Alta desigualdad y baja movilidad social: la curva del Gran Gatsby
En comparación con otros países desarrollados, Estados Unidos registra una alta desigualdad de ingresos y una baja movilidad social. Las comparaciones internacionales sugieren que estas medidas están relacionadas: los países muy desiguales tienden a tener baja movilidad social, medida mediante la persistencia intergeneracional de los ingresos (Corak 2006). Alan Krueger, expresidente del Consejo de Asesores Económicos, popularizó esta relación como «la curva del Gran Gatsby». Al combinar nuestros propios datos con los de Chetty et al. (2014), construimos una curva del Gran Gatsby similar para los estados de Estados Unidos, que se muestra en la Figura 1 y se asemeja al patrón internacional (Kearney y Levine 2014a).
Figura 1. La curva del Gran Gatsby en Estados Unidos
Notas: La persistencia de los ingresos es la medida de movilidad relativa obtenida de Chetty et al. (2014). Los autores calculan las ratios 50/10.
Si en una sociedad prevaleciera la igualdad de oportunidades, cabría esperar una alta movilidad social, en igualdad de condiciones. Por tanto, es motivo de preocupación que Estados Unidos ocupe una posición desfavorable en la curva del Gran Gatsby, lo que pone en duda la tesis de que las posibilidades de éxito de un niño son independientes de sus antecedentes familiares.
Alta desigualdad de ingresos y tasas de abandono escolar en Estados Unidos
Sin embargo, hay motivos particulares de preocupación si la posición de Estados Unidos en la curva del Gran Gatsby se perpetúa de algún modo. Es decir, si la alta desigualdad y la baja movilidad influyen en el comportamiento de los jóvenes desfavorecidos de una manera que reduce aún más sus posibilidades de éxito, la desigualdad podría empezar a parecerse a un círculo vicioso. Esta es la cuestión que analizamos en este artículo. En particular, examinamos si la alta desigualdad de ingresos (medida como la brecha entre la parte baja y la parte media de la distribución del ingreso) y la baja movilidad social tienen un efecto causal en las tasas de abandono de la escuela secundaria entre los jóvenes desfavorecidos, una decisión con consecuencias importantes para su capacidad de ascender en la escala económica. La Figura 2 muestra que la desigualdad de ingresos y las tasas de abandono escolar están correlacionadas entre los estados. El propósito de este artículo es determinar si esta correlación refleja una relación causal entre ambas.
Figura 2. Relación entre la desigualdad y la tasa de no finalización de la escuela secundaria

Para medir la desigualdad de ingresos, nos centramos en la ratio entre el percentil 50 de la distribución del ingreso y el percentil 10. Elegimos esta medida porque la distancia entre la parte baja y la zona media de la distribución parece más pertinente para los jóvenes desfavorecidos que la distancia hasta la parte alta. Nuestros datos confirman que las tasas de abandono escolar responden más a la ratio 50/10 que a otras medidas de la distribución del ingreso. Para medir la movilidad social, utilizamos la medida de persistencia intergeneracional de los ingresos proporcionada por Chetty et al. (2014), que recoge el cambio en el rango percentil del hijo por cada aumento de un percentil en el rango de sus padres. Como indicador indirecto del nivel socioeconómico (NSE) de los adolescentes, utilizamos el nivel educativo alcanzado por la madre de cada persona. Aunque no es una medida perfecta, está fuertemente correlacionada con el nivel socioeconómico de un niño y está disponible en los conjuntos de datos que utilizamos.
La desigualdad de ingresos en Estados Unidos ha aumentado en las últimas décadas, pero esto se debe en gran medida al crecimiento de los ingresos en la parte alta de la distribución. En cambio, la desigualdad en la parte baja, medida mediante la ratio 50/10, se ha mantenido relativamente estable. Lo mismo ocurre con la movilidad social. Sin embargo, existe una variación sustancial y persistente en la desigualdad en la parte baja y en la movilidad social entre estados y áreas estadísticas metropolitanas (MSA). Aprovechamos esta variación geográfica persistente para explorar los efectos de la desigualdad y la movilidad en las perspectivas económicas futuras de los jóvenes desfavorecidos, que en este análisis se reflejan en su decisión de abandonar la escuela secundaria.
