Esto forma parte de una serie sobre los Objetivos de Desarrollo Sostenible Globales, en colaboración con el Stockholm Resilience Centre. Este artículo se centra en el objetivo 1: poner fin a la pobreza en todas sus formas y en todo el mundo.
El primer objetivo de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), que pronto se aprobarán, es todo un comienzo: nos insta a trabajar juntos para poner fin a la pobreza en todas sus formas y en todo el mundo. Esta intención de erradicar la pobreza, y no solo reducirla, supone un gran avance en cuanto a ambición respecto de los Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM) y se refleja en el compromiso de «no dejar a nadie atrás».
Pero cuando vaya a Nueva York para participar en la presentación de estos nuevos objetivos, me preguntaré si estamos preparados para hacer lo necesario para que se hagan realidad.
El objetivo que precedió a este, el ODM 1, nos pedía reducir a la mitad las tasas de pobreza extrema (respecto de los niveles de 1990) para 2015. Alcanzamos el objetivo cinco años antes, pero este logro se vio empañado por marcadas diferencias regionales. En mi propio continente, África, casi una de cada dos personas sigue viviendo en la pobreza extrema. Esta proporción es más de cuatro veces superior al promedio mundial.
Estamos muy lejos de erradicar la pobreza y de no dejar a nadie atrás. Además, hemos estado ocupados haciendo más difícil nuestra tarea: a escala mundial afrontamos los crecientes desafíos que plantean la extrema desigualdad económica y el cambio climático, dos factores que socavan gravemente la lucha contra la pobreza.
Sigo creyendo firmemente que podemos erradicar la pobreza para 2030, pero para ello tendremos que hacer las cosas de manera muy distinta a como las hicimos durante el periodo de los ODM:
La implementación exige que adoptemos una postura política
La consecución de estos objetivos no es un ejercicio tecnocrático. El éxito exigirá que cuestionemos el poder y los intereses creados. ¿Están los gobiernos, ricos y pobres, dispuestos a enfrentarse a los intereses creados: a quienes se benefician de mantener las emisiones mundiales o a las élites que prosperan en un mundo desigual? ¿Podrá la sociedad civil combatir esos intereses creados y exigir cuentas a los gobiernos?
Si pedimos a los gobiernos de países pobres que asuman más responsabilidad, también deben cambiar el poder y el control de los recursos
Los gobiernos de países pobres tendrán la responsabilidad de cambiar las prioridades de las políticas y la asignación del gasto, y de buscar la movilización de recursos nacionales. Pero debemos estar atentos a cierta hipocresía: los gobiernos ricos están dispuestos a compartir la responsabilidad, pero no el poder ni el control de los recursos que necesitarán los países pobres. Un ejemplo es la necesidad de reformar las normas fiscales mundiales para evitar que los tesoros públicos de los países en desarrollo pierdan unos 100.000 millones de dólares cada año en ingresos. Empezamos con mal pie en la Cumbre sobre Financiación para el Desarrollo de Addis Abeba al no lograr acordar la creación de un organismo fiscal mundial que ayude a garantizar unas normas fiscales mundiales justas. Debemos hacerlo mejor.
La actuación y la financiación del sector privado no son una solución mágica
Se necesita financiación privada y es bienvenida la disposición de las empresas a participar en los ODS. Pero, hasta ahora, no hay suficientes controles y contrapesos que garanticen que los proyectos público-privados beneficien al interés público, protejan los derechos de las personas o sirvan mejor a las comunidades locales. Los peligros de seguir adelante sin esas salvaguardias quedan de manifiesto en la investigación de Oxfam sobre el Queen Mamohato Memorial Hospital de Lesoto, construido mediante una asociación público-privada. El Ministerio de Salud está sujeto a un contrato de 18 años que ya consume más de la mitad de su presupuesto sanitario. Esto desvía peligrosamente unos fondos públicos escasos de los servicios de atención primaria de salud en zonas rurales, donde vive tres cuartas partes de la población.
Si estos son los grandes cambios estructurales que, a mi juicio, marcarán la diferencia, ¿qué señales indican que vamos por buen camino? Durante los próximos 12 meses debemos trabajar para garantizar que:
La cumbre de la ONU sobre el cambio climático dé resultados
El cambio climático y la extrema desigualdad económica revertirán rápidamente décadas de avances arduamente conseguidos en la lucha contra la pobreza. Un acuerdo sólido en París es un paso fundamental en el camino hacia el hambre cero y la consecución de los objetivos mundiales.
Todos los gobiernos, ricos y pobres, elaboren planes nacionales de implementación
Estos deben ser claros y vinculantes, con metas divididas en hitos de entre tres y cinco años. Deben garantizar la participación plena de la ciudadanía y la sociedad civil en la consecución de estos objetivos, así como la puesta en marcha de sistemas de seguimiento participativo que permitan a la ciudadanía exigir cuentas a los gobiernos. Recuerden: cuanto más rico sea un país, mayor será su responsabilidad internacional, además de la responsabilidad que tiene ante su propia población.
La redistribución deja de ser un tabú
Los gobiernos deben situar la lucha contra la extrema desigualdad económica en el centro de sus estrategias nacionales relativas a los ODS: es una causa estructural de muchos de los problemas que los demás objetivos pretenden abordar. El compromiso con políticas progresistas que redistribuyan los recursos para cerrar la brecha de desigualdad extrema y erradicar la pobreza también señalaría una despedida clara y definitiva a las políticas que han permitido que crezca tanto la brecha entre ricos y pobres.
Nada de esto es fácil: implica enfrentarse al poder del 1 % en favor de los intereses de las personas más pobres y marginadas. Espero con ilusión dar la bienvenida a estos nuevos objetivos a finales de este mes. Pero ahora empieza el verdadero trabajo.
¿Ya leíste?
10 cosas que debes saber sobre los Objetivos de Desarrollo Sostenible
¿Qué son los ODS?
Autora: Winnie Byanyima, directora ejecutiva de Oxfam International.
El editor invitado de esta serie es Owen Gaffney, director de Medios y Estrategia Internacionales del Stockholm Resilience Centre y Future Earth
Imagen: Un hombre duerme una siesta en una calle junto a sus pertenencias mientras los peatones pasan por el distrito comercial de Ginza, en Tokio, el 16 de noviembre de 2014. REUTERS/Yuya Shino



