Ya no es posible seguir haciendo negocios como de costumbre. Desde las grandes empresas globales hasta las pymes y los pequeños productores locales, las pérdidas económicas causadas por los desastres representan una amenaza creciente para la continuidad y la sostenibilidad de las actividades empresariales. La noticia de la semana pasada de que el precio de las acciones de una pequeña compañía de seguros irlandesa cayó un 12 % en la Bolsa de Dublín no acaparó grandes titulares. Sin embargo, el hecho de que sus pérdidas financieras de 2014 se debieran en parte a una cifra récord de reclamaciones por daños causados por las tormentas invernales indica cómo las empresas de todo el mundo están sintiendo el impacto del riesgo de desastres, amplificado por el cambio climático.
La acumulación de este tipo de pequeños anuncios es tan significativa como un gran desastre, como las inundaciones del norte de Tailandia en 2011, que causaron graves daños a la industria automovilística al interrumpirse severamente las cadenas de suministro mundiales, dependientes de plantas de fabricación ubicadas en llanuras inundables. El PIB de Tailandia cayó un 9 % en los últimos tres meses de 2011 en comparación con el mismo trimestre de 2010. El PIB también cayó en Japón en 2011 tras el Gran Terremoto y Tsunami del Este de Japón, que generó pérdidas directas de más de 200.000 millones de dólares.
Representación del sector privado
La creciente colisión del mundo empresarial con fenómenos perturbadores como las tormentas intensas y las inundaciones, los terremotos y las nubes de ceniza volcánica explica por qué el sector privado estará representado en mayor número que nunca en la reunión de la ONU, que comienza el sábado en Sendai, Japón.
La Tercera Conferencia Mundial de las Naciones Unidas sobre la Reducción del Riesgo de Desastres marcará la mayoría de edad de la comunidad empresarial mundial, que desempeñará un papel clave en el acto inaugural de la Agenda de Desarrollo posterior a 2015. Durante el año, los Estados miembros de la ONU adoptarán nuevos marcos interrelacionados sobre reducción del riesgo de desastres, objetivos de desarrollo sostenible y clima.
Como dijo la semana pasada el secretario general Ban Ki-moon en el lanzamiento en Nueva York del Informe de Evaluación Global de 2015 sobre la Reducción del Riesgo de Desastres: «La sostenibilidad comienza en Sendai», y es esencial que participe el sector privado.
Desde hace algunos años, la Oficina de las Naciones Unidas para la Reducción del Riesgo de Desastres viene realizando un esfuerzo concertado para sacar al sector privado del aislamiento y lograr que asuma un papel en la mejora de la gestión no solo de los desastres, sino también del riesgo de desastres, a fin de evitar pérdidas desde el principio. Actualmente, sus representantes participan de forma habitual en reuniones regionales de Asia, África, las Américas, Oriente Medio y el Pacífico.
Amenaza existencial
En efecto, en la última conferencia mundial celebrada en Kobe, Japón, en 2005, se pasó por alto a los empresarios, ya que la atención se centró principalmente en elaborar un acuerdo marco para reducir la mortalidad causada por los desastres, tras la pérdida de más de 227.000 vidas en el tsunami del océano Índico de 2004. Desde entonces hemos visto un aumento vertiginoso de las pérdidas económicas causadas por los desastres, que frenan gravemente el desarrollo sostenible, la creación de empleo y la disponibilidad de fondos para programas de reducción de la pobreza, salud y educación.
Las pérdidas absolutas quizá sean mayores en potencias económicas como China, Estados Unidos y Japón, pero también están mejor equipados para soportar su impacto. Los desastres suponen una amenaza existencial para quienes trabajan en el turismo en pequeños Estados insulares en desarrollo o gestionan inversiones agroindustriales en países propensos a las sequías. Un solo fenómeno intenso podría llevarlos a la quiebra.
