Durante la segunda mitad del siglo pasado, los países se clasificaban en uno de dos bloques mutuamente excluyentes: norte o sur, este u oeste, avanzados o emergentes, desarrollados o en desarrollo. Por simple que fuera esta categorización de los países, reflejaba las realidades imperantes. En 1970, por ejemplo, la distribución mundial de la renta per cápita mostraba una clara brecha entre los países más ricos y los más pobres (véanse las Figuras 1 y 2). Estas diferencias entre países se aplicaban igualmente a otras condiciones de desarrollo, en particular a la salud y a la educación.
Sin embargo, como subrayó Hans Rosling durante su última presentación en el Banco Mundial, en el siglo XXI esta distinción binaria entre países está obsoleta. Las fronteras entre regiones desarrolladas y en desarrollo son hoy menos nítidas debido al extraordinario progreso social y económico logrado en la gran mayoría de los países. La actividad económica mundial está menos concentrada geográficamente y se dispersa cada vez más por redes de producción que conectan áreas metropolitanas de todo el mundo.

Sin embargo, aunque las discrepancias entre países se han reducido, las pruebas emergentes sugieren que la desigualdad dentro de los países está aumentando. Atkinson, Piketty y Saez (2011), por ejemplo, muestran una marcada concentración de la riqueza en la cola superior de la distribución de la renta, especialmente en Estados Unidos, otros países de habla inglesa, India y China, mientras que Lakner y Milanovic (2013) señalan un aumento sostenido a largo plazo del componente intranacional de la desigualdad mundial. Y si los beneficios del crecimiento económico se reparten de forma desigual dentro de los países, los próximos cambios tecnológicos y la urbanización probablemente intensificarán aún más estas divisiones.
En consecuencia, el nuevo rostro de la desigualdad de ingresos del siglo XXI es el de discrepancias coexistentes a nivel local. Para India, el ensayo de Jean Dreze y Amartya Sen (2011) describe el progreso del desarrollo, drásticamente desigual, alcanzado entre sus estados, mientras queGangopadhyay et al. (2010) documentan los focos de pobreza de India a una escala más reducida, la del distrito.
La desigualdad a nivel local no se limita a los ingresos. Se extiende a otros aspectos del bienestar humano y existe en todos los países. Las personas sin hogar que viven junto a las modernas autopistas son una imagen habitual en metrópolis como Tokio, Mumbai o Sao Paulo. La esperanza de vida en los barrios más pobres de Baltimore es inferior a 69 años, la misma que en Irak. Ejemplos similares de resultados de desarrollo desigual coexistentes se observan en Nogales (Arizona) y Nogales (Sonora), destacados en el trabajo de Acemoglu y Robinson (2013) como ejemplo de desarrollo económico drásticamente desigual.
El nuevo rostro de la desigualdad exige una combinación activa e integral de políticas sociales y de impulso al crecimiento que se dirijan, más que nunca, a los quintiles inferiores de la distribución de la renta. Los gobiernos no deben cruzarse de brazos ni confiar únicamente en el crecimiento económico para transformar las condiciones de vida de los más desfavorecidos. En palabras de Dreze y Sen, los responsables de políticas deben buscar integralidad en la política social, en particular. Los programas exitosos de transferencias monetarias condicionadas, por ejemplo, deben acompañarse de otros programas sociales bien focalizados y de políticas universalistas que garanticen la provisión local de servicios esenciales de buena calidad y de otros bienes públicos (carreteras, electricidad, agua potable, transporte público). Construir una infraestructura para la recopilación de datos es otra parte importante para comprender y abordar la desigualdad local. Los esfuerzos por promover el uso abierto de datos que sean amplios, detallados y actualizados periódicamente son una parte importante de esta tarea.
Esta entrada apareció por primera vez en The World Bank Let’s Talk Development Blog.
La publicación no implica el respaldo de las opiniones expresadas por el Foro Económico Mundial.
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Autor: Jos Verbeek es asesor en la oficina del Enviado Especial del Presidente del Grupo Banco Mundial para temas de desarrollo posteriores a 2015. Israel Osorio Rodarte es actualmente consultor del Grupo de Perspectivas de Desarrollo del Banco Mundial.
Imagen: La pequeña Nasreen, de cinco años, descansa con las pertenencias de su familia mientras juega bajo un paso elevado en Mumbai, India. REUTERS/Danish Siddiqui



