Hace poco, mientras trabajaba en un informe titulado Polonia: ahorrar para crecer y envejecer con prosperidad. Dentro de 20 o 30 años, la vida que llevaré será muy distinta de la que llevan mis padres. Y habré envejecido junto con muchas más personas: de aquí a 2050, el porcentaje de la población de Polonia de 65 años o más casi se triplicará, del 21 % al 58 %.
Polonia envejece a un ritmo sin precedentes. Esta tendencia demográfica irreversible plantea desafíos que mis padres nunca tuvieron que afrontar y preguntas difíciles de responder. Por ejemplo, ¿podré jubilarme 10 años antes de la edad legal de jubilación, como hicieron mis padres? ¿Y podré mantener un nivel de vida digno? ¿Cuál es la mejor manera de conservar la estabilidad financiera durante más de 30 años? Entre mis pares, los bienes inmuebles son la principal forma de inversión a largo plazo, pero ¿qué pasaría si dentro de 30 años el mercado se viera inundado de ventas de propiedades baratas? Estas son algunas de las preguntas que, ahora que estoy en la mitad de la treintena, he empezado a plantearme.
Lo cierto es que los cambios en la estructura de la sociedad polaca envejecida afectarán a todos los aspectos de la economía y plantearán nuevos desafíos para las perspectivas de crecimiento, la distribución de los ingresos y la sostenibilidad de las finanzas públicas. Como cabe imaginar, el modelo económico y social actual debe ajustarse en consecuencia.
Polonia, al igual que muchos otros países de Europa Central, está a las puertas de importantes cambios socioeconómicos que afectarán la vida de las generaciones venideras. Y uno de los principales desafíos del país será determinar cómo «repartir el pastel» entre la población envejecida. Para ello, el Gobierno tendrá que revisar los mecanismos por los que se transfiere el ingreso nacional entre generaciones, lo que en la práctica significa transferirlo a un grupo cada vez mayor de jubilados.
¿Por qué los ingresos en la vejez son un tema tan importante en Polonia? Gracias a las reformas iniciadas en 1999, hoy el sistema de pensiones es fiscalmente sostenible y más justo, pues las prestaciones están mejor alineadas con las contribuciones individuales. Sin embargo, este logro tuvo como costo una reducción significativa de la suficiencia de las pensiones futuras y de las tasas de reemplazo. Por lo tanto, en adelante el sistema tendrá un efecto redistributivo mucho menor. Polonia es uno de los países de la UE donde esta reducción será más pronunciada: las tasas de reemplazo bajarán de alrededor del 50 % actual al 20 % en 2050. Esto significa que muchos más jubilados podrían encontrarse en riesgo de pobreza, especialmente a medida que disminuyen las tasas de ahorro de los hogares y alrededor del 80 % de los ingresos en la vejez proviene de transferencias públicas. Dado el poder electoral de una población cada vez más numerosa de adultos mayores, ¿sería un sistema así socialmente sostenible y económicamente viable?
Por último, ¿existe una solución «milagrosa» para mantener un nivel de vida digno para las personas mayores en Polonia? Una manera de lograrlo sería permitir transferencias adicionales del ingreso nacional a los jubilados. Se podría gravar el ingreso o el consumo para complementar las pensiones públicas; no obstante, cabe señalar que esto podría imponer una carga adicional a las generaciones futuras y a una población en edad de trabajar cada vez más escasa.
Otra posibilidad sería alentar a los futuros jubilados polacos —personas como yo— a empezar a acumular más ahorros y activos desde ahora, para que los ingresos obtenidos puedan complementar nuestras pensiones públicas en el futuro.
Como se señala en el informe mencionado, quienes trabajan actualmente y tienen entre 20 y 50 años tendrán que ahorrar alrededor de un 10 % adicional de sus ingresos para mantener las tasas de reemplazo actuales. Para mí y muchos de mis amigos y pares, esto significa cambiar desde ahora nuestra forma de ahorrar a largo plazo, especialmente si queremos recibir una parte digna del pastel. Es algo que la generación de mis padres no tuvo que afrontar, pero nosotros sí. De lo contrario, a fin de cuentas, ¿cuál es la alternativa?
Esta publicación apareció originalmente en el blog del Banco Mundial
Autora: Paulina es consultora en la Práctica Global de Macroeconomía y Gestión Fiscal del Banco Mundial y trabaja en Varsovia, Polonia.
Imagen: Una pensionista camina por el monumento «Templete de la Virgen de los Dolores», en el centro de Ronda, cerca de Málaga, en el sur de España, el 9 de mayo de 2013. REUTERS/Jon Nazca.


