¿Cómo podemos hacer que las ciudades sean más competitivas?

¿Cómo podemos hacer que las ciudades sean más competitivas?
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Las ciudades son el futuro. En ellas vive y trabaja la gente. Son el lugar donde se produce el crecimiento y donde surge la innovación. Pero también son polos de pobreza y, con demasiada frecuencia, centros de desempleo.

¿Cómo podemos liberar el potencial de las ciudades? ¿Cómo logramos que sean más competitivas? Son preguntas urgentes. Preguntas que, como se ha visto, tienen respuestas complejas, con el potencial de generar enormes beneficios para la creación de empleo y la reducción de la pobreza.

El desempeño económico de las ciudades varía enormemente. Mientras que el 72 % de las ciudades crece más rápido que sus países, estos beneficios no se distribuyen de manera uniforme entre todas las ciudades. El 10 % de las ciudades más destacadas aumenta el PIB casi tres veces más que el 90 % restante. Crean empleo entre cuatro y cinco veces más rápido. Sus residentes disfrutan de mayores ingresos y productividad, y son polos de atracción de inversión externa.

No solo hablamos de los “nombres conocidos” entre las ciudades globales: las ciudades competitivas suelen ser ciudades secundarias, muchas de las cuales logran el éxito pese a la adversidad; algunas no tienen salida al mar y se encuentran en regiones rezagadas dentro de sus países. Por ejemplo, Saltillo (México), Meknés (Marruecos), Coimbatore (India), Gaziantep (Turquía), Bucaramanga (Colombia) y Onitsha (Nigeria) son algunos ejemplos de ciudades que han sido competitivas en la última década.

Entonces, ¿cómo se vuelven competitivas las ciudades? Definimos las ciudades competitivas como aquellas que ayudan con éxito a las empresas y a las industrias a crear empleo, aumentar la productividad y elevar los ingresos de los ciudadanos. Un equipo del Grupo Banco Mundial dedicó los últimos 18 meses a investigar, crear y actualizar nuestra base de conocimientos en beneficio de los clientes del GBM. En nuestro próximo informe, “Ciudades competitivas para el empleo y el crecimiento”,* concluimos que la receta incluye varios ingredientes básicos.

A largo plazo, las ciudades que ascienden en la escala de ingresos transformarán sus economías, pasando de “ciudades de mercado” a “centros de producción” y, después, a “centros financieros y creativos”, lo que aumenta la eficiencia y la productividad en cada etapa. Sin embargo, los datos económicos muestran claramente que pueden obtenerse grandes avances incluso sin una transformación económica integral: las ciudades pueden pasar de 2.500 a 20.000 dólares de ingreso per cápita y seguir siendo un “centro de producción”. En tales casos, las ciudades se vuelven más competitivas en lo que ya hacen, encontrando nichos de productos y mercados en bienes y servicios comercializables. Las ciudades competitivas son aquellas que logran atraer nuevas empresas e inversores, sin dejar de impulsar a las empresas consolidadas y a los residentes de larga data.

¿Qué tipo de políticas utilizan las ciudades competitivas? Constatamos que las ciudades líderes concentran sus esfuerzos en aprovechar tanto las políticas de alcance general para toda la economía como las políticas específicas por sector. En la práctica, observamos cómo las ciudades exitosas crean un clima empresarial favorable y orientan sus esfuerzos hacia sectores concretos mediante iniciativas proactivas de desarrollo económico. Combinan políticas centradas en cuestiones transversales, como el suelo, los mercados de capitales y la infraestructura, sin perder de vista las necesidades de las distintas industrias y empresas. El factor crucial es la consulta, la colaboración y las alianzas con el sector privado. De hecho, el éxito también implica forjar coaliciones para el crecimiento con los municipios vecinos y con otros niveles de gobierno.

El proceso importa enormemente. Lo interesante de las ciudades competitivas no es su elección de una política o reforma concreta, sino cómo logran poner las cosas en marcha en primer lugar. Las ciudades eligen una estrategia de desarrollo económico, alinean su presupuesto para financiarla, resuelven los problemas durante la implementación y movilizan la capacidad del personal y la atención suficientes para velar por la calidad de la ejecución. Tienen una mentalidad explícitamente orientada al desarrollo económico que complementa una visión social y ambiental, y reúnen en torno a ella a las agencias y a los distintos niveles del gobierno municipal.

La oportunidad de competitividad para las ciudades es enorme. Si cada ciudad promedio hubiera logrado un desempeño tan bueno como su homóloga competitiva dentro de su región, el mundo habría añadido 19 millones de nuevos empleos solo en 2012. Las ciudades son herramientas poderosas en el arsenal de los responsables de políticas para reducir la pobreza y aumentar la prosperidad compartida, y merecen un escrutinio y una atención más cercanos.

Esta entrada apareció por primera vez en The World Bank’s Private Sector Development Blog. La publicación no implica que el Foro Económico Mundial respalde las opiniones expresadas.

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Autora: Megha Mukim es economista y trabaja en temas de competitividad y desarrollo urbano en el Grupo Banco Mundial.

Imagen: La torre de televisión de la plaza Alexanderplatz durante la puesta de sol en Berlín. REUTERS/Fabrizio Bensch.

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