En un famoso experimento psicológico, se muestra a los participantes un video de baloncesto, de aproximadamente un minuto de duración, y se les pide que cuenten los pases realizados por el equipo vestido de blanco. A los treinta segundos de empezar el video, una mujer con un disfraz de gorila negro entra por la derecha del escenario, camina hasta el centro de la pantalla, se golpea el pecho y luego sale por la izquierda. ¿Cuántos espectadores se dieron cuenta de la presencia del gorila? Es tentador predecir que todos. Pero, en realidad, menos del 50 % de quienes ven el video dicen haber visto al gorila (Simons y Chabris 1999). ¿Cómo ocurren estos descuidos? ¿Y puede el experimento decirnos algo sobre el desarrollo?
Prueba de atención selectiva
El experimento de los «gorilas invisibles entre nosotros» muestra que a menudo tenemos una visión muy limitada del mundo que nos rodea. Los seres humanos no tenemos una capacidad ilimitada de observación, percepción o procesamiento. Como resultado, podemos no comprender cosas que suceden justo delante de nosotros. El experimento del gorila es una demostración concreta de la «ceguera» perceptiva, por la que las personas no ven cosas que ocurren dentro de su campo visual. Pero nuestras capacidades limitadas de percepción no se aplican solo a los objetos reales que tenemos delante de los ojos. También se aplican al abanico de significados que somos capaces de percibir en una situación dada y a nuestra capacidad de imaginar comportamientos distintos de aquellos a los que estamos acostumbrados. Como resultado, pequeñas intervenciones que alteran la manera en que «vemos» el mundo y nuestro lugar en él pueden tener efectos sorprendentemente grandes en el comportamiento. Nuestro artículo reciente ayuda a explicar esos «pequeños milagros», para citar una expresión de una reseña de The New York Times del Informe sobre el desarrollo mundial 2015 (Brooks 2014).
¿Cómo funcionan las intervenciones? Nuestras capacidades limitadas de percepción, comprensión e imaginación nos llevan a recurrir a marcos mentales al interactuar con el mundo. Los marcos centran nuestra atención en algunas cosas, pero la desvían de otras; en el experimento anterior, pedir a los participantes que contaran los pases entre los jugadores vestidos de blanco desvió su atención del primate de color oscuro que desfilaba por la escena. Aunque algunos marcos se desarrollan a partir de nuestras experiencias personales, muchos forman parte del tejido cultural de la sociedad y, por lo tanto, son compartidos por los integrantes de una población. Los marcos culturales compartidos —y las interacciones sociales que los refuerzan— moldean la cognición, como han destacado los sociólogos (DiMaggio 1997). Los marcos pueden llevar a los grupos a aferrarse a comportamientos antiguos que obstaculizan el desarrollo, al impedirnos ver el valor de otras formas de organización social que mejorarían la situación de las personas y del grupo. Cambiar de perspectiva es una manera de volver a centrar la atención para ayudar a las personas a comprender su situación de nuevas formas y a ver otros cursos de acción.
Un ejemplo sencillo relacionado con el desarrollo proviene del cultivo de algas marinas. Para cultivar algas, los agricultores cortan vainas con plántulas de algas cosechadas previamente y las ensartan a lo largo de cuerdas sumergidas en el océano. En Indonesia, los agricultores prestaban mucha atención a factores del cultivo como la longitud y la separación de las cuerdas y la distancia entre las vainas. Sin embargo, la mayoría no había reconocido la importancia de una dimensión clave: el tamaño de las vainas con plántulas utilizadas (Hanna et al. 2014). Los investigadores invitaron a los agricultores a participar en un experimento de campo realizado en sus propias parcelas para comprobar si esto les ayudaría a «ver» la relación entre el tamaño de las vainas y el rendimiento. Los encuestadores variaron los métodos de producción en diez cuerdas; los agricultores estuvieron presentes durante la siembra y ayudaron a pesar, cosechar y registrar los resultados. Sin embargo, tener simplemente la información bruta delante de ellos, en los campos, no llevó a los agricultores a cambiar su comportamiento. Solo cuando los investigadores presentaron datos resumidos que destacaban el vínculo entre el tamaño de las vainas y el rendimiento, los agricultores lo advirtieron y cambiaron sus estrategias de siembra. Un modelo mental limitado del cultivo de algas impidió que los agricultores vieran un patrón útil en los datos hasta que se lo señalaron explícitamente.
El experimento con algas sugiere que la experiencia, aunque útil, también tiene costos: los años de experiencia de los cultivadores de algas pueden haberles ayudado a optimizar algunos insumos, pero también les crearon puntos ciegos respecto de otros. La lección general es que la experiencia de hacer las cosas de una manera crea un marco mental que puede impedirnos reconocer los beneficios de hacerlas de otra forma más eficaz.
