No existe un desafío político mayor que preocupe a los líderes de todo el mundo que ampliar la participación en los beneficios del crecimiento económico y la globalización. De hecho, ha surgido un consenso geográfica e ideológicamente diverso en el sentido de que se requerirá un modelo nuevo, o al menos notablemente mejorado, de desarrollo económico si se quiere lograr una inclusión verdaderamente mayor.
Desafortunadamente, este consenso político ha seguido siendo más una aspiración que una prescripción, al menos hasta ahora. Los responsables de políticas todavía no han desarrollado un marco de políticas reconocido internacionalmente, con un conjunto correspondiente de indicadores y de hitos medibles, que guíe a los países que aspiran a mejoras generalizadas en el nivel de vida, en lugar de seguir utilizando simplemente el crecimiento del PIB como medida definitiva del desempeño económico nacional.
La medida en que el crecimiento genera oportunidades y mejora el nivel de vida depende de una serie de políticas económicas estructurales e institucionales, incluidas muchas en ámbitos ajenos a la educación y la redistribución (los ámbitos más citados en los debates sobre la desigualdad). Cada vez se reconoce más la importancia de las instituciones, en particular los marcos jurídicos y los organismos públicos que administran las normas y los incentivos, en el proceso de desarrollo. Pero este reconocimiento aún no ha penetrado plenamente en el modelo mental del crecimiento económico que utiliza la mayoría de los responsables de políticas y economistas.
El papel que desempeñan las instituciones en la configuración del crecimiento económico fue una conclusión clave del histórico estudio del Banco Mundial de 1993, The East Asian Miracle, en el que se analizó cómo ocho países de la región lograron un «alto crecimiento con equidad» entre 1960 y 1990. La Comisión sobre Crecimiento y Desarrollo, presidida por el economista galardonado con el Nobel Michael Spence, llegó a una conclusión similar en su informe de 2008, The Growth Report: Strategies for Sustained Growth and Inclusive Development.
La lección también es evidente en la historia económica del siglo XX, cuando, especialmente en las décadas posteriores a la Gran Depresión, la mayoría de las economías industrializadas avanzadas actuales emprendieron un proceso sostenido de profundización institucional que amplió la base y fortaleció la resiliencia de sus economías. Las reformas dirigidas a la política laboral, el clima de inversión, el seguro social, la competencia, la educación y la infraestructura crearon un modelo de crecimiento más inclusivo y sostenible al distribuir el poder adquisitivo, lo que respaldó la demanda agregada y redujo la vulnerabilidad frente a auges y caídas impulsados por la inversión.
Es una lección que hoy debe volver a aprenderse, ya que la economía mundial sigue esforzándose por encontrar una base más sólida para el crecimiento y salir de la sombra de la crisis de 2008-2009. Adoptar un modelo de crecimiento y desarrollo más socialmente inclusivo exigirá ampliar la perspectiva desde la que se fijan las prioridades al configurar las estrategias económicas nacionales.
Las políticas adecuadas en materia de macroeconomía, comercio y estabilidad financiera seguirán siendo fundamentales para establecer las condiciones básicas para la asignación eficiente de recursos que sustenta el crecimiento. Pero estas políticas solo son una parte de la solución. Desarrollar instituciones nacionales e incentivos de política en un amplio abanico de otros ámbitos que son especialmente relevantes para la inclusión social será fundamental para mejorar el nivel de vida, al tiempo que refuerza el propio proceso de crecimiento. Ambos tipos de políticas merecen igual atención en las estrategias económicas nacionales.
Es importante no subestimar el cambio cultural que esto exigirá a los gobiernos y a la profesión económica. El concepto de «reforma estructural» suele referirse a medidas destinadas a impulsar el crecimiento económico mediante la mejora de las señales del mercado y la recuperación de la salud de las finanzas públicas. Estas políticas suelen aplicarse en respuesta a crisis fiscales o de balanza de pagos y, con frecuencia, reducen el nivel de vida a corto plazo. Pero el fortalecimiento de las instituciones en ámbitos que promueven la inclusión social también es una forma de reforma estructural, en este caso con el fin de maximizar la contribución del crecimiento a los niveles de vida generales y reforzar su resiliencia.
El informe The Inclusive Growth and Development Report 2015 del Foro Económico Mundial, ha identificado 15 ámbitos importantes para promover la inclusión social. Entre ellos figuran la oportunidad y el rendimiento educativos, la relación entre la productividad y el crecimiento salarial, la concentración de rentas económicas, la eficacia con que el sistema financiero canaliza la inversión hacia la economía real, la infraestructura física y digital, y la cobertura y la adecuación de las protecciones sociales básicas. También incluyen ámbitos que tradicionalmente no se consideran favorecedores de la igualdad, como facilitar la acumulación de activos mediante la pequeña empresa y la propiedad de vivienda, y combatir la corrupción, pero que son igual de importantes que la educación o la redistribución para mejorar el nivel de vida.
No existe una combinación institucional ideal única para el crecimiento inclusivo, pero todos los países deberían empezar a pensar de forma más sistemática en fortalecer sus instituciones y crear incentivos para promover el crecimiento inclusivo. Hay mucho margen de mejora. En las comparaciones entre países, ninguno supera a sus pares en todos los ámbitos. De hecho, ni un solo país obtiene una puntuación superior a la media en los 15.
Es posible, y de hecho indispensable, ser partidario de la igualdad y del crecimiento, defender el fortalecimiento de la inclusión social y, al mismo tiempo, promover la eficiencia de los mercados. Un modelo inclusivo de crecimiento y desarrollo es, por naturaleza, favorable al trabajo y a las empresas. Es hora de poner nuestras aspiraciones en práctica.
El informe The Inclusive Growth and Development Report 2015 está disponible aquí. También puede explorar las conclusiones del informe mediante este mapa de calor.
Autores: Klaus Schwab es fundador y presidente ejecutivo del Foro Económico Mundial. Richard Samans es director del Centro para la Agenda Global y miembro del Consejo de Dirección del Foro Económico Mundial.
Imagen: Un trabajador limpia el exterior de un complejo urbano recién construido que alberga oficinas y tiendas minoristas en Pekín, el 14 de octubre de 2013. REUTERS/Kim Kyung-Hoon


