Desde 2008, cuando la crisis financiera mundial estuvo a punto de hundir la economía global, la reforma financiera ha figurado entre las principales prioridades de los responsables políticos. Pero, al pasar de solucionar los problemas del pasado a preparar el sistema financiero para el futuro, también deben hacer frente a nuevas amenazas para su estabilidad, en particular las derivadas del cambio climático.
Por eso, un número creciente de gobiernos, reguladores, organismos de normalización y actores del mercado empiezan a incorporar al sistema financiero normas relacionadas con la sostenibilidad. En Brasil, el banco central considera que integrar los factores ambientales y sociales en la gestión de riesgos es una forma de reforzar la resiliencia. Y en países como Singapur y Sudáfrica, las empresas que cotizan en bolsa están obligadas a divulgar su desempeño ambiental y social, un requisito que los inversores y reguladores consideran cada vez más esencial para el funcionamiento eficiente de los mercados financieros.
En otro tiempo, iniciativas como estas podrían haberse considerado parte de un nicho «verde» marginal. Hoy se consideran fundamentales para el funcionamiento del sistema financiero. En Bangladesh, los esfuerzos del banco central por apoyar el desarrollo económico incluyen refinanciación a bajo costo para los bancos que conceden préstamos a proyectos que cumplen objetivos de energías renovables, eficiencia energética o gestión de residuos. En el Reino Unido, el Banco de Inglaterra está evaluando actualmente las implicaciones del cambio climático para el sector de los seguros como parte de su mandato central de supervisar la seguridad y solidez de las instituciones financieras.
En China, la inversión anual en la industria verde podría alcanzar los 320.000 millones de dólares en los próximos cinco años, y el gobierno solo podría aportar entre el 10 y el 15 % del total. Para evitar un déficit de financiación, el Banco Popular de China ha elaborado recientemente un informe junto con el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) que presenta un conjunto integral de recomendaciones para establecer el «sistema financiero verde» de China.
En India, la Federación de Cámaras de Comercio e Industria de la India ha creado un nuevo grupo de trabajo sobre «bonos verdes» para explorar cómo los mercados de deuda del país pueden responder al reto de financiar infraestructuras inteligentes. Además, recientes cambios normativos ofrecen un potencial considerable para que los fondos de inversión cotizados destinen capital a las energías limpias.
Hasta ahora, estas medidas afectan solo a una pequeña fracción de los 305 billones de dólares en activos que poseen bancos, inversores, instituciones financieras y particulares dentro del sistema financiero mundial. Pero está previsto que se apliquen de forma más amplia a medida que tanto los financieros como los reguladores reconozcan todas las consecuencias del deterioro ambiental.
Esas consecuencias ya son graves. En 116 de los 140 países evaluados por el PNUMA, las reservas de capital natural que sustentan la creación de valor están disminuyendo. Los costos humanos y económicos de mantener un crecimiento con altas emisiones de carbono incluyen graves efectos sobre la salud, una creciente alteración de las infraestructuras y de la seguridad hídrica y alimentaria, así como una mayor volatilidad de los mercados, sobre todo en los países en desarrollo. Estos daños empeorarán, y los riesgos serán inmanejables si las emisiones de gases de efecto invernadero no se reducen a niveles netos cero entre 2055 y 2070.
A medida que la amenaza del cambio climático se hace más evidente, financiar la respuesta a sus efectos será cada vez más importante. Los países desarrollados se han comprometido a movilizar 100.000 millones de dólares en flujos financieros anuales hacia los países en desarrollo para 2020, pero se necesita mucho más.
Sobre todo, es esencial situar el reto de financiación que plantea el cambio climático en el contexto más amplio de la economía verde y el desarrollo sostenible. La tarea de quienes tienen a su cargo la gobernanza del sistema financiero es facilitar una transición ordenada de las inversiones con altas emisiones de carbono a las de bajas emisiones, y de los activos vulnerables a los resilientes. Según la iniciativa New Climate Economy, para 2030 se gastarán 89 billones de dólares en inversión mundial en infraestructuras, y se necesitarán 4,1 billones adicionales para que sean bajas en carbono y resilientes.
Para movilizar el capital necesario, los responsables políticos deberán aprovechar el poder del sistema financiero. Habrá que ampliar el alcance de la gestión de riesgos para incluir la sostenibilidad a largo plazo y los riesgos derivados del cambio climático en las normas prudenciales para la banca, los seguros y la inversión. Los nuevos «bancos verdes» pueden contribuir a atraer financiación de los mercados de deuda y capital. Será necesario mejorar la transparencia mediante mejores informes corporativos y una divulgación más completa por parte de las instituciones financieras. También habrá que reformar y actualizar las competencias e incentivos de los profesionales financieros para que reflejen estas nuevas prioridades.
Ahora se abren vías prometedoras de cooperación internacional. Por ejemplo, los ministros de Finanzas y los gobernadores de bancos centrales del G-20 acaban de pedir al Consejo de Estabilidad Financiera que explore cómo podría el sector financiero abordar las cuestiones climáticas. Acciones como estas no solo reforzarán la seguridad climática, sino que también contribuirán a un sistema financiero más eficiente, eficaz y resiliente.
Este artículo se publica en colaboración con Project Syndicate. La publicación no implica que el Foro Económico Mundial respalde estas opiniones.
Para mantenerse al día con la Agenda, suscríbase a nuestro boletín semanal.
Autora: Naina Lal Kidwai, presidenta de HSBC India y directora de HSBC Asia-Pacífico, es miembro del consejo asesor internacional de la Investigación del PNUMA sobre el Diseño de un Sistema Financiero Sostenible. Nick Robins es codirector de la Investigación del PNUMA sobre el Diseño de un Sistema Financiero Sostenible.
Imagen: Se ven billetes falsos de euro dentro de un bloque de hielo. REUTERS/Eric Vidal.



