¿Cómo ha cambiado la teoría de juegos la economía?

¿Cómo ha cambiado la teoría de juegos la economía?
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Pese al descontento persistente, los débiles murmullos y las leves protestas entre los economistas, no se puede negar que la teoría de juegos ha adquirido una importancia central en la economía moderna. En 1994, el primer Premio Nobel otorgado a tres teóricos de juegos —entre ellos el matemático John Nash— reconoció oficialmente el papel envidiable que ha desempeñado la teoría de juegos en el avance y el impulso de la teoría económica.

La teoría de juegos se ocupa de la toma de decisiones en un mundo interactivo, en el que la mejor decisión de cada persona depende de las decisiones que tomen los demás. Por consiguiente, para promover sus propios intereses, todos en este mundo interactivo necesitan predecir las decisiones de los demás.

La teoría de juegos entró oficialmente en escena en 1944, con la publicación de la obra magna del campo, “Theory of Games and Economic Behavior”. Fue una colaboración entre el economista austríaco Oskar Morgenstern y John von Neumann , un genio, polímata y políglota de Hungría, aclamado universalmente.

Pero, para los puristas, el año exacto del nacimiento de la teoría de juegos es 1928, cuando von Neumann formuló formalmente el teorema minimax en un artículo titulado “Zur Theorie der Gesellshaftsspiele”, publicado en una revista matemática alemana conocida como Mathematische Annalen.

Von Neumann era un genio indiscutible, pero un jugador de póquer mediocre, y pronto se dio cuenta de que la teoría de la probabilidad no puede ayudar a ganar partidas de póquer. Su gran aprecio por la información imprecisa, las conjeturas y la imprevisibilidad de las partidas de póquer sentó las bases de la teoría de juegos: cómo los jugadores pueden ocultar información al revelarla estratégicamente mediante sus jugadas e inducir a sus rivales a cometer errores.

En otras palabras, formalizó cómo los jugadores de póquer pueden “farolear” a sus rivales jugando una serie de estrategias destinadas a engañarlos, ocultar información y, finalmente, ganar la partida.

La teoría guarda una relación fascinante con la novela distópica de 1949 de George Orwell, 1984, ambientada en un mundo sumido en la guerra perpetua, las intrigas, los faroles y la manipulación pública. Así, la teoría de juegos también tiene sus raíces en este mundo orwelliano de engaño, manipulación de la información y, sobre todo, de ganar partidas y guerras.

(Sin embargo, la teoría de juegos moderna quizá tuvo otro creador: el destacado matemático francés Emile Borel, quien publicó en francés al menos dos artículos sobre partidas de póquer en 1921. Von Neumann no reconoció a Borel en su publicación de 1928, y nunca se sabrá con certeza si von Neumann lo ignoraba por completo o si simplemente estaba faroleando. En cualquier caso, Borel no cuestionó formalmente esta omisión.)

A medida que la teoría de juegos alcanzaba la madurez, era solo cuestión de tiempo que pasara a formar parte de la guerra perpetua que describió Orwell. En 1948, la RAND Corporation contrató a von Neumann como consultor. Fundada, financiada y controlada por contratistas de defensa estadounidenses y la Fuerza Aérea de Estados Unidos, la RAND le pidió que “pensara en lo impensable”.

En aquel momento, el único objetivo de la RAND era elaborar estrategias para ganar futuros enfrentamientos nucleares si la URSS se convertía en una potencia nuclear. Von Neumann debía articular una “guerra preventiva” contra la URSS.

Von Neumann instó a Estados Unidos a lanzar un ataque nuclear contra Moscú, destruir a su enemigo y convertirse en una potencia mundial dominante. Pronto se convirtió en un miembro clave del Proyecto Manhattan. En 1953, tal como había predicho von Neumann, la Unión Soviética había acumulado hasta 400 ojivas, lo que garantizaba lo que von Neumann más tarde denominaría ‘MAD’: destrucción mutua asegurada.

A principios de la década de 1950, von Neumann se había convertido en una figura intelectual destacada en Estados Unidos. Pero, a ojos del público, su contribución quedaría eclipsada por la de John Nash, quien irrumpió en escena con su tesis doctoral de matemáticas de 27 páginas, en la que definía y demostraba el equilibrio de Nash.

Nash, que murió en mayo en un accidente automovilístico a los 86 años, se convirtió en el nuevo héroe del mundo mitológico de la teoría de juegos cuando von Neumann murió repentinamente de cáncer de páncreas en 1957. Sin embargo, algunos teóricos de juegos lo consideraban una figura polarizadora. El premio Nobel Eric Maskin, por ejemplo, sostuvo que el concepto de equilibrio de Nash era “con mucho, el legado más
importante de Nash para la economía y las demás ciencias del comportamiento”, pero que tenía algunas deficiencias importantes.

Bajo la tutela de Nash, se volvió difícil, si no imposible, que matemáticos y economistas consideraran y emprendieran investigaciones sobre múltiples equilibrios de Nash, lo cual exige seleccionar un equilibrio entre muchos resultados de equilibrio posibles.

El legado de John Nash en la teoría de juegos es un equilibrio de Nash único y alcanzable, y así la teoría de juegos se volvió totalmente clínica y completamente alejada del mundo real.

Las únicas excepciones entre los economistas destacados de hoy son otros dos premios Nobel: Thomas C. Schelling y Roger Myerson.

Un punto focal (también llamado punto de Schelling) en la teoría de juegos es un resultado de equilibrio, entre muchos, que los jugadores llegan a compartir y eligen porque les parece natural, especial o pertinente. Así, un equilibrio tiene sus raíces en la teoría social y las expectativas sociales. En su libro de 1960, “The Strategy of Conflict”, Schelling describe “puntos focales para la expectativa de cada persona sobre lo que la otra espera que ella espere que se espere que haga”. Myerson, por su parte, destacó cómo los agentes llegan a compartir un resultado de equilibrio como punto focal, entre muchos posibles.

Este artículo se publica en colaboración con The Conversation. La publicación no implica que el Foro Económico Mundial respalde estas opiniones.

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Autor: Partha Gangopadhyay es profesor asociado de Economía en la University of Western Sydney.

Imagen: Un hombre pasa frente a unos edificios en un distrito financiero central. REUTERS/Nicky Loh.

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