Un motivo clave de preocupación para el Grupo Asesor del Sector Privado de la UNISDR es que los precios de los seguros a menudo no reflejan los niveles de riesgo ni ofrecen incentivos adecuados para invertir en actividades empresariales sensibles al riesgo, sobre todo en países de ingreso bajo y mediano, donde la penetración es baja, pero los mercados crecen rápidamente.
Una respuesta ha sido el lanzamiento de la iniciativa R!SE , que busca reformar la manera en que se refleja el riesgo en los balances corporativos y fomentar estrategias de inversión que tengan en cuenta el riesgo de desastres.
El sector privado también es un actor importante para garantizar que las infraestructuras y los servicios públicos, como las carreteras, el suministro de energía, los sistemas de agua y las telecomunicaciones, se construyan con estándares elevados, sean resistentes al riesgo y, siempre que sea posible, se ubiquen lejos de zonas expuestas a amenazas.
La UNISDR estima ahora que las pérdidas causadas por los desastres ascienden a entre 250.000 y 300.000 millones de dólares al año. Se prevé que las pérdidas nuevas y adicionales aumenten drásticamente en los próximos 15 años, durante los cuales, según estima la Comisión Global sobre la Economía y el Clima, se invertirán 90 billones de dólares en nuevas infraestructuras. Si se destinaran cada año 6.000 millones de dólares, o el 0,1 % de esa suma, a invertir en la gestión del riesgo de desastres, se evitarían pérdidas por valor de 360.000 millones de dólares durante toda la vida útil de la inversión correspondiente. Las relaciones costo-beneficio típicas oscilan entre 3:1 y 15:1. La Unión Europea afirma que cada euro invertido en la reducción del riesgo de desastres ahorra entre 4 y 7 euros en respuesta a los desastres.
En la Conferencia Mundial se pedirá a los líderes empresariales que consideren algunos escenarios futuros difíciles, precisamente porque queremos evitarlos. Están dando un paso al frente y participarán en más de 30 sesiones de trabajo, desde la reducción del riesgo de desastres en entornos urbanos hasta la inversión sensible al riesgo y el riesgo de desastres en el sistema financiero.
El nuevo marco para la reducción del riesgo de desastres que surgirá de la Conferencia Mundial será inclusivo y tendrá en cuenta las opiniones y aportaciones de una amplia variedad de grupos principales, incluido el sector privado. Reconocerá la necesidad de que los sectores público y privado, las empresas y las comunidades locales colaboren más estrechamente para reducir los niveles actuales de riesgo de desastres y evitar la creación de nuevos riesgos.
Cambio de actitud
El cambio se produce cuando algo resulta tan atractivo y asequible que todos lo eligen. ¿Qué puede ser más asequible que una pequeña inversión y un cambio de actitud que permitan que su empresa siga funcionando pese a una inundación, una tormenta o un terremoto?
La experiencia nos dice que nadie comprende mejor los beneficios económicos de reducir el riesgo de desastres que los empresarios que han sufrido pérdidas en carne propia. En Sendai también habrá muchas personas dispuestas a contar historias positivas de inversiones que redundan en beneficio de sus sectores, porque les permitieron seguir operando y estar allí para sus clientes, empleados y otras personas en momentos de necesidad.
El empleo y los ingresos empresariales disminuyeron en muchas pymes de Christchurch, Nueva Zelanda, tras los terremotos de Canterbury de 2010 y 2011, pero los 6 millones de dólares invertidos por Orion, la compañía local de distribución eléctrica, en obras de refuerzo sísmico evitaron más de 65 millones de dólares en pérdidas directas y mantuvieron en funcionamiento un servicio vital.
Ese parece ser el futuro que todos queremos que surja de Sendai: un planeta más seguro y resiliente.
Autora: Margareta Wahlström, representante especial del secretario general de la ONU para la Reducción del Riesgo de Desastres
Imagen: Una mujer observa los daños causados por un tsunami y un terremoto en la ciudad de Ishimaki, prefectura de Miyagi, después de que el terremoto de magnitud 8,9 azotara la zona el 13 de marzo de 2011. REUTERS/Yomiuri Shimbun


