Para aquellos ciudadanos de la Unión Europea que creen que la actual «invasión de refugiados» en la UE se está volviendo rápidamente insostenible desde el punto de vista económico: si la experiencia de los vecinos de Siria sirve de referencia, quizá deban volver a pensarlo.
Primero situemos las cosas en perspectiva. Este año, hasta julio, la UE recibió 513.580 solicitudes de asilo (incluidas las de sirios y de otras nacionalidades). Desde enero de 2012, la cifra asciende a 1,9 millones, lo que hace que el tamaño de los «enjambres» y de la «invasión» de «merodeadores» solicitantes de asilo equivalga a un mero 0,37 por ciento de la población de la UE. Durante el mismo período, el Líbano —un país con numerosos desafíos institucionales y políticos propios— ha registrado 1,1 millones de refugiados sirios. Sin contar las decenas de miles de refugiados no registrados, esta cifra equivale aún a una cuarta parte de la población libanesa, lo que es comparable a que la UE acogiera a 127 millones de refugiados. Incluso si la UE siguiera el ejemplo de Turquía y acogiera a «solo» el 2,6 por ciento de su propia población como refugiados, resolvería prácticamente por sí sola la crisis mundial de refugiados, al absorber 13 de los 14,4 millones de refugiados registrados ante el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR).
«Aplastando nuestras economías»
Así que suponga que usted se encuentra en un país que ha acogido a una cuarta parte, o incluso al 2,6 por ciento, de su población como refugiados que huyen de la guerra y la persecución. ¿Colapsaría su economía? La última vez que lo comprobamos, no era exactamente así. La economía libanesa ha crecido por encima de las expectativas en los últimos dos años, y el Banco Mundial calcula un crecimiento del 2,5 por ciento en términos reales para este año, la tasa de crecimiento más alta del país desde 2010. Es un logro notable teniendo en cuenta los enormes efectos negativos de la guerra siria sobre el Líbano en términos de conflicto armado, y la caída pronunciada del turismo y de las inversiones, especialmente procedentes de los países del Golfo. Esta resiliencia económica frente a grandes flujos de refugiados también se ha dado en Jordania (que ha acogido a 630.000 refugiados sirios, alrededor del 10 por ciento de su población) y en Turquía, cuyas economías han crecido de forma constante durante la llegada de refugiados.
De hecho, la llegada de refugiados ha contribuido posiblemente a que la economía libanesa resista los efectos negativos de la guerra civil de su vecino. Los refugiados han sido una fuente importante de demanda de servicios producidos localmente en el Líbano, financiada con ahorros propios e ingresos laborales, con remesas de familiares en el extranjero y con ayuda internacional. En un reciente informe del Banco Mundial , estimamos que un aumento adicional del 1 por ciento en el número de refugiados sirios incrementa las exportaciones libanesas de servicios en un 1,5 por ciento. Y el ACNUR y el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo estiman un impacto similar en toda la economía derivado de los 800 millones de dólares que la ONU gasta anualmente en refugiados sirios en el Líbano. Estos efectos no son exclusivos de los refugiados sirios. Los refugiados burundeses y ruandeses que huyeron de la guerra en los años noventa han generado ganancias económicas netas para sus comunidades de acogida en Tanzania.
«Quitándonos los empleos»
Aunque el temor al colapso económico no resiste un escrutinio serio, una preocupación más fundada podría ser que no todos en la economía receptora se beneficien de una afluencia masiva de refugiados. Un número mucho mayor de refugiados que compiten por los empleos puede reducir las oportunidades de empleo o los salarios de los residentes de la comunidad de acogida. De nuevo, un análisis más detallado de los datos disipa la mayoría de estos temores. Investigaciones recientes concluyen que, si bien los refugiados sirios en Turquía —la mayoría de los cuales no tienen permisos de trabajo formales— han desplazado a trabajadores informales y a tiempo parcial no cualificados, también han generado más empleos formales no agrícolas y un aumento de los salarios medios de los trabajadores turcos. Además, muchos de los trabajadores desplazados han vuelto a la escuela y es probable que aumenten sus salarios una vez regresen al mercado laboral. Este panorama también es coherente con el caso jordano, donde el desempleo no ha aumentado en las zonas donde se han asentado refugiados sirios, ya que los trabajadores sirios han tendido a encontrar empleo en sectores de baja cualificación que los jordanos suelen evitar. Y estas pruebas son coherentes con las relativas al impacto neto de los migrantes en los mercados laborales de los países de acogida, que suele ser pequeño y, en todo caso, positivo en promedio.
«Malgastando nuestros impuestos»
Los defensores más persistentes de esta preocupación económica probablemente señalarían la carga fiscal que supone garantizar niveles de vida de estilo europeo a un gran número de refugiados. La experiencia de Turquía vuelve a resultar útil. Turquía ha garantizado el acceso gratuito a la atención sanitaria y a la educación a todos los refugiados registrados y ha construido campamentos que se han convertido en un «modelo de campamento de refugiados perfecto». Para prestar estos servicios, el Gobierno turco ha gastado casi 5.370 millones de euros desde que llegaron los primeros refugiados, financiados íntegramente con sus propios recursos fiscales. Si bien esto es, sin duda, una cantidad considerable de dinero, no hay indicios de que este gasto haya puesto en peligro la sostenibilidad fiscal del país. Esto debería ser aún más cierto para la UE, cuya economía es 23 veces mayor que la de Turquía. Además, si se les permite trabajar, los migrantes recién llegados pueden aumentar su contribución fiscal neta a la economía receptora.
Por supuesto, nada de esto implica que gestionar una gran afluencia de extranjeros (refugiados u otros) no sea una tarea difícil para el país receptor. Los desafíos sociales, políticos e incluso económicos asociados a la llegada de refugiados han sido y siguen siendo problemas clave para los vecinos de Siria. Pero estos vecinos han demostrado a los países de la UE, mucho más ricos, que no tienen por qué existir costes económicos (o incluso sociales y políticos) insuperables asociados al cumplimiento de la obligación moral de ayudar a quienes huyen de guerras y persecuciones. Con una planificación adecuada y buena voluntad, los países de la UE podrían acoger una proporción mucho mayor de refugiados de la que han acogido hasta ahora. Es también lo que exigen cada vez más ciudadanos orgullosos de la UE.
Esta entrada apareció por primera vez en The World Bank’s Voices and Views: Middle East and North Africa Blog. La publicación no implica la aprobación de las opiniones expresadas por el Foro Económico Mundial.
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Autor: Massimiliano Calì es economista comercial en la Práctica Gloabl de Comercio y Competitividad del Grupo Banco Mundial.
Imagen: Una mujer refugiada kurda procedente de Siria lava platos en un campamento de refugiados. REUTERS/Umit Bektas.



