Uno de los objetivos del Consejo Meta Global sobre la Economía Ilícita del Foro Económico Mundial es sacar de las sombras los flujos ilegales de dinero y abordarlos de manera constructiva y responsable.
No estamos aquí para sermonear a los gobiernos ni a nuestros socios del sector privado sobre sus deficiencias, sean reales o no. No queremos ralentizar innecesariamente la cadena de suministro mundial ni los flujos financieros.
Sin embargo, sí queremos crear un espacio seguro para mantener conversaciones complejas, de modo que podamos identificar a las partes interesadas clave y conseguir su ayuda en este esfuerzo, aunque no nos hacemos ilusiones: no será fácil.
La única manera seria de abordar un problema mundial tan complejo es desglosarlo en sus tres componentes: los grupos de productos e industrias; las personas involucradas; y la infraestructura que mantiene esos flujos.
Grupos de productos e industrias
Tomemos la falsificación, que, según las proyecciones de la Corte Penal Internacional, alcanzará los 1,7 billones de dólares —cerca del 10 % del comercio mundial total— este año. Es relativamente sencillo identificar a los titulares de propiedad intelectual y los productos que corren mayor riesgo. Sabemos que el alcohol falsificado, por ejemplo, no solo representa una pérdida de ingresos empresariales y fiscales, sino también un grave riesgo para la salud.
Hace poco, según la BBC, casi 100 personas murieron tras consumir alcohol falsificado en dos incidentes distintos en India y Mozambique. Los productos farmacéuticos falsificados, cuyo negocio se estima en 200.000 millones de dólares al año, causan la muerte de más de 1 millón de personas anualmente, según Interpol. La falsificación de productos de consumo de alto valor, aunque no conlleva los mismos problemas de salud y seguridad, también supone una importante pérdida de ingresos fiscales para los países y de ingresos para las empresas. Todo esto contribuye, de una u otra manera, al fortalecimiento de la economía sumergida o ilícita y menoscaba la competitividad de la economía formal.
Actores involucrados
Aunque no cabe duda de que participan inspectores de aduanas o distribuidores corruptos, el problema mayor es la participación directa de la delincuencia organizada transnacional. Es erróneo suponer que estas organizaciones criminales solo se interesan por los narcóticos; en realidad, transportan cualquier cosa que les reporte cuantiosas ganancias, ya sea mediante el comercio de productos falsificados o mediante el comercio de productos legítimos por canales ilícitos. Por consiguiente, todos deberíamos entender que cualquier producto falsificado, incluso algunos tan inocuos como un bolso o un reloj, contribuye a las empresas criminales. Estas utilizan después las ganancias para financiar otras actividades delictivas, como el tráfico de drogas y de personas, y la minería ilegal.
Infraestructura facilitadora
En cuanto a la infraestructura facilitadora, las redes criminales explotan las nuevas tecnologías, las diferencias entre los regímenes regulatorios nacionales y los vínculos entre los sistemas económicos, financieros y de transporte mundiales para obtener beneficios. Sin embargo, uno de los elementos más importantes, y quizá menos evidentes, es el sistema financiero en el que opera este negocio de 1,7 billones de dólares.
Podríamos pensar que los flujos financieros ilícitos solo circulan por la web oscura mediante Bitcoin y otras monedas virtuales, que sí desempeñan un papel, aunque pequeño. En cambio, la mayor parte de esta economía ilícita circula por los mismos sistemas mundiales que la economía formal. Por este motivo, una mayor transparencia en el sistema financiero mundial es fundamental. El reto consiste en adelantarnos a este movimiento e intentar orientar sus resultados de manera constructiva.
Se están dando pasos en la dirección correcta. Por ejemplo:
1) Está surgiendo el intercambio automático de información fiscal entre países, impulsado por la legislación FACTA de Estados Unidos, que exige a las instituciones financieras extranjeras informar sobre los ingresos de las cuentas en el extranjero de personas estadounidenses.
2) Se está avanzando en el conocimiento de la titularidad real de las sociedades, con el Reino Unido en un papel de liderazgo, lo que asesta un golpe a las empresas de la economía sumergida.
3) Se exige que las empresas de recursos naturales informen sobre los pagos a gobiernos extranjeros en virtud de la ley Dodd-Frank, que afecta a muchas empresas no estadounidenses.
4) Se avanza en la presentación de informes país por país, particularmente en la Unión Europea, donde se trabaja para exigir a todas las empresas que informen de sus resultados financieros en cada jurisdicción fiscal en la que operan.
Es inevitable que se avance más en estos ámbitos y se tomen medidas para lograr una mayor transparencia financiera. Entonces, ¿cómo trabajamos con las principales partes interesadas para influir en este cambio? ¿Organizamos un evento especial para llamar la atención sobre estos asuntos? ¿Elaboramos, desde nuestro Consejo Meta, un informe breve sobre ellos? ¿Reunimos a un pequeño grupo de empresas progresistas para promover una mayor transparencia financiera?
Estas son algunas de las preguntas que esperamos responder.
Autor: Adam Blackwell es secretario de Seguridad Multidimensional de la Organización de los Estados Americanos y miembro del Consejo Meta sobre la Economía Ilícita del Foro Económico Mundial.
Imagen: Un agente de policía sumerge un billete de dólar estadounidense falsificado en un líquido para mostrar su calidad durante una rueda de prensa en Lima, el 17 de abril de 2013. REUTERS/Enrique Castro-Mendivil


