Este artículo se publicó originalmente en el blog Transport for Development del Banco Mundial.
En Río de Janeiro, más de cien trenes energéticamente eficientes de Supervia ayudan a transportar a 700.000 pasajeros al día, lo que permite a los “Cariocas” pobres que viven en las afueras de la ciudad acceder a sus empleos, ir a la escuela y llegar a los centros de salud. Las emisiones de gases de efecto invernadero por pasajero en esos trenes son solo una sexta parte de las generadas por los automóviles. Todo ello fue posible gracias a un préstamo de 811 millones de dólares del Banco Mundial y a una donación de ESMAP.
Supervia es un ejemplo del enfoque operativo del Banco Mundial en materia de transporte: apoyar soluciones sostenibles (universales, eficientes, seguras y respetuosas con el medio ambiente) para conectar a personas y empresas con el empleo, los servicios sociales y los mercados. Solo en el ejercicio fiscal 2015, hemos invertido 5.300 millones de dólares en transporte sostenible en 34 países, contribuyendo al compromiso Rio+ de 175.000 millones de dólares en financiación de transporte sostenible de los bancos multilaterales de desarrollo durante 2012-2022.
De cara a la COP21, cabe preguntarse: “¿Cuántas Supervias harán falta para alcanzar un escenario de 2 grados? ¿Y de dónde saldrá la financiación?”
El transporte representa alrededor del 60 % del consumo mundial de petróleo, el 27 % de todo el uso de energía y el 23 % de las emisiones mundiales de CO2. Con una demanda de movilidad que crece de forma exponencial, especialmente en los países en desarrollo, el transporte es la fuente de emisiones de GEI de crecimiento más rápido. Inevitablemente, las medidas para reducir las emisiones de GEI y estabilizar el calentamiento global en 2 grados Celsius, tal como acordó la comunidad internacional en 2009, quedarán cortas si no incluyen medidas agresivas en el sector del transporte.
Sin embargo, hasta ahora el transporte ha ocupado un lugar secundario en las negociaciones climáticas. El transporte no ha estado en el centro de las negociaciones, su proporción en la financiación climática ha sido muy reducida y el apoyo y el interés de los donantes por el transporte han sido mínimos.
Pero estas tendencias podrían estar cambiando: de las 133 INDC presentadas hasta el 12 de noviembre de 2015, el 77 % identifica explícitamente el sector del transporte como fuente de mitigación, y más del 61 % propone medidas de mitigación específicas para el sector del transporte. Además, el 10 % de las INDC incluye una meta de reducción de emisiones para el sector del transporte, y el 14 % incluye evaluaciones del potencial de mitigación del transporte a nivel nacional.
Por ejemplo, en su INDC, China propone acelerar el desarrollo del transporte inteligente y del transporte ecológico de mercancías, y dar prioridad al desarrollo del transporte público en las ciudades, y India se compromete a centrarse en infraestructuras de bajas emisiones de carbono, como ferrocarriles energéticamente eficientes y el transporte fluvial interior.
Varias coaliciones voluntarias, entre ellas Slocat y Michelin Challenge Bibendum , movilizan a todas las partes interesadas clave del transporte en apoyo de reformas y medidas de gran alcance. El Paris Process on Mobility and Climate organiza en la COP21 una serie de eventos para sensibilizar sobre el transporte sostenible.
La comunidad internacional debe unirse en torno a estos esfuerzos y ayudar a los países en desarrollo a abordar esta agenda.
Las instituciones financieras internacionales deben elevar el listón y respaldar los esfuerzos que los países en desarrollo realizan para afrontar el desafío del cambio climático. En octubre de este año, en Lima, los jefes de los bancos multilaterales de desarrollo anunciaron que incrementarían su financiación climática. El Grupo del Banco Mundial, en concreto, se comprometió a incrementar su labor climática un tercio en un plazo de 5 años, hasta alcanzar el 28 % de sus compromisos anuales, e incremento incluirá un apoyo reforzado al transporte.
Reducir la huella climática del transporte no es solo una cuestión de proyectos de infraestructura. Necesitamos mejorar nuestros conocimientos e instrumentos para diseñar políticas de transporte más respetuosas con el clima. Necesitamos ayudar a nuestros países clientes a tomar las decisiones adecuadas y a poner en práctica las acciones correctas. Con este fin, el Banco Mundial pretende aprovechar sus programas de asistencia técnica y de conocimiento relacionados con el transporte mediante un Fondo Fiduciario Multidonantes sobre Cambio Climático en el Transporte. Un eje central de este fondo será ayudar a los países de ingreso bajo y mediano a aplicar sus INDC relacionadas con el transporte o a considerar compromisos similares para aquellos que no se comprometieron en materia de transporte en esta fase previa a París. Estamos dispuestos a unir fuerzas con nuestros socios en este empeño.
Una cosa es segura: la COP21 es una oportunidad única para orientar las inversiones en transporte hacia una senda sostenible. Es una oportunidad que debemos aprovechar.
La publicación no implica el respaldo de las opiniones por parte del Foro Económico Mundial.
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Autor: Pierre Guislain es director sénior de la Práctica Global de Transporte y de Tecnologías de la Información y la Comunicación (TIC) del Grupo del Banco Mundial.
Imagen: El tren eléctrico del Metro de Lima circula por un puente en el distrito de San Juan de Lurigancho, en Lima. REUTERS/ Mariana Bazo.