Aunque nos interesa el impacto causal tanto de la desigualdad de ingresos como de la movilidad social en las tasas de abandono escolar, la desigualdad y la movilidad están muy correlacionadas, por lo que es difícil separar el efecto independiente de cada una. Para facilitar la exposición, nos referimos a la desigualdad de ingresos como la principal variable explicativa de interés, en lugar de señalar repetidamente que nos interesan tanto la desigualdad como la movilidad. Del mismo modo, para facilitar la exposición, hablaremos de la variación de la desigualdad entre estados, aunque también consideramos la variación entre áreas estadísticas metropolitanas.
En nuestro análisis empírico, evaluamos si los jóvenes con bajo nivel socioeconómico que viven en lugares donde la desigualdad se mantiene persistentemente alta tienen una probabilidad relativamente mayor de abandonar la escuela secundaria. En los estados con alta desigualdad, unas tasas de abandono más elevadas en todo el espectro socioeconómico indicarían que la causa es algún otro factor propio del estado. Sin embargo, si la desigualdad tiene un impacto causal, esperaríamos que quienes se encuentran en la parte baja de la escala económica fueran los más afectados, y eso es precisamente lo que encontramos.
Encontramos que un aumento de un punto en la ratio 50/10 —aproximadamente equivalente a pasar de un estado con baja desigualdad a uno con alta desigualdad— aumenta en 4,1 puntos porcentuales la probabilidad de que un estudiante varón de bajo nivel socioeconómico abandone la escuela secundaria.
En cambio, encontramos un impacto pequeño y estadísticamente no significativo en las estudiantes mujeres de bajo nivel socioeconómico.
El hallazgo de que la desigualdad de ingresos conduce a menores niveles de inversión educativa entre los jóvenes de menores ingresos contradice las predicciones de un modelo estándar de capital humano, según el cual, cuando el rendimiento de la educación es mayor, una persona debería procurar obtener más educación. Para examinar directamente esta cuestión, estimamos un modelo ampliado que incluye una medida de la diferencia salarial entre quienes terminan la escuela secundaria y quienes la abandonan. Controlar por esta prima salarial no altera el efecto positivo estimado de la ratio 50/10 en las tasas de abandono de la escuela secundaria. Al mismo tiempo, los datos sí indican una relación negativa entre la prima salarial y las tasas de abandono. En otras palabras, los datos muestran claramente efectos contrapuestos.
La desigualdad en forma de rendimientos salariales sí tiene el efecto positivo previsto, mientras que la desigualdad general de ingresos a nivel de los hogares tiene un efecto negativo en los resultados educativos de los jóvenes de bajos ingresos.
¿Se trata únicamente de un efecto de la desigualdad de ingresos?
Una limitación de nuestra metodología es que podríamos estar confundiendo el efecto de la desigualdad con otras diferencias persistentes entre estados, correlacionadas con ella y que afectan de manera desproporcionada los resultados educativos de los jóvenes de bajos ingresos. Entre los ejemplos plausibles figuran otras características de la distribución del ingreso, la composición industrial del mercado laboral o las características demográficas de un estado (como la composición de minorías o la proporción de hogares monoparentales). Ejecutamos modelos de comparación directa que contrastan los efectos de estas condiciones en la tasa de abandono escolar de los jóvenes de bajos ingresos con los de la desigualdad de ingresos en la parte baja. En todos los casos, los datos muestran claramente que la brecha entre la parte baja y la zona media de la distribución del ingreso conduce a menores tasas de finalización de la escuela secundaria entre los jóvenes de bajo nivel socioeconómico, y la magnitud de ese efecto estimado es notablemente constante en las distintas especificaciones.
A continuación, realizamos una serie de análisis destinados a identificar los factores mediadores que impulsan el vínculo entre la desigualdad de ingresos y las tasas de abandono de la escuela secundaria. Examinamos si el vínculo observado se debe a las tasas de segregación residencial por raza o ingresos, o a la financiación de las escuelas públicas. Los datos no respaldan estos mecanismos.
También exploramos empíricamente una última explicación alternativa. Es posible que la relación observada se deba a la distribución de la capacidad innata en la población considerada. Quizá los jóvenes de bajos ingresos de lugares más desiguales simplemente tengan menos capacidad, por la razón que sea. De ser así, nuestros resultados reflejarían algo sobre la capacidad subyacente de la población, y no la desigualdad de ingresos como tal. Para investigar esta posibilidad, incorporamos al modelo las puntuaciones de las pruebas de estudiantes de bajos ingresos como indicador indirecto de la capacidad. Incluir las puntuaciones AFQT reduce algo nuestra estimación del impacto de la desigualdad en las tasas de abandono de la escuela secundaria, pero seguimos encontrando una relación sólida. Todos estos enfoques respaldan la idea de que la desigualdad está causalmente relacionada con la probabilidad de abandonar la escuela secundaria entre los jóvenes de bajo nivel socioeconómico.
