento, no solo entretenimiento.
La marcada brecha mundial en materia de centros de datos, que se evidencia en la escasa capacidad de África pese a su población, es una advertencia. A medida que la IA y los servicios digitales transforman la economía, la capacidad de computación es clave para la soberanía nacional. La SDI ofrece una vía fundamental para cerrar esta brecha. Los países en desarrollo pueden superar las etapas tradicionales del desarrollo tecnológico mediante enfoques compartidos, sostenibles y colaborativos, reconociendo que la soberanía futura depende de las capacidades digitales.



