Este artículo se publica en colaboración con Project Syndicate.
Los mercados laborales actuales están experimentando un cambio radical, a medida que las plataformas digitales transforman su forma de operar y revolucionan la naturaleza del trabajo. En muchos sentidos, se trata de un avance positivo, que tiene el potencial de emparejar a los trabajadores con los empleos de manera más eficiente y transparente que nunca. Pero la creciente digitalización del mercado laboral también tiene al menos un inconveniente muy preocupante: está socavando las relaciones tradicionales entre empleador y empleado, que han sido el principal canal a través del cual se han ofrecido prestaciones y protecciones a los trabajadores.
El ecosistema de las plataformas laborales digitales todavía se encuentra en su fase inicial, pero se está desarrollando con rapidez. Las grandes plataformas populares, como LinkedIn, se han utilizado hasta ahora principalmente para emparejar a trabajadores muy cualificados con empleos de alto nivel. Pero estas plataformas ya se están expandiendo para dar cabida a trabajadores y empleos de cualificación media. Casi 400 millones de personas han publicado sus currículos en LinkedIn y, en 2014, el sitio facilitó más de un millón de nuevas contrataciones en todo el mundo.
Mientras tanto, están surgiendo otros tipos de plataformas digitales que conectan a trabajadores con clientes o empresas para tareas o servicios específicos. Estas plataformas desempeñan un papel cada vez más importante en el mercado de trabajadores «contingentes» o «bajo demanda», definidos en líneas generales como trabajadores cuyos empleos son temporales y que no tienen contratos estándar a tiempo parcial o completo con los empleadores. Entre las plataformas digitales más conocidas que conectan directamente a los trabajadores contingentes con clientes figuran Lyft, TaskRabbit, Uber y Angie’s List. Freelancer.com y Upwork son ejemplos de plataformas que ayudan a las empresas a encontrar y contratar a trabajadores contingentes para una serie de tareas especializadas, como el desarrollo de software o de sitios web. Freelancer.com cuenta con más de 17 millones de usuarios en todo el mundo.
El problema es que, aunque estos sitios ofrecen nuevas oportunidades a trabajadores y empresas, están eludiendo los canales tradicionales a través de los cuales Estados Unidos y muchos otros países ofrecen prestaciones y protecciones a su fuerza laboral. En Estados Unidos, en particular, el «contrato social» ha dependido durante mucho tiempo de los empleadores para proporcionar seguro de desempleo, seguro por discapacidad, pensiones y planes de jubilación, compensación laboral por lesiones relacionadas con el trabajo, días libres remunerados y protecciones en virtud de la Fair Labor Standards Act. Aunque la Affordable Care Act ha facilitado a los trabajadores la contratación de un seguro de salud por cuenta propia, la mayoría sigue recibiendo su seguro médico a través de sus empleadores.
Con la proliferación de las plataformas de empleo digitales, la red de protección social para los trabajadores en Estados Unidos —ya de por sí endeble— corre el riesgo de deshilacharse para una parte creciente de la fuerza laboral. Esto se debe a que la mayoría de las personas que encuentran trabajo a través de plataformas digitales operan como contratistas independientes, lo que los deja sin las prestaciones y protecciones previstas en los contratos de trabajo estándar para empleados a tiempo completo y parcial. La diferencia entre el coste de un empleado a tiempo completo con prestaciones y el de un contratista independiente puede situarse en un 30 % o más, por lo que existe un fuerte incentivo para que las empresas sustituyan a los trabajadores con contratos de empleo estándar a tiempo completo por contratistas independientes, siempre que puedan atraer el talento que necesitan.
Las plataformas digitales de empleo también facilitan a las empresas la contratación y el despido de trabajadores con contratos temporales contingentes. Esto crea el potencial de una carrera hacia el abismo, en la que los empleadores compiten en costes laborales mediante el arbitraje regulatorio.
Si los responsables políticos no actúan, Estados Unidos seguirá avanzando hacia un mercado laboral de dos niveles. Uno de ellos estará formado por trabajadores altamente cualificados con empleo pleno y prestaciones generosas proporcionadas por el empleador (y con ventajas fiscales), así como por personas altamente cualificadas que financian sus propias prestaciones con los altos ingresos obtenidos como contratistas independientes o por cuenta propia. El otro nivel incluirá un amplio grupo de trabajadores contingentes de cualificación media y baja, sin las prestaciones, los ingresos ni la seguridad de los que depende una clase media sólida y resistente.
Se necesitan nuevas políticas para que los trabajadores con relaciones laborales contingentes tengan acceso a prestaciones, y nuevas instituciones que se encarguen de proporcionarlas. Cada vez hay más respaldo a la idea de que las prestaciones deberían cumplir al menos tres condiciones. Deberían ser portables, vinculadas al trabajador individual y no a su empleador. Deberían ser universales, aplicables a todos los trabajadores y a todas las formas de empleo. Y deberían ser prorrateadas, vinculando las aportaciones del empleador a las prestaciones con el tiempo trabajado, los trabajos completados o los ingresos obtenidos.
Dos propuestas recientes que incorporan estas condiciones abogan por la creación de «cuentas de seguridad individuales» análogas a las cuentas de la Seguridad Social estadounidense, pero que abarcan prestaciones portables a las que tendrían acceso todos los trabajadores, independientemente de su situación laboral, y que se acumularían mediante aportaciones automáticas de nómina prorrateadas.
Un grupo de extraños compañeros de cama —empleadores «gig», organizaciones laborales, capitalistas de riesgo y think tanks bipartidistas— publicó recientemente una carta en la que pide una red de protección social estable y flexible basada en estas condiciones. Mientras tanto, en el Congreso, legisladores con visión de futuro como el senador Mark Warner de Virginia buscan formas de anticiparse a los problemas y generar impulso para soluciones bipartidistas.
Queda mucho por hacer antes de que exista una nueva red de protección para todos los trabajadores: determinar qué prestaciones y protecciones incluir, cómo financiarlas y cómo hacerlas llegar a los trabajadores. Los grupos laborales, incluidos los sindicatos o nuevos tipos de organizaciones laborales como Coworker.org y Freelancers Union, podrían cubrir este vacío ofreciendo prestaciones, como ya han hecho los sindicatos en el sector de la construcción y los gremios en la industria del entretenimiento. En Silicon Valley, donde cada semana se contratan miles de contratistas y freelancers, nuevas empresas privadas como MBO Partners están surgiendo para gestionar las prestaciones de los trabajadores contingentes que trabajan para muchos empleadores.
El McKinsey Global Institute estima que las plataformas digitales de trabajo podrían incrementar el PIB de Estados Unidos en un 2,3 % y el empleo equivalente a tiempo completo en Estados Unidos en un 2,7 % de aquí a 2025. Sin embargo, para materializar estas ganancias para toda la economía al tiempo que se garantiza una red de protección segura y portable para todos los trabajadores, será necesario que empresas y responsables políticos adopten nuevas formas de pensar.
La publicación no implica el respaldo de los puntos de vista expresados por el Foro Económico Mundial.
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Autores: Laura Tyson es profesora de la Haas School of Business de la Universidad de California, Berkeley. Lenny Mendonca es antiguo director de McKinsey & Company.
Imagen: Una estudiante china navega por internet. NB/PB.