El impacto autopropagado de la falta de oportunidades
Entonces, ¿por qué una mayor desigualdad de ingresos aumenta la tasa de abandono entre los estudiantes de secundaria de bajos ingresos? Hay una serie de teorías que no podemos comprobar empíricamente de forma directa, pero que siguen siendo explicaciones posibles: en concreto, teorías centradas en la percepción que tienen las personas de su propia identidad (Akerlof y Kranton 2000, Watson y McLanahan 2011), de su posición relativa en la sociedad (Luttmer 2005) o de sus propias posibilidades percibidas de éxito (Kearney y Levine 2014b). Planteamos la hipótesis de que la relación observada puede explicarse mediante el modelo de «desesperanza económica» descrito en Kearney y Levine (2014b). Ese modelo se centraba en las decisiones de mujeres jóvenes solteras de tener hijos, pero su valor explicativo se extiende fácilmente al comportamiento de abandono escolar. La idea es que un aumento de la desigualdad en la parte baja amplía la brecha entre los jóvenes de bajo nivel socioeconómico y la clase media, lo que a su vez hace que el éxito económico parezca cada vez más inalcanzable desde la perspectiva de los jóvenes de bajos ingresos. La probabilidad percibida de ascender en la escala económica puede caer a un nivel que ya no justifique seguir invirtiendo en educación, lo que lleva al estudiante a abandonar los estudios.
Si, como sugieren nuestros resultados, la alta desigualdad y la baja movilidad afectan el comportamiento de los estudiantes de bajos ingresos de una manera que reduce aún más sus posibilidades de éxito, la falta de oportunidades para los estudiantes desfavorecidos puede perpetuarse. Esta conclusión destaca la importancia de políticas que den a los jóvenes de bajos ingresos motivos para creer que tienen oportunidades de ascender en la escala económica, junto con políticas que hagan realidad esas oportunidades.
Referencias
Akerlof, G. A. y R. E. Kranton (2000), «Economics and Identity», Quarterly Journal of Economics, 115(3): 715-753.
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Chetty, R., N. Hendren, P. Kline y E. Saez (2014), «Where is the Land of Opportunity? The Geography of Intergenerational Mobility in the United States», Quarterly Journal of Economics, 129(4): 1553-1623.
Corak, M. (2006), «Do Poor Children Become Poor Adults? Lessons from a Cross-Country Comparison of Generational Earnings Mobility», Research on Economic Inequality, 13(1): 143-188.
Corcoran, S. y W. N. Evans (2010), «Income Inequality, the Median Voter, and the Support for Public Education», documento de trabajo NBER 16097.
Gordon, N. (2013), «High School Graduation in the Context of Changing Elementary and Secondary Education Policy and Income Inequality: The Last Half Century», documento de trabajo NBER 19049.
Kearney, M. S. y P. B. Levine (2014a), «Income Inequality, Social Mobility, and the Decision to Drop Out of High School», documento de trabajo NBER 20195.
Kearney, M. S. y P. B. Levine (2014b), «Income Inequality and Early Nonmarital Childbearing»,Journal of Human Resources, 49(1): págs. 1-31.
Luttmer, E. F. P. (2005), «Neighbors as Negatives: Relative Earnings and Well-Being», Quarterly Journal of Economics, 120(3): 963-1002.
Watson, T. (2009), «Inequality and the Measurement of Residential Segregation by Income in American Neighborhoods», Review of Income and Wealth, 55(3): 820-844.
Watson, T. y S. McLanahan (2011), «Marriage Meets the Joneses: Relative Income, Identity, and Marital Status», Journal of Human Resources, 46(3): 482-517.
Este artículo se publica en colaboración con VoxEU. La publicación no implica que el Foro Económico Mundial respalde estas opiniones.
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Autora: Melisa S. Kearney es profesora adjunta en el Departamento de Economía de la Universidad de Maryland. Phillip Levine es presidente del Departamento de Economía en Wellesley College.
Imagen: Estudiantes realizan un examen. REUTERS/Vincent Kessle.


