¿Cómo podemos lograr que más niños pakistaníes asistan a la escuela?

¿Cómo podemos lograr que más niños pakistaníes asistan a la escuela?
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Mushtaq Chhapra es galardonado con el Premio al Emprendedor Social del Año 2015 de la Fundación Schwab

Pakistán aparece con frecuencia en los titulares por la inestabilidad de su estructura sociopolítica. Paradójicamente, el país también cuenta con un importante activo del que puede sentirse orgulloso: una población en rápido crecimiento menor de 15 años, que representa el 35 % de los más de 180 millones de habitantes del país. En sus manos vibrantes reside el brillante futuro de Pakistán.

Por desgracia, Pakistán también alberga la segunda mayor población de niños sin escolarizar del mundo: 25 millones de niños que deberían estar en la escuela. Uno de cada cinco abandona los estudios; se ha considerado que quienes llegan a la escuela son analfabetos y no saben hacer cálculos debido a la baja calidad de la enseñanza.

Estos jóvenes, que nunca llegan a desarrollar todo su potencial, entran en un círculo vicioso de pobreza extrema, frustración social y los males que las acompañan. La respuesta está en una inversión urgente y, a la vez, de largo plazo en educación, pues de ella depende el enriquecimiento de las mentes necesario para un cambio sistémico en el país. Hay motivos de sobra para desesperarse, pero también hay esperanza.

Hace diecinueve años, mis amigos y yo fundamos The Citizens Foundation (TCF) y plantamos cinco semillas de esperanza en forma de escuelas en los peores barrios marginales de Karachi. En 2014, esas semillas se habían convertido en 1.000 escuelas en todo el país, con 11.500 empleados y 145.000 estudiantes. Estos niños proceden de algunas de las comunidades más marginadas del mundo. Hemos visto milagros: una niña destinada a convertirse en empleada doméstica que obtuvo el tercer puesto en los exámenes nacionales. La hija de un conductor que se graduó en una de las mejores escuelas de negocios de Pakistán y pasó un verano en Harvard. El hijo de un trabajador textil que estudia en la misma escuela de negocios de Karachi que la hija del propietario de la fábrica textil, la misma fábrica donde trabajó su padre durante 30 años.

La pobreza y las limitaciones culturales hacen que, si los padres tienen que elegir, prefieran educar a sus hijos varones antes que a sus hijas.

En algunas zonas de Pakistán, como Baluchistán, la matriculación femenina desciende hasta apenas el 35 %, mientras que en las Áreas Tribales bajo Administración Federal cae a un preocupante 27 %. TCF respondió a este desafío contratando a un profesorado exclusivamente femenino para animar a los padres a enviar a sus hijas a la escuela.

Nuestra experiencia en TCF nos ha enseñado muchas lecciones. Un enfoque emprendedor con un modelo escalable ha sido la clave de nuestro modesto éxito. Modesto, porque el desafío es tan enorme que el camino no puede terminar aquí. Los próximos pasos requieren establecer alianzas significativas con organizaciones de los sectores público y privado para impulsar esta iniciativa.

TCF también organiza iniciativas de desarrollo comunitario, como nuestro programa de alfabetización para adultos, Aagahi, que nos ha permitido dotar a más de 20.000 mujeres, incluidas madres de alumnos de TCF, de la confianza en sí mismas que brinda la capacidad de leer y escribir, y así permitirles apoyar aún más la educación de sus hijos. También nos hemos asociado con emprendedores sociales para empezar a proporcionar agua potable en las escuelas de TCF que carecen de esta necesidad básica.

A través de la plataforma Schwab, esperamos fortalecer las alianzas tanto con nuestros programas centrales como con los comunitarios.

La visibilidad y el acceso a los responsables de formular políticas que obtengamos nos permitirán replicar nuestro modelo en el resto del país. Cada vez que veo la sonrisa radiante de un niño de TCF, la luz en sus ojos y la confianza con que levanta la mano para responder una pregunta, o a una madre con expresión de orgullo, sé que vamos por buen camino y me llena de esperanza este hermoso país y sus niños, que tanto lo merecen.

Esta publicación apareció originalmente en Medium. La publicación no implica que el Foro Económico Mundial respalde estas opiniones.

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Autor: Mushtaq Chhapra es cofundador y presidente del Consejo de Administración de The Citizens Foundation (TCF), una organización educativa sin ánimo de lucro de Pakistán, y galardonado con el Premio al Emprendedor Social del Año 2015 de la Fundación Schwab.

Imagen: Unas escolares de Cachemira muestran sus pizarras en una escuela al aire libre en la aldea montañosa de Dhatura, en el valle de Neelum, al norte de la ciudad de Muzaffarabad, en la Cachemira administrada por Pakistán, el 21 de febrero de 2006. REUTERS/Thierry Roge.

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