Los marcos determinan no solo cómo vemos el mundo, sino también cómo nos vemos a nosotros mismos. Para examinar qué ocurre cuando se atribuye a un estudiante una identidad social negativa, los investigadores pidieron a estudiantes negros y blancos de una escuela de Estados Unidos que hicieran una prueba (Steele y Aronson 1995). A un grupo se le pidió marcar una casilla para indicar su raza antes de comenzar las preguntas de la prueba; al otro, no. ¿Qué ocurrió? Los estudiantes negros que indicaron su raza obtuvieron resultados considerablemente peores que los estudiantes negros que no lo hicieron. La manipulación experimental no afectó a los estudiantes blancos. Los resultados sugieren que bastó con activar en la mente de los estudiantes negros el marco de «estudiante negro» y el estereotipo negativo asociado para perjudicar su rendimiento. Igual de notable es una intervención que ayuda a reducir las brechas de rendimiento basadas en la raza. Los estudiantes negros que participaron durante un año en unos pocos ejercicios de «autoafirmación» de 15 minutos, en los que escribieron sobre un valor o una habilidad personal, tenían promedios de calificaciones más altos dos años después de que terminara la intervención que los estudiantes que no «reformularon» su visión de sí mismos de esta manera (Cohen et al. 2009). Podría decirse que la cultura oculta a los estudiantes negros su propia imagen; la experiencia de vivir en una sociedad que espera que tengan un rendimiento bajo puede disuadirlos de adoptar el esfuerzo y la perseverancia necesarios para obtener promedios más altos.
¿Pueden los marcos mentales contribuir a que persistan instituciones obsoletas? ¿Y podría «cambiar de perspectiva» ayudar a las sociedades a avanzar hacia nuevas formas institucionales? Es muy posible. Consideremos la igualdad de género en la representación gubernamental, un problema que existe en todo el mundo. Desde 1998, un tercio de los cargos de liderazgo de los consejos de aldea del estado indio de Bengala Occidental se ha reservado aleatoriamente para mujeres. Un análisis de las actitudes de los habitantes mostró que la exposición obligatoria durante dos mandatos a mujeres líderes redujo la discriminación electoral contra las mujeres (Beaman et al. 2009). Tras un mandato de exposición, los hombres de las aldeas con cargos reservados calificaron a sus líderes (mujeres) significativamente peor que los votantes de las aldeas sin cargos reservados calificaron a sus líderes (generalmente hombres), aunque las medidas objetivas del desempeño no mostraban diferencias. Pero, tras dos mandatos de exposición, ese sesgo desapareció. Las reservas políticas también tuvieron consecuencias a más largo plazo para la participación política de las mujeres: en las aldeas donde el cargo de liderazgo se había reservado durante dos mandatos, casi el doble de mujeres se presentaron y ganaron puestos de concejal no reservados.
Los efectos de cambiar de perspectiva y de otros llamados «pequeños milagros» no son panaceas para el desarrollo. La productividad agrícola depende de más factores que aquello a lo que prestan atención los agricultores, y las brechas de rendimiento estudiantil se deben tanto a las diferencias entre grupos de estudiantes en habilidades cognitivas y no cognitivas como a las dinámicas de identidad. Las políticas de acción afirmativa ofrecen posibilidades prometedoras en algunas áreas, pero han fracasado en otras (por ejemplo, Pandey 2005). Sin embargo, el proceso de desarrollo puede estar fundamentalmente condicionado por lo que los integrantes de una sociedad han «visto», vivido e imaginado, o no. Gran parte de nuestro pensamiento es automático, no deliberativo, y la cognición automática está profundamente arraigada en la cultura. Recurrir a modelos mentales nos permite actuar con rapidez. Siempre miramos a través de marcos cuyos límites están circunscritos por nuestras experiencias sociales y culturales. Dado que las fallas de «visión» suelen ser resultado del pensamiento automático y no del deliberativo, existe una oportunidad significativa para que pequeñas intervenciones cambien los marcos mentales y mejoren el bienestar.
Una persona sostiene una tira de película fotográfica expuesta para observar un eclipse solar parcial en Szczecin el 20 de marzo de 2015.
Este artículo se publicó originalmente en el blog Let’s Talk Development del Banco Mundial. La publicación no implica que el Foro Económico Mundial respalde las opiniones expresadas.
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Autores: Allison Demeritt es candidata a un doctorado en Sociología y miembro del equipo central del Informe sobre el desarrollo mundial 2015 del Banco Mundial. Karla Hoff es codirectora del Informe sobre el desarrollo mundial 2015 sobre Mente, sociedad y comportamiento, y economista investigadora sénior del Grupo de Investigación sobre Economía del Desarrollo del Banco Mundial.
Imagen: El viernes, primer día de la primavera en el hemisferio norte, un eclipse parcial fue visible en partes de África, Europa y Asia. REUTERS/Agencja Gazeta.


