Este artículo se publica en colaboración con Washington Center for Equitable Growth.
El debate sobre la curva de Phillips y la cantidad de «holgura» en el mercado laboral estadounidense tiene que ver con las perspectivas de los trabajadores desempleados de larga duración. Tras la Gran Recesión de 2007-2009, la proporción de trabajadores desempleados durante 27 semanas o más alcanzó máximos históricos. De hecho, hoy es más alta que en su anterior máximo, de junio de 1983. La cuestión es si los desempleados de larga duración están excluidos del mercado laboral o si pueden volver a trabajar a corto plazo.
El economista de Princeton Alan Krueger ha defendido que los desempleados de larga duración en realidad no deberían contarse como parte de la holgura del mercado laboral , ya que no influyen en el crecimiento salarial. Stephen Williamson, vicepresidente de la Reserva Federal de San Luis, presenta datos históricos que muestran que los desempleados de larga duración tienen más probabilidades de abandonar la población activa. Sin embargo, un documento de trabajo de la Oficina Nacional de Investigación Económica publicado esta semana presenta pruebas de que quizá podamos reincorporar al empleo a los desempleados de larga duración con más facilidad de lo que muchos han supuesto.
Con los altos niveles de desempleo de larga duración que se mantuvieron elevados a medida que el mercado laboral se recuperaba de la Gran Recesión, muchos economistas y analistas temían que estos trabajadores no pudieran volver a encontrar empleo. Su argumento era que los empleadores discriminarían a los desempleados de larga duración y contratarían, en cambio, a trabajadores que llevaban menos tiempo sin empleo o que ya tenían un trabajo. Varios estudios respaldaron esta preocupación, entre ellos uno del economista Rand Ghayad, actualmente en Brattle Group. Mediante el envío de currículos falsos a posibles empleadores (en los que variaba el tiempo que estos candidatos llevaban sin trabajo, la frecuencia con la que cambiaban de empleo y su experiencia en el sector), Ghayad intentó determinar cuánta discriminación sufrían los desempleados de larga duración. Su respuesta: bastante. Otras investigaciones obtuvieron resultados similares.
Sin embargo, el nuevo documento de trabajo publicado esta semana ofrece pruebas contradictorias. El trabajo, de los economistas Henry Farber, de la Universidad de Princeton, Dan Silverman, de la Universidad Estatal de Arizona, y Till von Wachter, de la Universidad de California en Los Ángeles, también utiliza un experimento de campo con currículos. Para asegurarse de que solo analizaban los efectos de la duración del desempleo, los economistas enviaron currículos de mujeres con títulos universitarios que buscaban empleos administrativos de oficina. A diferencia de la investigación anterior, los economistas no encuentran ninguna relación entre la probabilidad de que un currículo reciba una llamada de un empleador y la duración del desempleo que figura en él. Otras investigaciones recientes también encuentran poca relación entre ambas variables, por lo que Farber, Silverman y von Wachter no están solos.
¿Qué podría explicar la discrepancia entre este nuevo documento y la investigación anterior? Los tres autores comparan sus datos y su análisis con uno de los estudios anteriores para determinar qué factores podrían explicar los distintos resultados. Aunque no encuentran una prueba concluyente, su análisis apunta a una diferencia en la edad de los trabajadores ficticios cuyos currículos enviaron. La investigación anterior tendía a incluir más currículos de trabajadores jóvenes, mientras que Faber, Silverman y von Wachter se centran en trabajadores de entre mediados de los 30 y mediados de los 50 años. Puede que los empleadores sean más propensos a restar importancia a los largos periodos de desempleo si el trabajador tiene un historial más extenso. O puede que, como señalan los autores, su resultado solo se sostenga para el grupo específico que analiza su experimento.
Este documento forma parte de un debate más amplio que, sin duda, no se resolverá en breve. Pero estos resultados deberían hacernos reflexionar antes de dar por hecho que la discriminación de los empleadores hacia los desempleados de larga duración es un fenómeno generalizado en todo el mercado laboral. Y si hay menos discriminación, eso significa que estos trabajadores tienen más probabilidades de conseguir empleo. En otras palabras, este documento podría dar a algunos de ellos una nueva esperanza.
La publicación de este contenido no implica que el Foro Económico Mundial respalde las opiniones expresadas en él.
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Autor: Nick Bunker es analista de políticas del Washington Center for Equitable Growth.
Imagen: Solicitantes de empleo esperan en las calles a que los empleadores busquen trabajadores eventuales. REUTERS/Mike Hutchings.




